Domingo 22 de mayo 2022

Palestina, tan distinta de Ucrania

Redacción 13/05/2022 - 00.58.hs

En la prensa de Occidente no todas las muertes tienen la misma consideración. Hay asesinatos por los cuales se debe llorar y mostrar gran indignación hacia los perpetradores, y hay otros que pasan casi desapercibidos, que merecen mínimas coberturas en las páginas interiores de los diarios o fugaces segundos a las tres de la mañana en la televisión.

 

Palestina no está en Europa, su población no es rubia ni tiene ojos celestes, y quien la invade no es la malvada Rusia sino la piadosa Israel. Esta descripción no es antojadiza ni maniquea. Alcanza con darle un vistazo a los grandes medios occidentales para entender de qué se trata el asunto. Los refugiados ucranianos están en las tapas de los periódicos europeos y norteamericanos más importantes, y son objeto de largos informes televisivos en donde se narran sus desventuras con profusión de datos e imágenes desgarradoras. En cambio los refugiados palestinos, afganos, sirios o africanos reciben un tratamiento muy diferente por parte de esos mismos medios. Mueren de a miles en las aguas del Mediterráneo, padecen hambre, desprecio y vejaciones en los países que atraviesan en su larga marcha, pero esos sufrimientos no alcanzan para despertar la mirada mediática compasiva que sí reciben sus colegas ucranianos.

 

Tampoco los causantes de los males son tratados por el periodismo occidental del mismo modo. Dios no lo permita. Los tanques y misiles rusos son armas diabólicas en poder de un agresor perverso que no trepida en causar dolor y muerte en su infame invasión contra un país inerme. En cambio los tanques y misiles norteamericanos, europeos o israelíes son los virtuosos portadores de la bandera de la democracia que asumen el titánico esfuerzo de sembrar la libertad en naciones bárbaras que no comprenden, ni valoran, la tarea pedagógica desplegada en su propio beneficio.

 

"El medio es el mensaje", dijo el profeta de la comunicación de masas, el canadiense Marshall McLuhan, y hoy lo podemos ver en todo su esplendor en este proceso global de colonización mediática que impone un relato urbi et orbi.

 

Hace algunas horas asesinaron a una periodista en Cisjordania. Como era palestina y trabajaba para la televisión qatarí la noticia no tuvo gran divulgación en los medios occidentales. Si hubiera sido una periodista de la televisión europea o norteamericana asesinada en Ucrania muy diferente hubiera sido la cosa. Que las balas homicidas fueran israelíes y no rusas es otro elemento de peso a la hora de imprimir titulares de diarios o poner al aire despliegues televisivos. Y nadie alegue que estas reflexiones son contrafácticas; solo los cínicos o los domesticados pueden negarse a ver algo tan evidente.

 

Suman decenas las y los periodistas asesinados por Israel en sus constantes incursiones militares por los territorios palestinos, pero a nadie se le ocurrió expulsar al país invasor del Consejo de Derechos Humanos de la ONU como sí se lo hizo con Rusia. Tampoco aplicarle sanciones económicas ni incautarle bienes en el exterior.

 

La doble vara es tan evidente, tan grosera, que solo los indiferentes o los lobotomizados por el escalpelo mediático occidental no logran verla.

 

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