El “yo acuso” de CFK a la nueva Inquisición
Desesperado para que se hable de otra cosa y se frene el creciente malestar popular que se disparó por el caso $Libra, el gobierno maniobra para que los titulares de los diarios levanten otros temas y se dejen de hablar de la corrupción libertaria.
Por ahora ha logrado que la vara con la que se mide mediáticamente la corrupción libertaria no sea la misma con la que se miden las denuncias mediáticas contra el kirchnerismo o contra los dirigentes de la AFA.
Así, los medios evitan hablar de “corrupción libertaria” cuando informan sobre el escándalo del caso de criptoestafa que protagonizó el propio presidente y día a día se ratifica como una operación delictiva que incluía retornos de millones de dólares,
En cambio, cuando titulan la escandalosa causa llamada “de los cuadernos” que se saben manipulados, fotocopiados, alterados, escritos por distintas personas con distintas tintas en distintas épocas, los medios de la derecha empresaria local no dudan en calificar como “corrupción kirchnerista”. Mas aún esos medios convalidan las extorsiones judiciales contra los empresarios para obligarlos a que declaren cualquier cosa so pena de quedar detenidos en una causa que el fallecido juez Bonadío construyó con prácticas mafiosas e ilegalmente (no se grabaron las audiencias como obliga la ley) con la complicidad del fiscal Stornelli (sorprendido in fraganti como partícipe en una causa por extorsión que terminó con el imputado preso condenado a más de una década de prisión y a él reciclado para la tarea sucia de embarrar a los líderes opositores en cualquier causa que se les ocurra).
En ese tren de tratar de tapar el caso más escandaloso de corrupción que haya protagonizado un presidente en la recuperación democrática, y evitar que el caso $Libra se lleve puesto al presidente que les garantiza tasas de retornos y negocios astronómicos, activaron la mafia judicial para citar a declarar a la jefa de la oposición, encarcelada en la llamada causa Vialidad con artilugios legales que no resisten el más mínimo análisis jurídico.
Y ocurrió lo que todos sabían que ocurriría pero que, en su soberbia libertaria, no previeron: ella habló y dijo lo que no quiere escuchar el poder y su moderna inquisición judicial, pero muchos en la Argentina esperan que se diga desde ese lugar.
La dos veces presidenta democrática de los argentinos, hoy proscripta, que intentaron matar con sicarios pagados por amigos y parientes de apellidos que hoy gobiernan, presa injustamente en una causa inventada, usó de la palabra, no para responder las preguntas de los jueces de Comodoro Py (a los que apuntó directamente como empleados de los intereses políticos y económicos) sino para vaticinarles el final de su experimento de ajuste que lleva hambre, desempleo, miseria, entrega del patrimonio, desindustrialización y sometimiento del país a poderes extranjeros.
Usó de la palabra para desnudar la corrupción del sistema judicial que la apunta mientras hace la vista gorda con los Macri y los Milei que endeudan el país y hambrean a su gente. Desnudó, en definitiva, a la justicia argentina, por ser el instrumento represivo al servicio de la apropiación de la riqueza nacional, de una nueva forma de acumulación que ni siquiera tiene como destino a la burguesía local, sino, directamente a los intereses extranjeros que manejan hoy la argentina a través del experimento libertario.
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