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Miércoles 15 de abril 2026

La farsa libertaria llega a su fin

Redacción 15/04/2026 - 00.37.hs

Los datos de la inflación del mes de marzo revelados por el Indec mostraron con claridad el fracaso de las políticas de ajuste del gobierno libertario. La brutalidad de ese ajuste se ve reflejada en las espantosas cifras de reducción del consumo de alimentos básicos que no deja lugar a dudas sobre en espaldas de quién recae el esfuerzo máximo del plan económico. Baja del consumo, caída del empleo, caída de la producción manufacturera, cierre de fábricas chicas, medianas y grandes, cierre de comercios con la consecuente disminución de la recaudación, desmienten por sí solas las estadísticas oficiales de aumento del Producto Bruto Interno y de disminución de la pobreza.

 

Dos años y unos meses tardó la sociedad argentina en comprobar que había vuelto a tropezar con la misma piedra. Dos años en los que creyó que haciendo lo mismo que hicieron gobiernos militares y neoliberales de derecha del pasado, el resultado sería distinto. Dos años en los que, como Alicia, una parte de la sociedad creía que estaba en el “País de las Maravillas” y que el presidente había logrado por fin demostrar la cuadratura del círculo.

 

Pero no, el circulo es redondo, y el cuadrado, como su nombre lo dice, cuadrado. No hay cuadratura del círculo ni plan de ajuste neoliberal que lleve bienestar a las mayorías. Porque un plan tal lo que esconde es que es en realidad un formidable plan de apropiación de los excedentes del país.

 

No alcanzó con que uno de los más conspicuos representantes de estos ajustes brutales y apropiadores lo dijera con todas las letras: “¿Se creyeron que con un sueldo iban a poder comprar celulares, autos, motos y viajar a Brasil?”. Solo le faltó terminar con una carcajada como la del profesor Neurus para decirle a estos “tontos y retontos” de los votantes libertarios que habían caído nuevamente en la trampa. Que todo era un plan para que una casta más casta que ninguna de las anteriores se hiciera cargo de entregar el país a los depredadores internos, dispuestos a entregar las leyes laborales, los glaciares, la Universidad, la ciencia, el Garraham, el petróleo, el gas, el litio, el oro, el cobre y toda la riqueza a los grandes capitales extranjeros.

 

Y todo para que esa casta se enriqueciera con actos de corrupción tan burdos como robarles a los discapacitados, dejar sin cobertura a los bebés con cardiopatías, arrebatarles los medicamentos a los jubilados, en fin, una serie obscena de crueldades que ponen en evidencia el nivel de aberraciones que puede soportar una parte importante de la sociedad con tal de que le cuenten el cuento de que por esta vía el país va a salir adelante.

 

Lo que dejan es un país arrasado, endeudado hasta lo insoportable, con un desempleo y una pobreza difíciles de remontar y una parte de la sociedad que ha perdido toda paciencia y otra que no se hace cargo de que es responsable por acción y omisión del desastre que votó.

 

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