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Domingo 28 de junio 2026

Platón y Musk

Redacción 28/06/2026 - 01.32.hs

Como en las maldiciones de las viejas gitanas de las que hablaba Eric Hobsbawn, estamos viviendo "tiempos interesantes". No podemos quejarnos de que sean aburridos, pero ciertamente no son tiempos alegres, ni productivos, ni justos. Acaba de ocupar su trono el primer billonario de la historia: esto es, la primera persona que ostenta en su patrimonio un millón de millones de dólares. Por supuesto, ese número es producto de un artilugio contable más o menos "creativo". Es el resultado de una IPO (oferta pública inicial) de su compañía SpaceX, que en ese electorado de delirantes llamado Wall Street, decidió que las acciones de esa empresa, especializada en lanzamientos fallidos, era la mejor manera de preservar sus ahorros y sus pensiones.

 

DOGE.

 

Aquí la cuestión pasa, por supuesto, por analizar el comportamiento de millones de personas que decidieron sumarse al arca de Noé de Elon Musk -el flamante billonario- pasando por alto las particulares notas de su carácter: su inclinación por la ketamína, sus saludos nazis en reuniones públicas, su extraña estructura familiar y su tendencia a tener decenas de hijos a los que bautiza con nombres más propios de robots que de personas humanas.

 

Últimamente, también, hay quien sostiene -como el Premio Nobel Paul Krugman- que Musk debería ser responsabilizado por los desaguisados que llevó a cabo no ya como un mero empresario, sino como un funcionario público con plenos poderes, que durante buena parte de 2025 -hasta que se peleó amargamente con el presidente Trump- manejó una oficina pública llamada DOGE (Departamento de la Eficiencia Gubernamental). Una suerte de grupo comando, cuyos "funcionarios" eran pendejos de menos de 20 años, con acceso a toda la data del gobierno norteamericano, dedicados a decidir adónde cortar el gasto estatal.

 

De ese ambiente tóxico surgieron ideas delirantes, tales como que en el sistema de seguridad social norteamericana, había algo así como 20 millones de jubilados muertos cuyas pensiones se seguían cobrando. El resultado de esta supuesta gestión de eficiencia nunca se hizo público, por lo que es razonable suponer que la asunción era falsa.

 

Pero también, y esto es más preocupante aún, ese departamento de "eficiencia" se encargó de desmantelar varias oficinas del gobierno norteamericano que percibía como "dispendiosas", incluyendo instituciones venerables -como la NPR (National Public Radio) y sus maravillosos conciertos en el "Tiny Desk"- o la USAID, dedicada a promover campañas sanitarias y humanitarias en todo el mundo, cuya desactivación, según algunos cálculos, derivó en la muerte de cientos de miles de personas, sobre todo niños.

 

Platón.

 

El politólogo David Lay Williams, tratando de encontrar sentido en un proceso tan poco razonable, realiza algunos cálculos: los billetes de cien dólares necesarios para poner en el mundo real el billón de Musk, equivaldría a una pila de unos 1.092 kilómetros de altura. O un 3% del PBI nortamericano. O unos cinco millones de veces lo que le ingresa a una familia tipo en EEUU.

 

Pero yendo más allá, y abrevando en los clásicos, acude a Platón, el primer filósofo occidental en preocuparse por la cuestión de la desigualdad económica. Y resulta que aquel viejo ateniense, en su obra "Leyes", llegó a postular que en cualquier república en crecimiento, cualquiera que adquiriera una fortuna que cuadruplicara la de los vecinos más pobres de la ciudad, debería donar el excedente a la ciudad.

 

Por supuesto, la economía de Atenas era demasiado pequeña como para pretender que aquella regla del "cuatro a uno" pudiera aplicarse a los tiempos presentes: en el medio hay más de dos milenios de historia, y desde luego, la irrupción histórica del capitalismo. Pero ya entonces se percibían los problemas generados por la inequidad económica. Al punto que el legislador Solón debió optar por la decisión radical de cancelar totalmente la deuda de los pobres, como forma de resolver tres sucesivas "guerras de clases" experimentadas en la ciudad en su tiempo.

 

República.

 

Si nos atenemos a lo que Platón dice que dijo Sócrates, en un país donde existe una gran disparidad económica, hay que hablar no de uno, sino de "dos estados, uno para los pobres y otro para los ricos, que conviven en el mismo espacio y conspiran entre sí".

 

Esto se originaría en una enfermedad griega (hoy una pandemia universal) denominada "pleonexia", esto es, la codicia insaciable. Una suerte de vaso agujereado, en el que no importa cuánto vino se sirva, que nunca estará completo. Una persona aquejada por esa enfermedad, evidentemente, es "un mal juez de lo que es justo y noble", y termina siendo "un esclavo de sus propios deseos". Casi que podría diagnosticársele esta dolencia a Musk, quien no hace mucho que la gran debilidad de Occidente sería la empatía, esto es, la habilidad de conectarse y preocuparse por los problemas del prójimo.

 

En una rara coincidencia, Platón sentencia que "es imposible que los que se vuelven muy ricos, también se vuelvan buenos": suena muy cercano a la metáfora del Nuevo Testamento, según la cual es más probable que un camello pase por el ojo de una aguja, a que un rico llegue al reino de los cielos. Y en un giro cercano al budismo, llega a decir que la verdadera pobreza "consiste no en la pérdida de propiedades, sino en el incremento de la propia avaricia".

 

Los promotores de esta orgía de la codicia dicen que este tipo de razonamiento se origina en la envidia de los que tenemos menos. No se dan cuenta, porque carecen de toda empatía, de que en realidad nos preocupa la felicidad de todos, incluso la de los que "son tan pobres, que no tienen más que dinero".

 

PETRONIO

 

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