A 60 años de la caída de Illia
Sufrió el desgaste y ridiculización de su figura durante toda su gestión, lo que facilitó su derrocamiento incruento. Con el tiempo se ha ido aceptando que su gobierno fue uno de los mejores del siglo pasado.
Por Francisco J. Babinec *
Hace 60 años el presidente Arturo Illia salía de la Rosada desalojado por la Policía Federal. El golpe ya veía venir, y había comenzado un día antes, pero la guardia presidencial se dispuso a resistir, hasta que Illia ordenó que desistiera. Terminaba un ciclo iniciado en 1955, con gobiernos civiles elegidos con el peronismo proscripto, y gobiernos militares que no se decidían a hacerse cargo directamente del poder. El nuevo régimen impuso un Estatuto por encima de la Constitución, intervino las provincias y las universidades, disolvió el Congreso y prohibió la actividad política. Fue un intento de “modernización autoritaria” al estilo brasileño, que fracasó rotundamente y llevó a los militares de vuelta a los cuarteles en 1973 y al regreso del peronismo al poder. Pero esa es otra historia.
Arturo Umberto Illia era uno de los 13 hijos de un modesto agricultor italiano radicado en Pergamino. Su hermano Martín “Morocho” Illia, agrónomo egresado de la Escuela Nacional de Agricultura de Casilda, trabajó muchos años en la experimental del INTA en Pergamino. Arturo estudió medicina en la UBA y apenas recibido en 1929 se instaló en Cruz del Eje, Córdoba, a instancias del Presidente Hipólito Yrigoyen. Militó en el radicalismo cordobés desde muy temprano, y fue senador provincial de 1935 a 1940, vicegobernador de 1940 hasta 1943, y diputado nacional entre 1948 y 1952, siempre por Córdoba. Fue candidato a gobernador en 1951 y a diputado nacional en 1954; y fue electo gobernador en 1962 pero no alcanzó a asumir. En 1963 llegó a a la presidencia, con el peronismo y el comunismo proscriptos. La elección era indirecta, con un Colegio Electoral de 476 electores, y el radicalismo había obtenido 168 con el 25% de los sufragios, tuvo que acordar con otros partidos, y la fórmula Illia-Perette resultó elegida con 270 votos, 31 votos más que lo necesario. Desde el vamos, el gobierno fue cuestionado entre otros por el peronismo, que veía llegar a la presidencia a quienes habían participado en el golpe de 1955 y aportado funcionarios a la dictadura subsiguiente, como el canciller Miguel Zavala Ortiz y el ministro de Economía Eugenio Blanco.
Desgaste.
Illia sufrió el desgaste y ridiculización de su figura durante toda su gestión, lo que facilitó su derrocamiento incruento. Pese a no haber podido cumplir la mitad de su mandato, con el tiempo se ha ido aceptando que su gobierno fue uno de los mejores del siglo pasado. Se sancionaron las leyes del salario mínimo, vital y móvil, de medicamentos, y la de Asociaciones Profesionales. Se incorporó al Código Penal la figura de enriquecimiento ilícito de los funcionarios., y se aumentó el presupuesto para educación y ciencia. En relaciones exteriores, la ONU aprobó en 1965 la resolución 2065, por la que se instaba a Argentina y al Reino Unido a discutir la soberanía de las Islas Malvinas. Illia fundó el Instituto Nacional de las Islas Malvinas y Adyacencias, para tratar a fondo la cuestión. Con su caída, el instituto fue disuelto por el nuevo canciller, Nicanor Costa Méndez. Sí, el mismo de 1982. Ante la intervención militar estadounidense en la República Dominicana, Illia mantuvo la política de no injerencia en asuntos de otros países, y se negó a enviar tropas, pese a la postura a favor del Canciller Zavala Ortiz.
Petróleo.
Lo más controvertido de su gestión fue la anulación de los contratos petroleros impulsados por Arturo Frondizi en 1958, que había abandonado su prédica pro Estado. Durante el peronismo, YPF se había fortalecido, se había creado Gas del Estado, y en 1947-9 se construyó el gasoducto entre Comodoro Rivadavia y Buenos Aires, por entonces el más largo del mundo. Pero se seguía importando petróleo, y para incrementar la producción Perón firmó un acuerdo con una subsidiaria de la Standard Oil de California el 25 de abril de 1955, poco antes de su derrocamiento. La oposición, incluso dentro del peronismo, fue intensa. Luego de las elecciones de 1958 que lo consagraron presidente, Frondizi encaró lo que llamó la “Batalla del petróleo”, buscando el autoabastecimiento mediante contratos con empresas estadounidenses con términos casi leoninos. En tres años de gestión se alcanzó el objetivo, sobre todo por la producción de empresas que accedieron a pozos ya perforados por YPF. Illia sólo pudo cumplir parcialmente su promesa en campaña de anular los contratos, tanto por la oposición de Estados Unidos como por las condiciones establecidas en los contratos, las que dificultaban su rescisión.
¿Por qué cayó?
La economía había crecido un 2,4% en 1963, 10% ; en 1964 y 9% en 1965. Aumentaron los salarios y se redujo el endeudamiento externo. Y entonces, ¿por qué cayó Illia? En general se atribuye la responsabilidad a la industria farmacéutica, afectada por la ley de medicamentos, pero había más de un sector con sus propios motivos para desear el golpe. Hay que sumar a los frigoríficos, las empresas de préstamos usurarios y las petroleras, sin olvidar la injerencia estadounidense y la compleja relación con el FMI. Como lo supo el presidente brasileño Joao Goulart en 1964, no había lugar para una política exterior latinoamericana relativamente autónoma. Y bien en el fondo, estaba el rechazo de los militares a un eventual triunfo del peronismo, que había ganado las legislativas de 1965 como Unión Popular.
Cuando se retiraba, Illia enfrentó a quienes lo sacaban, el coronel Luis Perlinger y el general Julio Alsogaray: “La violencia la acaban de desatar ustedes [...] El país les recriminará siempre esta usurpación, y hasta dudo que sus propias conciencias puedan explicar lo hecho”. Con los años, Perlinger le pidió disculpas privada y públicamente. La violencia ya venía de mucho antes, pero el intento de sustituir la democracia por un régimen autocrático que supuestamente iba a “modernizar el país”, no hizo más que profundizar las desavenencias y terminó arrastrando en su caída el prestigio de las Fuerzas Armadas. Ya nada volvería a ser como antes.
* Centro Pampeano de Estudios Sociales y Políticos
Artículos relacionados
