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Miércoles 14 de enero 2026

Mentime que me gusta: la inflación sin consumo

Redacción 14/01/2026 - 00.22.hs

La temporada turística no remonta. Pese a la profusa publicidad que desde las usinas oficiales lanzaron en los primeros días del año, la verdad, vista desde los propios lugares de vacaciones de los argentinos y comparando con la ocupación de cuando “estábamos mal”, es que las vacaciones de millones de argentinos se achicaron a unos pocos días o nada.

 

Así lo revela la simple mirada a las playas de la costa atlántica o una recorrida por la disponibilidad de hospedajes. Enero, un mes donde era imposible conseguir un lugar y cuando se lograba, la exigencia era que se debía contratar por lo menos una semana, ha dado paso hoy a conseguir alojamiento en casi cualquier punto del país, y con una predisposición hotelera o de casas de alquiler a aceptar uno, dos o tres días, sin mayores exigencias.

 

Es que, como dicen los vendedores ambulantes de playa o de sierra, o los comerciantes céntricos, o las inmobiliarias, hay poca gente en comparación con otros años, con el agravante que vienen pocos días, preferentemente fines de semana, y con un presupuesto ajustado, “gasolero”, como se dice.

 

La mejor muestra de este piojo al que los coroneles saludan (porque es general), es que el consumo masivo bajó un alarmante 5,2 por ciento, medido por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa.

 

Si se tiene en cuenta que diciembre es el mes donde millones de argentinos que aún gozan de un empleo en blanco cobran el medio aguinaldo y que al ser el mes de las fiestas se tiende culturalmente a consumir más alimentos y a comprar obsequios, la cifra de una caída tal da cuenta del desastre económico que el ajuste provoca en la parte media de la pirámide social y económica. No hablemos ya de la parte baja.

 

El silencio de los medios ante este desastre económico no es simple olvido o criterio periodístico. Tiene el deliberado propósito de que, quienes lo sufren, no tomen conciencia de su magnitud y, menos aún, descubran que se trata de un programa económico que los sacrifica, punzando salarios y haberes para trasladar esa enorme masa de recursos que no se distribuyen entre los asalariados y jubilados, hacia los grandes monopolios prestadores de servicios públicos que han cuadruplicado su costo y aún más.

 

El nivel de desinformación sobre la gravedad de esta quita a los de abajo para beneficiar a los de arriba tiene su correlato en la distorsión que los medios le han dado a los datos de inflación en alza con un ajuste brutal y lo festejan como los guarismos más bajos en ocho años. No es caprichoso que se limite a cortar la serie en los años del macrismo en implosión. Dos años antes, con un gobierno que lejos de ajustar, otorgaba altas cuotas de bienestar a la población y promovía el consumo, la inflación era menor.

 

Si se profundiza algo en aquél hoy olvidado fenómeno de baja inflación con redistribución, incentivo del consumo, cifras altas de producción industrial y nulo endeudamiento externo, la conclusión es que todo lo que han dicho los libertarios y sus socios políticos sobre el efecto monetario de la inflación se derrumba como una mentira.

 

Pero la Argentina es hoy un país donde al parecer, como en el dicho, hay una supuesta mayoría que le gusta que le mientan.

 

La pregunta es hasta cuándo.

 

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