La corrupción en el gobierno seudo libertario
La promesa fundacional de Javier Milei de terminar con “la casta”, le valió el triunfo que lo llevó a la presidencia. Pero muy lejos de eso, sus principales figuras están siendo investigadas por hechos de corrupción.
IRINA SANTESTEBAN
Esa muletilla, que resonaba en los cánticos de sus fanáticos -“la casta tiene miedo” -, les funcionó para atraer el apoyo de una gran parte de la sociedad, que así canalizaba la frustración y bronca social acumulada. Pero a poco de andar, el gobierno de La Libertad Avanza mostró su verdadero rostro, con resonantes casos de corrupción como la estafa con la criptomoneda $Libra, que involucra al propio presidente y a su hermana Karina, también sospechada de percibir “retornos” en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), que provocó la apresurada salida de su titular, Carlos Spagnuolo. Otros casos, como el de José Luis Espert, son demostrativos de un gobierno que evidentemente no vino a combatir a ninguna “casta” sino a aplicar el ajuste “más grande de la historia” (palabras del propio Milei) contra la población, pero dejando a salvo a quienes gobiernan. Si eso no es casta …
Aloe vera.
El caso del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, es hoy el emergente más visible de ese relato, que se cae a pedazos. La investigación judicial en su contra por presunto enriquecimiento ilícito avanza sobre un conjunto de gastos, inversiones y operaciones que no logran ser explicadas por sus ingresos declarados. Pagos en efectivo en dólares, propiedades adquiridas con esquemas financieros inverosímiles, viajes de lujo, remodelaciones millonarias —incluyendo obras por más de 245 mil dólares— y hasta denuncias de presiones a testigos configuran un cuadro alarmante. No se trata de irregularidades menores: estamos ante indicios consistentes de una posible apropiación privada de recursos cuya trazabilidad resulta, cuanto menos, dudosa.
En su presentación ante el Congreso la semana pasada, Adorni no ofreció ninguna explicación sobre el crecimiento exponencial de su patrimonio ni sobre su estilo de vida, con viajes de lujo que difícilmente puede costearse alguien que ganaba hasta hace muy poco, 3 millones de pesos. No ofreció ninguna explicación sobre su situación y se limitó a exponer -siempre leyendo – sobre supuestos “logros” de la gestión, que tampoco explican la abrupta caída en la consideración general de la población acerca del gobierno de La Libertad Avanza.
El apoyo irrestricto de los hermanos Milei y todo el gabinete hacia Adorni en el Congreso, demuestra que lejos de hacer autocrítica o manifestar voluntad de transparencia en la gestión, cierran filas en una defensa corporativa. Bien de casta!
La diputada Myriam Bregman, del FITU, lo expresó de manera elocuente y con una expresión de raigambre popular: a Adorni le dicen “aloe vera” porque cada día se le descubren más propiedades.
Caída en picada.
Este deterioro en la ética de la gestión tiene su correlato político en la medición de encuestas. Según la consultora Zuban-Córdoba, la desaprobación del gobierno alcanzó el 64,5%, mientras que apenas un 34,3% sostiene su apoyo. Más aún: el 71,2% de la población considera que hace falta un cambio de rumbo. La imagen negativa del propio Milei supera el 60%, y figuras centrales de su entorno, como Karina Milei y el propio Adorni, superan el 65%. No es un desgaste natural ni coyuntural, sino una tendencia consolidada que refleja un creciente malestar social.
En contrapartida, la figura de la dirigente de la izquierda trotskista Myriam Bregman, mostró una imagen positiva superior a la dirigencia tradicional, capitalizando parte de la bronca popular. Pareciera que los discursos más combativos, la honestidad y, sobre todo, la presencia en las demandas callejeras que crecen, van sumando simpatía en una sociedad que hasta hace muy poco, se inclinó por una opción ultraderechista como la del actual gobierno.
Marche preso.
Para agravar aún más la situación, la diputada ex libertaria Marcela Pagano denunció que Adorni estaría “apretando” testigos para evitar que declaren en la causa judicial, acerca de los pagos que realizó tanto en operaciones inmobiliarias, como en las lujosas refacciones que encargó en ellas. Desde mármoles hasta cascadas, todas pagadas en efectivo y sin recibir factura, las sospechas sobre el manejo del dinero del jefe de Gabinete son cada día más graves. Pagano, con la furia de los conversos, pidió la detención de Adorni basándose en la “doctrina Irurzún” que en 2018 se aplicó para llevar a prisión al ex vicepresidente Amado Boudou, en aquel momento por una causa que en comparación con la de Adorni, no hubiera merecido siquiera una investigación penal.
Crecen las luchas.
Ese malestar no se expresa únicamente en encuestas. Recorre el país en forma de conflictos y protestas, como el que está sucediendo en Chubut, donde la rebelión de la docencia autoconvocada —que desbordó a las conducciones sindicales y enfrentó incluso la conciliación obligatoria— se transformó en una verdadera pueblada, con miles de personas en las calles y un fuerte respaldo social. Algo similar ocurrió semanas atrás en Catamarca. Son experiencias que los grandes medios nacionales invisibilizan, pero que revelan un dato central: la conflictividad social está en ascenso y adquiere formas cada vez más radicalizadas.
El trasfondo es el ajuste brutal que golpea de lleno sobre el pueblo trabajador, por la Motosierra que provocó casi 300.000 despidos y mantiene salarios que no alcanzan a la Canasta Básica Total de 1.4 millón, aún medida a la baja por el INDEC. El endeudamiento creciente de las familias, para subsistir, es otro de los datos que evidencia el profundo deterioro en la calidad de vida de los argentinos y argentinas.
Y para aumento de la bronca popular, un Estado que se retira de sus funciones esenciales, pero mantiene privilegios para sus propios funcionarios. Parece que la Motosierra corta a nivel de la población pero no llega a la Casa Rosada.
La historia reciente debería ser mirada con atención por la dirigencia política, porque llegar al gobierno por el voto popular no es un “cheque en blanco” para nadie. No lo fue para el gobierno de la Alianza, cuyo presidente tuvo que partir raudamente en un helicóptero, y tampoco para otros como Mauricio Macri o Alberto Fernández, que no fueron reelectos y se fueron con bajos índices de aceptación.
La corrupción enoja a casi todos, especialmente a la clase media, y el ajuste pega contra casi todos, especialmente a los de abajo. En el 2001 los afectados luchaban juntos con el “Piquete y cacerola la lucha es una sola”. ¿Ahora se volverán a juntar?
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