La potencia de la fragilidad
¿Por qué esta vez el escándalo de corrupción en el corazón del Poder Ejecutivo es insoslayable al contrario de lo que pasó con el libragate? Mucho tiene que ver que las principales damnificadas son las personas con discapacidad y sus familias, ese colectivo en lucha desde que asumió Javier Milei.
Marta Dillon
Está cansada, ¿cómo no estarlo? Cansada de la discapacidad, cansada porque la semana pasada la tuvieron que internar -otra vez- para calmar una de las crisis que le provoca la epilepsia refractaria generalizada, cansada porque “ahora estoy recontra empastillada y no tengo la menor idea de si cada vez que me voy a dormir voy a despertar o tener una muerte súbita, porque es una gran posibilidad. Y también estoy cansada de la realidad”. Aunque la realidad parezca haberle dado un respiro con el rechazo en la Cámara Baja al veto a la Ley de Emergencia en Discapacidad. Aunque por fin haya salido a la luz que a las personas discapacitadas, a sus familias y cuidadores no sólo se las ajusta, también se les roba, en la cara, como si no existieran, no importaran, fueran descartables. Son paradas necesarias en el camino, pero insuficientes cuando el abandono para las personas discapacitadas es estructural.
Sin embargo, con el cansancio a cuestas y un “optimismo bien informado” que tanto se parece a la incredulidad, Kali Castro Borsani es “absolutamente cabeza dura” y sigue luchando. Contra la cristalización de la idea de que una persona discapacitada es poco más que una carga, contra la certeza de que muchos de sus esfuerzos son inútiles, sigue luchando. Sonriendo, escribiendo poesía o leyéndola, formándose, festejando los logros por muy pasajeros que sean: luchando por una vida que den ganas de vivirla.
“Maldita esperanza”.
Kali es parte de Orgullo Disca, una agrupación que a la vez motoriza y forma parte de la asamblea Discas en lucha. Esa “maldita esperanza” que la anima y de la que a veces se avergüenza -aunque vergüenza sea robar-, no se trata sólo de conseguir lo que demandan en la calle. Se trata también, dice, de ese momento en que jubilados y jubiladas dan vuelta a la Plaza de los dos Congresos en alianza con las personas discapacitadas, un instante de potencia pura aun cuando no hayan aumentado las jubilaciones o todavía falte que el Senado ratifique el rechazo al veto presidencial. Desde esa zona fronteriza con el abismo de la inexistencia a donde este gobierno empuja a estos grupos, declarados descartables en los hechos, expuestos como degenerados fiscales que quieren arruinar su fantasioso déficit cero, desde ese borde Kali sabe que se puede transformar el destino de exclusión que le quieren imponer en vitalidad. Y es por eso que también insiste (en plural, con sus compañeres). Y no va a dejar de insistir.
“Me internan cuando tengo algo que se llama estatus epiléptico, para evitar que haya daño cerebral o incluso muerte, porque ‘refractaria’ es un tipo de epilepsia resistente a la medicación. También tengo epilepsia focal gelástica, que me genera unos movimientos o gestos reiterados que cuando vuelvo estoy confusa; o mejor, tengo una percepción diferente”, dice para alejarse de la patologización, para hacer de su diferencia un valor, una prueba evidente de las muchas, muchísimas formas de ser y de habitar el mundo que necesitan, como cualquiera, del lazo social, del cuidado mutuo, de la conciencia de que la fragilidad es parte de la experiencia humana. ¿Acaso hay alguien exento o exenta de necesitar cuidados? ¿no faltan para siempre los brazos que acunan cuando no se sintió ese calor en la niñez? Para las personas discapacitadas, la necesidad de reconocer la interdependencia es un ejercicio permanente. Tal vez este protagonismo de sus historias de vida, de sus potencias y dificultades al que ahora asistimos sea oportunidad para fortalecer esos lazos solidarios que el gobierno libertario, directamente el presidente, declama como abyectos: la justicia social, el colectivimo. La solidaridad que no permite que se necrose el corazón.
“Problema de familia”.
“¿Por qué grita esa mujer?/ ¿alguien la escucha?” cita María Moreno en su libro La merma (Sudamericana) a la poeta Susana Thénon y reescribe esos versos feministas desde la cama de la que no se puede mover porque la mitad de su cuerpo quedó paralizado después de un accidente cerebro vascular que sufrió en 2021. Nuestra cronista más sagaz ahora escribe con un dedo, con dificultad, con una belleza descarnada. Grita y las cuidadoras no la escuchan, grita por cosas que podrían ser nimias y se hacen mundo: se cayó el abrigo, la luz cenital quedó prendida, el control de la tele quedó fuera de alcance y quién puede dormir con ese asedio encendido, la sed, el insomnio, por qué grita esa mujer ¿Por qué el cuidado está mal pago? ¿Porque el mandato de la autosuperación, la autosuficiencia, la ley del guerrero convierte en escoria a quien no puede? “Si usted tiene un hijo discapacitado es un problema de su familia”, le dijo Diego Spagnuolo, el que involuntariamente -en apariencia- terminó denunciando sobreprecios y compras sobre la necesidad y el abandono de las personas con discapacidad. Ese es el plan del abandono: tu problema, tu responsabilidad; la potencia de lo colectivo es lo que se opone, lo que se manifiesta cotidianamente en la calle, aun fragmentado.
El sacrificio del sistema.
“Ya sabemos que nosotras somos el sacrificio de este sistema para que le cierren las cuentas, nosotres tenemos que dejar de existir”. Kali usa la primera persona del femenino, también los pronombres neutros, a veces el masculino universal. Juega con el lenguaje para empujar un poco sus límites, para que en esa fluidez puedan entrar sus compañeres: autistas, con discapacidad motriz, visual, neurodivergentes; también trans, de género no binario; los monstruos de la normalidad, la identidad que les da orgullo y sale a la calle a pesar de que ya fueron gaseados, recibieron golpes, la agresión represiva a la protesta tanto como la reciben los viejos y las viejas. Esos Davids que parecen haber asestado un golpe a la punta de la pirámide del poder con brócoli. Con el develamiento de un escándalo de corrupción más, sobre los más débiles. (Extractado de El Destape)
Artículos relacionados