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La buena memoria

Redacción 27/09/2026 - 00.14.hs

Como casi con todo en Argentina, sobre el encuentro de Luis Alberto Spinetta y Jorge Luis Borges, dos de los más grandes artistas nacionales, existen dos versiones contradictorias. Según la más plausible -trabajosamente verificada por Martín Graziano en su libro "Tigres en la lluvia" (2017)- el episodio, de apenas una hora de duración, tuvo lugar sobre finales del invierno de 1976, hace cincuenta años. O algo así.

 

Herejía.

 

Para los puristas literarios será poco menos que una herejía tratar de darle importancia a un episodio muy menor en la vida de un verdadero peso pesado de las letras como Borges. Pero la verdad es que hay un punto de contacto enorme con Spinetta, y éste es el de la excepcional originalidad. Así como no hay otro Borges en el mundo -aunque sí algunos tristes imitadores- tampoco hay un Spinetta, con su mezcla milagrosa de armonías jazzísticas, pulsión rockera y letras surrealistas. Spinetta no habrá tenido en vida la fama internacional de Borges, pero esa es una cuenta que se salda día a día, gracias al descubrimiento que hacen cada día los melómanos europeos, oceánicos, lapones y demás, a través de internet.

 

Hay dos versiones: el libro que primero refiere el encuentro, "Martropía" (Juan Carlos Diez, 2006) lo ubica en la década de los años ochenta, y da como posible disparador una supuesta producción periodística que nunca llegó a concretarse. Pero hay un pequeño problema para esta versión: una entrevista en la revista Expreso Imaginario de octubre de 1976, en la que Spinetta refiere claramente el encuentro con Borges, al que define como "una experiencia irreversible" y al escritor como "un ser del más allá".

 

Graziano, en cambio, hizo un trabajo de fuentes más meticuloso, y logró determinar no sólo una fecha aproximada, sino un origen más claro y probable: la intervención propiciatoria de Ruth Herman, dueña de la galería de arte Diálogos, ubicada en la Galería del Este, sobre calle Florida, que Borges solía visitar.

 

Ruth era, a la sazón, madre del pequeño virtuoso de la guitarra Tommy Gubistch, compañero de Spinetta en su banda Invisible (además de tocar al mismo tiempo con Rodolfo Mederos, y de abandonar luego a ambos para tocar con Astor Piazzolla). El padre de Tommy, Imre Gubitsch, había sido, junto a su hermana Alicia Gubitsch de Thiele, el primer traductor de Franz Kafka al castellano.

 

Artaud.

 

Da un poco de ternura imaginarse a los cuasi adolescentes Spinetta y Gubitsch entrando al viejo edificio de Maipú y Marcelo T. de Alvear, en cuyo sexto piso vivía Borges. En el camino comentaban que difícilmente lo que vivirían sería un diálogo, ya que ninguno de ellos tenía el nivel de lecturas suficiente.

 

Pero nada podía prepararlos para lo que vino. Cuando Spinetta, tratando de romper el fuego, le mencionó a Antonin Artaud -el poeta y dramaturgo francés que lo obsesionaba por aquellos años- Borges respondió con un cortante: "No lo conozco".

 

Cuando, como segundo intento, mencionó a Edgar Allan Poe, y su cuento "El Cuervo", el viejo escritor respondió recitando un poema alusivo en inglés, que ninguno de los jóvenes logró entender, mientras se miraban, atónitos. Eso fue el comienzo de una verdadera conferencia, con citas de autores ingleses del siglo XVII, sagas escandinavas e ignotos autores germánicos, todo un catálogo de erudición que se ha perdido para los tiempos.

 

Todo eso terminó cuando Fanny -la inefable cuidadora de Borges- se apersonó, más o menos una hora después, para invitar a los jóvenes a retirarse, ya que la visita había terminado. Es probable que Borges no supiera bien con quiénes estaba hablando. De hecho, no mostró un particular interés al respecto.

 

Tigres.

 

La anécdota habla un poco de los desencuentros argentinos, que en este caso tenían que ver con la cuestión generacional, pero también con los egos mal disimulados. Se diría que el episodio resulta baladí, si no fuera porque el paso del tiempo ha agigantado la figura de estos dos artistas, y ese breve intercambio termina teniendo, en su misterio, una dimensión mítica, como -salvando las distancias- la conferencia de Guayaquil entre San Martín y Bolívar.

 

Lo que sabemos con certeza es que la experiencia fue crucial para Spinetta, quien no sólo lo manifestó así en varias entrevistas, sino que además tomó temas borgianos explícitos para la composición de "Los libros de la buena memoria", el disco de Invisible que se editaría al poco tiempo. La alusión está no sólo en esa frase: "Se queda oyendo como un ciego frente al mar", sino también en la alusión a los tigres -animal fetiche de Borges- y en la alabanza al vino, que el escritor supo definir en uno de sus poemas como la invención de la alegría.

 

Cabe recordar que mientras esta gente se entretenía con la literatura, no lejos de allí había gente secuestrada, torturada y asesinada por la dictadura que había comenzado en marzo. De hecho, el propio Tommy Gubistch partió al año siguiente a Francia con Piazzolla, y se quedó allá, auto exiliado: su familia de intelectuales judíos de izquierda lo consideró prudente.

 

Medio siglo después, ambos protagonistas de esta historia ya no están entre nosotros. Y aunque algunas cosas han cambiado, sigue intacta la sensación de fracaso nacional que sólo la obra de nuestros grandes artistas parece mitigar en parte.

 

PETRONIO

 

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