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La batalla moral

Redacción 17/09/2026 - 00.57.hs

En períodos preelectorales como el presente, resulta conveniente reflejar los valores políticos y sociales que encarna cada espacio político en pugna. Liberalismo y justicialismo, no son categorías equivalentes.

 

SILVIO J. ARIAS*

 

Perdida la batalla moral “liberticida” en manos del gobierno nacional con aquello de que venían a combatir la “casta” en la cual se convirtieron, estafando al electorado prometiendo cargar el ajuste sobre los poderosos, la alternativa más contrastante a ese relato sigue siendo nacional, popular y humana. Por ello, una política nutrida de valores que enaltecen la condición humana frente a otra que la denigra, debiera constituirse en una prioridad innegociable para la elaboración de una propuesta de gestión superadora al régimen entreguista, decadente y deshumanizado imperante.

 

Si la política no está al servicio del mejoramiento humano, no sirve para nada. Los valores con los cuales se orientan, nutren y transmiten al momento de constituirse en una opción ideológica, son centrales para comprender la magnitud de una propuesta política. La cultura es ese conjunto de costumbres, valores, creencias, conocimientos, tradiciones, formas de hablar y maneras de vivir que comparte un grupo humano. Se aprende mediante la convivencia y se transmite de generación en generación. La ideología en cambio, es el conjunto organizado de ideas y principios que propone una forma de ver el mundo, entender y organizar la sociedad, la política, la economía y el poder. Justicialismo, liberalismo, socialismo o conservadurismo son ejemplos de esas ideologías.

 

Una clara diferencia es que la cultura es más amplia y cotidiana, mientras que la ideología es sistemática y organizada. No todo elemento cultural es político o ideológico. Una comida tradicional o celebración popular, forman parte de la cultura, mientras que una ideología política propone determinadas formas de organizar el Estado. Además, las personas pueden compartir una misma cultura y, al mismo tiempo, tener ideologías políticas diferentes.

 

Desde el punto de vista político, cultura e ideología se influyen mutuamente. La cultura proporciona valores y formas de interpretar la realidad, que sirven de base para la elaboración de políticas públicas, organizando esos valores en una visión sobre cómo debería funcionar la sociedad. Por lo tanto, las ideologías pueden transformar favorablemente la cultura promoviendo valores, comportamientos, símbolos, relatos históricos y formas de entender a la ciudadanía y su contexto inmediato. Cuando los valores se incorporan a la vida cotidiana mediante la acción política, pueden convertirse en prácticas culturales. Por ejemplo, una sociedad que enfatiza la solidaridad, cooperación y justicia social, puede favorecer prácticas de organización comunitaria y defensa de derechos sociales. En cambio, una sociedad que valore fuertemente la competencia y el éxito individual, puede desarrollar una cultura más individualista, centrada en el mérito personal, el emprendimiento o la acumulación de riqueza.

 

En períodos preelectorales como el presente, resulta conveniente reflejar los valores que encarna cada espacio político en pugna. Liberalismo y justicialismo, no son categorías equivalentes. El liberalismo es principalmente un sistema económico, históricamente relacionado con valores como la iniciativa individual, la propiedad privada, la competencia, la libertad económica y la búsqueda del lucro. El justicialismo, por su parte, es una corriente político-doctrinaria, filosofía de vida y movimiento social que, en su tradición argentina, enfatiza valores como la justicia social, la solidaridad, movilidad social ascendente, comunidad organizada, desarrollo integral de las personas, soberanía e identidad nacional.

 

A partir de esta relación, aparece el concepto de “batalla cultural” referido a la disputa política y social por influir en valores, creencias, ideas y representaciones que conforman la cultura de una sociedad, con el objetivo de conservarlos, transformarlos o reemplazarlos. Esa disputa puede desarrollarse alrededor de cuestiones como el significado de libertad, igualdad, justicia, rol del Estado, importancia del individuo, movilidad social, comunidad, educación, la transmisión de valores a las nuevas generaciones, la interpretación de la historia y la identidad nacional.

 

La batalla cultural no implica necesariamente violencia (aunque existan diversas maneras de emplearla). Se desarrolla principalmente en el terreno de las ideas, la educación, los medios de comunicación, el lenguaje, el arte, las redes sociales, las instituciones y el debate público. Liberalismo y justicialismo, son un ejemplo de batalla ideológica y/o moral. El primero tiende a colocar en el centro de su existencia la libertad individual (fundamentalmente para comprar y vender en un mercado), autonomía, propiedad privada, iniciativa privada y competencia. En ese planteo, el Estado debería garantizar derechos, reglas y seguridad, evitando limitar las decisiones individuales. El justicialismo en cambio, pone énfasis en el respeto por la dignidad e integridad humana, la justicia social, la solidaridad y la comunidad. Considera que la libertad no debe entenderse únicamente como autonomía individual, sino también como la existencia de condiciones materiales y sociales que permitan una vida digna; atribuyéndole al Estado un papel activo en la promoción de la justicia social y reducción de las desigualdades materiales.

 

Es allí, entre esas dos visiones de la sociedad y el mundo, dónde se gesta democráticamente la batalla moral, cultural e ideológica. La discusión alcanza entonces cuestiones profundas: qué significa ser libres, qué entendemos por igualdad y justicia, cómo debe entenderse la desigualdad, cuál debe ser el rol del Estado o qué importancia tienen el individuo y la comunidad. Lo que cambia es el significado y prioridad que cada tradición política en función social, establece para los principios y valores que desea instrumentar para su idea del mundo, marcando un rumbo y destino común, excluyente o inclusivo.

 

*Prof. en Ciencia Política. Afiliado PJ – La Pampa

 

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