La estructura ausente
Entre los votantes de Donald Trump hay quienes creen que él es el elegido para derrotar a una camarilla de dirigentes demócratas dedicados a la pedofilia, y acaso también al canibalismo de niños. Esta teoría conspirativa, conocida genéricamente como Qanon, afirma que entre los miembros de esa secta dominante -cuyos cuarteles generales ubican en una pizzería en Washington- habría no sólo políticos, sino también figuras del espectáculo como Oprah Winfrey, o religiosas como el Dalai Lama y el papa Francisco. Pues bien, ahora con los papeles del caso Jeffrey Epstein, se ha develado que efectivamente existió una red de pedofilia integrada por miembros de la elite dominante, con la pequeña salvedad de que el nombre de Trump -cuya conducta para con las mujeres nunca ha sido ejemplar- aparece mencionado miles de veces en los archivos.
Elite.
La verdad sea dicha, también aparece frecuentemente el nombre del ex presidente demócrata Bill Clinton, otro viejo decadente con un prontuario lamentable en su trato hacia las mujeres. Pero lo que llama la atención es que los nombres -y los detalles escabrosos- que aparecen, van mucho más allá del establishment político.
Ahí está el multimillonario Bill Gates, creador de Microsoft y supuesto filántropo, quien no sólo habría participado de las fiestas "bunga bunga" (así las llamaba el inefable Berlusconi) sino que también habría recibido de Epstein medicamentos para combatir enfermedades de transmisión sexual.
Por supuesto, está también el ex combatiente de Malvinas Andrew Mountbatten-Windsor, anteriormente conocido como Prince, a quien su comprobada vinculación con Epstein -y en particular con una adolescente menor de edad provista por éste- han llevado a la desgracia de seguir siendo millonario pero sin título real.
Hablando de líderes espirituales, no figura Francisco, pero sí el indio Deepak Chopra, "gurú del bienestar", quien le envió un simpático mensaje a Epstein, con la frase "Dios es una construcción, las chicas lindas son reales". Da para ponerla en un poster.
Lo que rompe el corazón es que aparezca además el nombre de Noam Chomsky, el venerable nonagenario lingüista que aquilató toda una vida como el más prominente intelectual de izquierda en EEUU, y termina sus años vinculado a este grupo siniestro, del que recibió pagos por motivos ignotos, y hasta asesoramiento financiero en un conflicto con uno de sus hijos.
Gisele.
La prensa norteamericana se ha lanzado al ciclópeo trabajo de analizar este verdadero mar de documentos, y ha producido inicialmente algunos reportes deprimentes acerca del oscuro poder de las elites y el dinero, el fracaso de las instituciones estatales ante tan flagrante violación masiva de niñas, y también algunas especulaciones sobre cómo Epstein -a quien se vincula con el Mossad- habría empleado estos "servicios" que proveía para chantajear gente importante.
Casi al mismo tiempo surgió en Francia otro caso no menos tenebroso, de repercusiones no menos sísmicas: el de Gisele Pelicot, la mujer a la que su marido entregaba, drogada, para ser violada por decenas de hombres del remoto pueblito provenzal de Mazan (5.000 habitantes).
Lo que tienen en común estos dos casos es la nauseabunda acumulación de violaciones masivas. Sin embargo, en el caso francés, los participantes de la "fiesta" no eran, ni mucho menos, políticos o empresarios influyentes. Eran perfectos don nadie: enfermeros, bomberos, granjeros, maestros, que se encontraron en internet con la propuesta de violar a una mujer drogada, y les pareció una buena idea.
Vale decir, que no es necesariamente el dinero ni el poder lo que genera estos supuestos "monstruos", que se creen con derecho a disponer a voluntad del cuerpo de una mujer indefensa (hablamos del cuerpo, ya que la persona en cuestión los tiene sin cuidado). Y que, al hacerlo, están reafirmando su identidad masculina y desquitándose de la pérdida de relevancia a la que los lleva la injusticia social y económica.
Estructura.
En realidad la información dura, y el diagnóstico sobre dónde está el origen de estas conductas delictivas, existe y en abundancia. Así surge, por ejemplo, del informe de la Organización Mundial de la Salud, que concluyó en forma terminante que "la violencia contra las mujeres está enraizada, y es perpetuada, por la desigualdad de género".
Otro organismo de Naciones Unidas, la Unifem, tuvo conclusiones parecidas en un informe titulado "Invertir en igualdad de géneros es terminar con la violencia contra mujeres y niñas". Tras un estudio en países de todo el mundo, afirman que "los países con mayor igualdad de género son los que tienen los menores índices de violencia contra las mujeres".
Desde luego, existe una palabra para designar al sistema, a la estructura que explica estos fenómenos. Una palabra que aparece poco y nada en los análisis periodísticos, como si fuera una especie de obscenidad pronunciarla. Esa palabra es "patriarcado".
El último presidente argentino había prometido acabar él solo con el patriarcado, y ahora está procesado por violencia de género. El actual presidente no usa esa palabra jamás, pero se encarga sistemáticamente de desfinanciar todas las estructuras estatales destinadas a proteger a las mujeres. No son monstruos: son personas "normales", muy bien adaptadas a este sistema que muchos eligen no nombrar.
PETRONIO
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