Dislates
Aunque sigue siendo un peligro latente para el mundo, la extrema derecha política no deja de asombrar en sus múltiples desempeños cuando accede al poder. Bien podría decirse que los ejemplos sobran con los casos que se dan en cercanías, con las múltiples acciones del gobierno mileísta que, desde sus iniciales -y lamentables- disparates en cuanto a la relación con el resto del mundo hasta la reciente “malvinización” del presidente (que lo autoinhibió de su proclamado viaje a Inglaterra, adonde hubiera ido a buscar inversiones) se ha ido superando en el tema. Todo acompañado de una serie de dislates a cargo de sus funcionarios y de él mismo que dan para muy variadas consideraciones.
Sin embargo esos procederes se dan también en otras tierras, también regidas por gobiernos de una derecha extrema. El más sobresaliente en la materia es indudablemente el del Donald Trump, en los Estados Unidos, que no solamente ha inmiscuido a su país en una guerra de dudoso final sino que también, alarmado por las encuestas que deniegan una futura reelección en los meses venideros, ha prometido la entrega de dinero a quienes voten por él. Tal cual y al estilo de los mejores años del caudillismo criollo.
Pero no sólo eso; persistiendo en un nacionalismo “a la violeta” (el mismo que lo llevó a cambiar el nombre al Golfo de México por “de los Estados Unidos”) ahora pretende renombrar el Estado norteamericano de Nuevo México, así llamado por integrar el gran territorio que su país arrebatara en el siglo XIX al México auténtico. Motivando al que acaso sea su más fiel seguidor también sugiere una mediación en un posible conflicto por la islas Malvinas entre Argentina e Inglaterra, una cuestión impensable si se considera que en el principal rubro bélico, aeronáutico, nuestro país cuenta con una fuerza de chatarra gracias a las compras de Macri y Milei.
Los desatinos, nominales y de los otros, también se dan en la América del Sur. Muy recientemente El el ultraderechista presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, anunció que la Policía podrá entrar a las universidades del país cuando se presenten hechos de violencia, vandalismo o terrorismo. Ha dicho que “La autonomía universitaria no está por encima del orden público, ni significa autonomía en materia de orden público ni convierte a los campus en territorios sustraídos de la Constitución, de la ley o de la autoridad legítima del Estado”, y reconoció a la policía como “primera autoridad operativa”. El lenguaje resulta familiar a los argentinos. Días atrás su ministro de Agricultura recomendó un cambio del lenguaje que debe utilizarse en informes y comunicativos; para el caso no hablar de “reforma agraria” y evitar el uso del término “campesinos”, que puede reemplazarse por “productores rurales” o “pequeños propietarios rurales”.
La enumeración podría continuar, siempre bajo la consideración del ridículo o el absurdo, pero se debe tener muy en cuenta que este y otros mandatarios, accedieron al gobierno mediante el voto popular y que en algunos casos, Argentina entre ellos, se han visto refrendados en otros actos eleccionarios. Que esos hechos políticos hayan sido planificados y realizados mediante la posverdad por muchos medios de difusión, queda confirmado por las recientes elecciones en Alemania, donde la extrema derecha tuvo un avance espectacular y amenaza con acceder al gobierno.
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