La lección de la elección cuyana
La elección de concejales del domingo en seis departamentos mendocinos, una provincia gobernada por la alianza radical libertaria, pese a su modestia, asomó algunas de las claves políticas que, muy posiblemente, deban ser tenidas en cuenta por los que quieren terminar con el ruinoso experimento libertario.
Una vez más, la elección mendocina del peronismo confirmó la sabiduría pragmática de la máxima del líder peronista a sus simpatizantes para que no pierdan de vista que en toda acción o negociación política primero está la Patria, luego el Movimiento y por último los hombres (máxima que no se ciñe solo a la praxis peronista sino que atraviesa fronteras partidarias y hoy parece entenderlo más la derecha en sus consecuencias electorales).
No entenderlo y poner primero los hombres (y mujeres) antes que el movimiento y, desde luego, la ciudad o la provincia objeto de sus afanes electorales, llevó al peronismo mendocino a ir dividido en San Rafael, Lujan de Cuyo y Rivadavia, al no acatar La Cámpora la estrategia política definida por los intendentes, líderes políticos de esos distritos.
En San Rafael, donde gobierna el intendente peronista Omar Félix, esta jugada de La Cámpora que quedó cuarta con el 5% de los votos, le costó al PJ la derrota por 700 votos en la lista de concejales.
La agrupación de Máximo Kirchner, pidió más lugares de los que el partido estaba dispuesto a ceder y, olvidando a Perón, resolvieron ir por su lado presentando candidatos propios, o sea, en términos de Perón, poniendo a los hombres delante del resultado electoral del partido y, desde luego, de la gobernabilidad de sus distritos.
Rivadavia, donde se impuso el oficialismo radical provincial en alianza con los libertarios, fue otro de los distritos donde la jugada de La Cámpora se repitió con resultado de 11 puntos para el PJ y poco más de 6% para La Cámpora. En Luján de Cuyo obtuvieron poco más de 10% cada uno con el agravante que, si hubieran ido juntos, hubieran conseguido un concejal más.
Lo extraña de esta elección mendocina es que se produce en medio de una crisis vitivinícola histórica con los productores casi en quiebra y la producción y comercialización de vinos en uno de sus mínimos históricos y, no obstante, el electorado de no pocos distritos, prefiere seguir apostando a los que empobrecen su economía.
Ni aún así la estrategia política opositora es capaz de capitalizar el grave momento económico provincial y parece más encerrada en su internismo que ha sido, casi sin dudas, el motivo por el cual su cosecha de votos ha sido mas bien menguada.
Por eso la elección mendocina, si bien no alcanza para ser una muestra representativa de la realidad del país, si puede dar pistas de por dónde no hay que ir cuando se quiere, de verdad, ser una alternativa productivista, distribucionista y con sentido nacional, a la hora de enfrentar elecciones.
Las internas que monopolizan, o casi, el tiempo político de buen parte del peronismo, el principal partido de oposición y al que miran los que miran con horror las políticas de destrucción libertaria, son parte del panorama que el ciudadano que observa no entiende y, en no pocas veces, la causa de un voto que, sin ser enamorado ni entusiasta, parece definirse, desencantado, hacia el malo conocido.
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