El camino de la crueldad
El “sincericidio” de un reputado representante de la casta dirigencial dejó al desnudo el debate latente sobre el modelo de política económica en la Argentina.
Se trata de uno de los “empresarios” que más fervientemente milita para el gobierno de Javier Milei, quien admitió durante esta semana que la crisis está siendo muy seria, pero que sin embargo pidió apoyo para el sostenimiento de lo que entiende es un cambio positivo para el país. La referencia es para el presidente de la Cámara de Comercio, Natalio Grinman, quien advirtió que la política económica del gobierno libertario provocará un severo impacto en algunos sectores, a la vez que reconoció que habrá cierres de empresas.
“Algunos van a quedar en el camino”, dijo para advertir seguidamente que “es el precio que hay que pagar para tener una Argentina normal”.
La declaración no hace más que representar el estado de ánimo de una burguesía que observa cómo el modelo de ajuste destruye la actividad pero que termina cayendo en una clara contradicción: bancaron todos los recortes creyendo que se abriría la puerta de acceso a una economía más sólida, pero la realidad les está demostrando que solo se ven signos de agotamiento y aromas de fin de ciclo.
Supermercados vacíos.
Las declaraciones de Grinman contrastan con los índices de su propia entidad, que aportan signos negativos. Además, otros indicadores de consumo también muestran una actividad derrumbada desde hace más de un año, y para colmo, sin perspectivas de mejora. Mientras, ya hay grandes empresarios que empezaron a decir que es mejor pensar en reactivar que seguir intentando dominar los precios mientras reina la contracción económica.
Lo que Grinman considera parte de un plan que podría reactivar el consumo, los supermercadistas lo interpretan como un momento más que complejo. Sostienen que “hoy nos está costando muchísimo ser rentables. Por eso se ha ido Walmart como se fue. Somos sobrevivientes. Cuando comparás en términos relativos contra cómo le va a los supermercados en Uruguay, en Chile, en Brasil, en México, en el mundo, nos va muy mal”.
Por estos lares, no necesitamos basarnos en lejanos informes. En Santa Rosa lo vivimos en carne propia, con locales vacíos y despidos “por goteo”. Delicias del modelo: son los trabajadores los que primero “quedan en el camino”.
Regreso y apoyo.
Sin hacer alusión directa a las declaraciones de Grinman, el senador Daniel Bensusán pareció responderle durante el debate por el acuerdo Mercosur-Unión Europea en la Cámara Alta.
En su discurso, el legislador pampeano dijo con tono enfático: "Estoy convencido que en dos años volverá un gobierno nacional que apoye la producción, la industria y la generación de empleo".
A tono con la crisis del sector, acotó que "integrarse al mundo global no significa dejar de lado la producción nacional, debemos asumir el compromiso para pensar en políticas compensatorias y productivas, es un momento histórico y debemos empezar a darle una mano a la industria nacional".
¿Y la gente?
Unos hablan de los que quedarán en camino, otros van más allá y estiman que un 15 por ciento de las industrias argentinas desaparecerán. Pocos piensan que detrás de cada número hay trabajadores con un grupo familiar detrás. Es la patética crueldad de un modelo que quieren naturalizar, con flamante reforma de “modernización laboral” incluida.
Del otro lado, vuelve el recuerdo de lo que los propios empresarios no quieren decir. ¿Cuándo se expandieron, cuándo crecieron sus cadenas y vendieron más que ahora? ¿Fue una década entera de “anabólicos”, de “Plan Platita” y otros estímulos que califican como “distorsiones”, mientras los grandes medios apuntaban a los que “se robaban todo”?
El problema es que los integrantes de esta verdadera casta no tienen cómo explicarlo. Ahora recortaron, ajustaron, supuestamente “nadie roba nada” en lo más alto del poder, pero resulta que solo les va bien a unos pocos. La “teoría del derrame” nunca llega a la mayoría del pueblo.
Así, cada vez son más los que quedan en el camino. Quieren un país para pocos, pero en algún momento, cada vez más cercano, se supone que los excluidos volverán a ser mayoría y en ese momento se convencerán de que este experimento que muchos votaron no era lo que pensaban.
En ese instante, volverán a recordar que había otros políticos, esos que siempre hablaron de que los números de la economía siempre debían cerrar en equilibrio, pero “con la gente adentro”. Parece que cada vez falta menos para que esa realidad termine de quedar expuesta con la mayor de las crudezas. Si hasta los empresarios lo están advirtiendo públicamente, no hacen falta más pruebas para mostrar que el experimento libertario no tiene ninguna receta a mano para evitar un estruendoso fracaso.
Será dura la reconstrucción, pero habrá que encararla pensando en que no se puede llegar otra vez a un nuevo punto de autodestrucción nacional. Solo queda por pensar en qué época cada familia vivió mejor y votar en consecuencia, para que no nos vuelvan a decir que para imponer un modelo tienen que quedar compatriotas en el camino. Como argentinos, no deberíamos aceptarlo nunca más.
DANIEL ESPOSITO
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