Lunes 06 de febrero 2023

Dónde terminan las noticias falsas

Redacción 01/12/2022 - 07.31.hs

La mentira como arma política termina erosionando la libertad de expresión, ya que, al sentar bases falsas, dificulta considerablemente el debate público, efecto buscado por la derecha para socavar la democracia.

 

JOSE ALBARRACIN

 

El Partido Liberal del brasileño Jair Bolsonaro fue condenado a pagar una multa de unos 4.2 millones de dólares por su falsa denuncia contra el acto eleccionario que terminó por consagrar a Lula Da Silva como nuevo presidente. En EEUU, en tanto, el trumpista Alex Jones, considerado el principal propagador de teorías conspirativas en su país, afronta la bancarrota por una serie de veredictos en su contra, en juicios planteados por las víctimas de la masacre de Sandy Hook, en 2012, a las que denigró con sus mentiras. Tal parece que este problema aparentemente insoluble para la libertad de expresión y la salud democrática está encontrando una solución atacando la víscera más sensible de estos personajes nefastos: su billetera.

 

Urnas.

 

Valdemar da Costa Neto, presidente del Partido Liberal, había solicitado la invalidación de los comicios presidenciales, afirmando que existían "discrepancias irreparables de funcionamiento" en unas 280 mil urnas. El miércoles de la semana pasada, el Tribunal Superior Electoral se encargó no sólo de rechazar esa petición -totalmente huérfana de pruebas- sino que además le aplicó a esa fuerza política una multa de inusual rigor.

 

La resolución del tribunal consideró al planteo como "ostensiblemente ofensivo al Estado Democrático de Derecho y realizado de manera inconsecuente, con el propósito de alentar movimientos delictivos y antidemocráticos", y solicitó investigar la conducta de Costa Neto en sede penal.

 

Desde su derrota electoral, el todavía presidente Bolsonaro ha desaparecido de la vida pública. Sin embargo, fue durante su gestión y con su expreso apoyo que se naturalizó en Brasil la propagación de todo tipo de falsedades como arma política, incluyendo cuestionamientos al sistema electoral, y acusaciones delirantes contra sus opositores. Esas falsedades están en la base de los movimientos de camioneros y otros militantes bolsonaristas que paralizaron las rutas brasileñas y reclamaron a las fuerzas armadas que tomaran el poder. Cabe esperar que con esta resolución, que les pega donde más duele, en lo sucesivo lo pensarán dos veces.

 

Infowars.

 

El caso de Alex Jones es, si se quiere, aún más indignante. Este texano de 50 años comanda una organización llamada "Infowars" ("infoguerra") dedicada a la propagación de mentiras a mansalva. Se autoproclama como un "paleoconservador" y un "libertario". Sus posturas concretas pasan por el racismo, el antisemitismo, el combate a las vacunas y la promoción de la portación de armas. Quizá hubiera que comenzar a emplear el término "tanatismo" para designar la ideología de estos militantes de la muerte.

 

Jones fue uno de los principales oradores en el mitin que derivó en el asalto al Congreso estadounidense el 6 de enero de 2021, y actualmente es objeto de investigación por su rol en ese sangriento intento de golpe de estado. Su vocación por las teorías conspirativas parece no tener fin: para él, hechos cruciales de la historia norteamericana, como el atentado en Oklahoma de 1995, los del 11 de setiembre de 2001, e incluso el alunizaje del Apolo 13 en 1969, fueron en realidad puestas en escena sin base real.

 

Dentro de esa imaginación febril -y en su rol de defensor del lobby de las fabricantes de armas- llegó a afirmar que la masacre de Sandy Hook -un ataque con armas en una escuela primaria de Connecticut, en el que fallecieron al menos 28 personas- tampoco había existido, y que los padres de las víctimas eran, en realidad, actores. Según su afiebrada imaginación, todo sería un complot del gobierno para confiscar las armas de fuego a los ciudadanos.

 

Calvario.

 

Vale decir, que estas víctimas, que perdieron a hijos pequeños en un hecho demencial, tuvieron además que soportar la difamación a la que los sometió este representante del lobby de las armas, tan luego, el principal responsable de esta verdadera epidemia de muertes en EEUU. Para colmo de males, como estas mentiras se difundieron ampliamente, las familias debieron tolerar años de violencia en las redes sociales, difamaciones y hasta amenazas de muerte de parte de los seguidores de Jones.

 

Estos sufridos padres, que llevan una década de calvario, tomaron el asunto en sus manos y no sólo demandaron a los fabricantes de las armas empleadas en el ataque, sino también a su defensor mediático.

 

Un jurado de Austin, Texas, acaba de condenarlo a pagar la friolera de 49 millones de dólares a los padres del niño Jessy Lewis Heslin, que falleció en la masacre. Ese importe supera con creces el tope legal establecido en la legislación texana para daños punitivos, pero acaba de ser convalidado por la jueza actuante, para quien Jones y su compañía Infowars "hicieron algo horrible".

 

Una semana antes, en Connecticut, otro fallo lo condenó a pagar 1.400 millones a las familias de ocho niños también fallecidos en Sandy Hook, además de embargar la totalidad de su patrimonio para impedir que se insolvente. En ese caso, el juez consideró que su conducta había sido "depravada", y "merecedora del más alto nivel de culpabilidad".

 

Libertad.

 

Está claro que no puede criminalizarse sin más a la mentira: ello implicaría volver ilegal casi toda la actividad comercial, que se basa en buena medida en la simulación y la exageración, como lo sabe cualquiera que frecuente los supermercados. Además la mentira es una forma de expresión, y esta libertad goza de una alta protección constitucional.

 

Sin embargo, la mentira como arma política termina erosionando la libertad de expresión, ya que, al sentar bases falsas, dificulta considerablemente el debate público. Este no es sino un efecto buscado por parte de quienes, invariablemente desde el espectro político de la derecha, trabajan para socavar a la democracia, y su poder transformador de la realidad.

 

Esos sectores no entienden otra lógica que la del dinero. Y es justo allí adonde apuntan estas sanciones ejemplificadoras.

 

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