Miércoles 30 de noviembre 2022

El último adiós a Hebe de Bonafini

Redacción 23/11/2022 - 08.01.hs

Mal que le pese a la derecha que la sigue odiando aún en el momento de su muerte, Hebe dejó un inmenso legado, desde su lucha contra la dictadura que le arrebató dos hijos, hasta sus más recientes declaraciones, con fuertes críticas al gobierno actual.

 

IRINA SANTESTEBAN

 

Ni su vida ni su muerte pasaron desapercibidas en el escenario político. La vida de Hebe tuvo dos períodos bien diferenciados: hasta sus cuarenta y pico de años fue, en sus propias palabras, una ama de casa a la que no le interesaban ni la cuestión económica ni la situación política del país. “Me eran totalmente ajenas, indiferentes”, reconocía en 1982.

 

Su célebre frase: “Somos las madres que parieron nuestros hijos e hijas”, expresa la continuidad de la lucha que emprendió aquella generación de jóvenes de los ‘70 que dieron la vida por la “Patria Socialista”.

 

Lideresa.

 

Aquel naciente movimiento de mujeres que con un pañal en la cabeza empezaron a reunirse en la Plaza de Mayo, para reclamarle al gobierno del dictador Videla por la aparición con vida de sus hijos e hijas, tenían una incipiente lideresa que era Azucena Villaflor. Los genocidas advirtieron eso y por ello en diciembre de 1977 la secuestraron junto a otras dos Madres: Esther Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco, en la Iglesia de la Santa Cruz, junto a las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, y otros siete militantes de Derechos Humanos, entre ellos cinco de la organización Vanguardia Comunista.

 

Los milicos pensaron que con ese tremendo golpe iban a cortar de cuajo ese embrión de resistencia a la dictadura, que luego se convirtió en un arrollador movimiento que trascendió nuestras fronteras y fue ejemplo para las luchas por los Derechos Humanos en el mundo entero.

 

De a poco, el lugar de Azucena lo fue asumiendo Hebe, quien por su fuerza arrolladora se erigió en la nueva lideresa, lugar que ocupó hasta el domingo 20, día de su muerte.

 

Madre política.

 

Las Madres de Plaza de Mayo, junto con las Abuelas, trascendieron ese rol amoroso, de búsqueda de sus hijos e hijas, nietos y nietas. Hebe se transformó en una verdadera dirigenta política, que continuó con la bandera de Juicio y Castigo, pero también pasó a apoyar y emprender otras múltiples luchas y reclamos, en particular de los sectores más humildes.

 

En la década de los ´80 hubo una división en el movimiento, y surgió la agrupación Madres Línea Fundadora, con una posición más cercana al gobierno de Raúl Alfonsín. En ese momento, Hebe encabezó el grupo mayoritario, muy crítico de esa gestión. No se equivocaba, pues luego de los juicios a los comandantes, a partir de 1987, luego de la Semana Santa de las “¡Felices Pascuas!”, se sancionaron las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Carlos Menem completaría esa impunidad para los genocidas con los indultos. Reinaba la “teoría de los dos demonios”, plasmada en el primer prólogo del informe “Nunca Más”, en las que no se hablaba del Terrorismo de Estado sino de la “respuesta” de las Fuerzas Armadas a la “violencia subversiva”.

 

En los ´90 las Madres continuaron con las rondas, exigiendo la anulación de esas normas y el juicio y castigo a los responsables de los crímenes cometidos durante la dictadura. Y sumaron a su lucha, el apoyo a las crecientes movilizaciones contra el modelo neoliberal menemista.

 

Hebe confrontaba contra toda la clase política, en duros discursos dirigidos principalmente a los y las jóvenes que acompañaban esas rondas, las Marchas de la Resistencia (que se realizaban todos los 10 de diciembre) y las cada vez más multitudinarias movilizaciones de los 24 de Marzo, aniversario del Golpe de 1976.

 

Junto al pueblo.

 

Durante la crisis que estalló el 19 y 20 de diciembre de 2001, las Madres con Hebe en primera fila, no dudaron en ir a la Plaza de Mayo, en medio de la cruenta represión desatada por la Policía Federal del gobierno de Fernando de la Rúa. Allí fueron golpeadas por la policía montada, que empujaba con sus caballos a ese grupo de mujeres valientes que les gritaban: “¡La Plaza es de las Madres y no de los cobardes!”. Esas imágenes replicadas en la televisión, fueron decisivas para que más gente se sumara a esa inmensa rebelión que terminó con el entonces presidente huyendo en helicóptero de la Casa Rosada.

 

El kirchnerismo.

 

Hebe, que había sido tan crítica con la dirigencia política, abrazó el kirchnerismo con la misma pasión que ponía en todo lo que hacía. Luego de haber sufrido el maltrato y el ninguneo de tantos gobiernos, Hebe sintió que debía apoyar a Néstor y Cristina Kirchner, cuyas políticas de DDHH fueron decisivas para terminar con la impunidad en relación a los crímenes de la dictadura. Pero en ese período cometió errores, como el de apoyar la designación del teniente general César Milani como jefe del Ejército, a pesar de que estaba acusado (y luego fue condenado) por la desaparición del soldado Ledo en La Rioja.

 

Quizás fue su cariño de madre, la que la llevó a confiarle a Sergio Schoklender, un personaje nefasto, la administración de la Universidad de las Madres y el proyecto de viviendas Sueños Compartidos, que terminó en un escándalo de corrupción.

 

Hasta el final.

 

Ninguno de esos tropiezos empaña los enormes logros de su actividad militante, que desplegó con una fortaleza que la llevó a vivir 93 años y estar en actividad hasta sus últimos días, en los que dio reportajes y opinaba de la realidad actual con la vehemencia de siempre.

 

Así como en el 2001 encabezó el movimiento para la remoción de la Corte Suprema del menemismo, presidida por el impresentable Julio Nazareno, en la actualidad también dirigió sus críticas hacia Poder Judicial, por su connivencia con la derecha y los privilegios de los miembros de esa corporación.

 

Aunque apoyaba al gobierno del Frente de Todxs, fue implacable con el presidente Alberto Fernández, por la situación económica y social. Es que Hebe no podía tolerar la pobreza y aún la indigencia en la que están sumidos millones de argentinos, en un país que produce y exporta granos y alimentos.

 

Las críticas que hizo a AF contrastan con el amor que prodigó a presidentes como Fidel Castro y Hugo Chávez, a quienes abrazó y quiso como si fueran sus hijos.

 

Este jueves se la recordará en la ronda de la Plaza de Mayo, donde descansarán sus cenizas junto a las de Azucena. Será una extraña Plaza, sin ella, su pañuelo y su voz potente.

 

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