¿Querés recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones:

Martes 21 de abril 2026

Discutible integración

Redacción 21/04/2026 - 00.17.hs

Si algo faltaba para completar el concepto del disparatado gobierno de Javier Milei, se puede decir que ya está: acaba de conceder un permiso de ingreso de tropas de las Fuerzas Armadas estadounidenses para ejercicios militares.

 

La decisión publicada en el Boletín Oficial busca la capacitación militar y la interoperabilidad con unidades extranjeras, incluyendo ejercicios combinados que emplearán infraestructura y medios de nuestro país y de EEUU en territorio nacional.

 

En el texto del decreto se explicita que la autorización de ingreso es para el desarrollo del ejercicio militar “Daga Atlántica”, que comenzará este 21 de abril y concluirá el 12 de junio de 2026. También se aprobó el despliegue de fuerzas locales para el ejercicio naval “Passex”, que se desarrollará en la Zona Económica Exclusiva entre el 26 y el 30 de abril.

 

Desde luego que si de palabras y razones se trata, las frases sobran ya que el gobierno de Milei subraya la participación de Argentina en el ejercicio militar destacando "su compromiso con la estabilidad regional y la seguridad internacional, mejorando su reputación como socio, y ayudando a estandarizar los procedimientos operativos, facilitando la participación de las fuerzas argentinas en futuras operaciones multinacionales". También afirma que "considera invaluable” esta oportunidad en términos estratégicos y militares y que "la no participación en el mencionado ejercicio afectaría significativamente el adiestramiento naval en operaciones combinadas con la Armada de los Estados Unidos y podría afectar la consolidación de alianzas internacionales, la optimización de recursos y la mejora en la interoperabilidad y la integración doctrinal". Nada más y nada menos.

 

Al margen de la muy discutible integración, lo más indignante es que para realizar esta clase de maniobras el gobierno debe contar con autorización del Congreso Nacional, un detalle que Milei ha salvado simplemente ignorando la autoridad legislativa mediante un decreto de necesidad y urgencia, ya no solamente remanido, sino también peligrosamente demostrativo de la nula importancia que concede el Ejecutivo a los demás poderes democráticos y republicanos cuando pueden ir contra sus intereses. La administración mileísta justifica su decisión en una supuesta "naturaleza excepcional" de la situación que "hace imposible seguir los trámites ordinarios previstos en la Constitución Nacional para la sanción de las leyes". O sea que un instrumento administrativo se antepone a la Constitución y ratifica la inveterada actitud del Presidente de no respetar las normativas vigentes.

 

El suceso confirma una intención que ya se avizoraba desde hace tiempo: el interés norteamericano de hacer pie en el estrecho de Magallanes y/o sus adyacencias, iniciado un par de años atrás cuando la jefa del Comando Sur de los Estados Unidos visitó la Patagonia, y que para agasajarla viajara servilmente el presidente Milei.

 

Así, el ejercicio militar también abre las puertas a un nuevo planteo geopolítico, dado que la Argentina, por sus criterios independientes, mantenía respecto al Atlántico Sur y la Antártida una actitud un tanto molesta a los intereses norteamericanos, manifiestos en las recientes declaraciones de un funcionario estadounidense al expresar su preocupación por la "creciente amenaza de las organizaciones criminales transnacionales y –cuándo no- la necesidad de una "cooperación decidida" contra la influencia china en el Cono Sur.

 

Si bien -hasta ahora- el anuncio no tuvo la repercusión que merece, los gobernantes sureños han advertido que "Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur no son moneda de cambio para los fines electorales y no vamos a entregar nuestra soberanía". Al margen de las consideraciones políticas y económicas (por lo que se sabe el operativo le costará al país más de 50 millones de pesos), el suceso apesta a sumisión y continuación de una política de “delirio bíblico y seguidismo perruno”, según opinara ácidamente un medio porteño.

 

En un plano emocional –¿por qué no?— cabe preguntarse qué pensarán los veteranos de Malvinas al ver a sus continuadores compartir estos juegos de guerra con el país que brindó información estratégica plena a la Inglaterra contra la que combatieron…

 

'
'