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Lunes 09 de marzo 2026

El Padrino pide unos favores

Redacción 09/03/2026 - 00.16.hs

El Presidente argentino transita ya la segunda mitad de su mandato arrastrándose detrás de los grandes poderes mundiales a quienes ve hoy como su única tabla de salvación luego del fracaso de sus promesas electorales. La realidad se le ha presentado como algo mucho más complicado que hablar hasta por los codos en los paneles televisivos donde lo presentaban como un chamán de la economía capaz de hacer crecer al país con o sin plata.

 

En los 27 meses que lleva sentado en el sillón de Rivadavia, nada ha mejorado para las grandes mayorías del país que lo vieron como una esperanza de una realidad que creían insoportable y hoy comprueban que era preferible a la desoladora realidad que los agobia.

 

En la elección de medio término de su gestión constató con pavor que su credibilidad había traspasado los limites de paciencia social cuando vio el resultado de las elecciones en la provincia de Buenos Aires, donde perdió por paliza 47,28% a 33,71%.

 

Solo le quedaba el porcentaje histórico de votos de la derecha antiperonista bautizado por el historiador Tulio Halperín Donghi como “el tercio irreductible”. Ese que, pase lo que pase, siempre vota en contra del peronismo.

 

Ese resultado provocó un terremoto en los que, hasta ese momento, sostenían su modelo de valorización financiera y empobrecimiento general que salieron huyendo despavoridos de las cuevas y sacaron sus depósitos en pesos y se pasaron al dólar provocando una corrida que hizo tambalear toda la arquitectura financiera montada a costillas del aparato productivo nacional. El dólar se disparó, aumentaron las tasas y cayeron los bonos.

 

Ya no tenía margen para pedirle más plata al Fondo Monetario porque el organismo luego de los U$S 50 mil millones que le dio a Macri, su antecesor en la entrega liberal del país, le había dado a él otros U$S 20 mil millones, los bancos le habían prestado en REPOs U$S 5.000 millones, los organismos multilaterales casi mil millones más para que no entrara en default y el Banco Mundial y el BID le dieron, semanas antes de las elecciones, U$S 1.500 millones.

 

Pero no le alcanzaba. Su plan económico, como todos los anteriores desde Martínez de Hoz, Menem, De la Rúa o Macri, era (es) una bomba aspirante de dólares que despilfarra pero no produce.

 

Jugó entonces la última carta que le quedaba para calmar las aguas de sus socios financieros pidiéndole auxilio a EE.UU cuyo presidente mandó a comprar pesos con algo así como 20 mil millones de dólares. Los mercados, se calmaron, porque en ese mundo de depredadores financieros, el que tiene la billetera más grande manda. Y Trump tiene la máquina de hacer dólares.

 

Pero este aliado que lo salvó de la debacle es de los que piden, como El Padrino, un favor a cambio.

 

Y ahí fue sumiso el presidente argento a firmar lo que sea necesario. Como el pomposo “Escudo de las Américas” donde la Argentina se suma al “combate” del narcotráfico junto a EE.UU, el país que tiene en su interior la mayor maquinaria narco distribuidora de drogas a sus millones de adictos, que, curiosamente, siempre busca responsable fuera de su territorio y nunca desmantela los carteles de droga internos.

 

Peor aun, el presidente argentino se comprometió a frenar a China, la potencia económica mundial que invierte miles de millones de dólares en nuestro país, es el segundo socio comercial más importante solo detrás de Brasil, y, por si fuera poco, es la economía que provocó el boom de exportaciones agropecuarias que explican la mayor parte de los ingresos de divisas a nuestro país.

 

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