Jueves 21 de septiembre 2023

Groseras declaraciones

Redacción 01/06/2023 - 08.24.hs

Que se recuerde desde hace al menos dos siglos, nunca la Iglesia Católica debió afrontar cuestionamientos como los que la atraviesan en la actualidad, surgidos, principalmente, de enfrentarse a las verdades que, mal que le pese, guardaba en su seno. Esas verdades, que según el apotegma cristiano “os hará libres”, se incrementaron con la llegada al papado de Francisco, con una actitud que ha provocado múltiples apoyos, pero también rechazos y enemistades tanto en el resto del orbe como en el mundo católico en general.

 

Prueba de ello son las recientes declaraciones de un ex capellán militar que abierta e insólitamente cuestionó la designación del nuevo arzobispo de Buenos Aires, a quien no dudó de calificar como “una persona gay, que apoya el movimiento LGTB, toda esa porquería; además apoya el terrorismo, es kirchnerista, peronista y es recontrafrancisquista”. La diatriba agrega que “es antimilitar por supuesto, amigo de las Abuelas de Plaza de Mayo”, pero también se pronunció contra la perspectiva de género y subrayó la puesta en marcha de “un nuevo orden mundial subversivo al orden natural dado por Dios”, cuyos protagonistas disimulan “con un manto de solidaridad, de lucha por los derechos humanos”. Finalmente subraya que la medida tomada por Francisco es “lo peor que puede haber sucedido”. De semejante concepción, claro está, no podía estar ausente la presencia de Satanás, que incrementa su accionar a ojos vista.

 

Las declaraciones dan para un profundo asombro, tanto por la desobediencia y el tono de la crítica nada menos que el Papa, haciendo trizas el acatamiento, tradicional dentro de la Iglesia, y con el agravio que implica simplificar poniendo en un mismo plano al kirchnerismo –una tendencia política— con un forzado francisquismo, que es toda una concepción filosófico-religiosa. También

 

evidencian las profundas raíces conservadoras que siguen presentes dentro de la sociedad argentina. Para más, hay que agregar el detalle nada menor de que este cura fue capellán militar y el mensaje está dirigido “a mis camaradas”.

 

La raíz de semejantes apreciaciones parece estar en el perfil del nuevo arzobispo y en su obra con los pobres, desposeídos y postergados que lo puso a un paso de la

 

calificación de “cura villero”, una categoría profundamente detestada por los sectores más reaccionarios, por sus frecuentes y sólidas críticas al poder económico. Profundizando la apreciación, se advierte un tiro por elevación contra el Papa, por cierto que tan poco sutil que mereció una retractación urgente.

 

Tan inesperada como la declaración agresiva fue su rápida retractación, arriando velas y afirmando que las expresiones vertidas a los medios fueron “solamente un

 

comentario sin sentido”, nada menos. Queda pendiente de conocerse de dónde provino la evidente orden que lo llevó a esta presunta nueva postura.

 

Las groseras declaraciones son un elemento más, quizás el más destacado en los últimos tiempos pese a su tono, de la existencia y acción de una importante oposición política y religiosa para con Bergoglio y su decidida acción en pro de renovar la Iglesia Católica, especialmente a través de los movimientos sociales,

 

una actitud que lo ha llevado a enfrentar los poderes cada vez menos disimulados que se le oponen en el Vaticano.

 

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