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Jueves 25 de junio 2026

Vidas paralelas

Redacción 25/06/2026 - 00.56.hs

JORGE GAGGERO*

 

“A menudo un suceso insignificante arroja una luz más significativa sobre un personaje que las batallas con miles de muertos”. Plutarco.

 

El piso de la Torre Madero destinado a los empleados administrativos estaba repleto de aparatos de TV. Con la vista clavada y los oídos atentos, todos allí estaban atrapados por los partidos del Mundial de Fútbol del 82. Un modo eficaz de limitar el ausentismo y evitar que se prestara atención a lo que sucedía en los restantes pisos de la Torre ocupados por la empresa y en el Atlántico Sur.

 

La planta superior inmediata estaba reservada al staff: ejecutivos, profesionales, asesores y sus secretarias. Hervía de actividad durante esas semanas, reportando al Directorio.

 

Los capos estaban al mando en el último piso. Se servían de un sofisticado sistema de comunicaciones que los vinculaba con el teatro de operaciones de Malvinas, los altos mandos de la dictadura militar, protagonistas cruciales en los EEUU (militares, políticos y empresarios) y altos ejecutivos de la Fiat en Torino, Italia. Negociaban con estos últimos, al compás de la guerra, para intentar el cambio de manos del control. "La compra" con "opción de recompra" futura, a favor de la Fiat, de sus actividades automotrices en Argentina, entonces en cabeza de la empresa Sevel, antes de la segura derrota. La Fiat quería evitar lo que había sufrido la americana General Motors, cuatro años antes, cuando para irse del país debió pagar a sus concesionarios la friolera de 500 millones de dólares en concepto de "lucro cesante" de la red de ventas.

 

En la planta del staff trabajaba también durante esas frenéticas semanas un ilustre desconocido, Rodolfo Fogwill. Un muy talentoso escritor que vivía del asesoramiento en "imagen corporativa" a grandes empresas y grupos económicos. Con el pretexto de realizar uno para Socma ocupaba una pequeña oficina donde escribía incansable, su primera novela: “Los pichiciegos”. Trataba acerca de la guerra y un año después la publicó Ediciones de la Flor. La terminó casi al mismo tiempo en que el general Balza agotó la munición de sus cañones y dejaron de tronar. Poco después del hundimiento del ARA Manuel Belgrano, por impacto de los torpedos británicos que Margaret Thatcher ordenó disparar. Por esa acción murieron 323 marinos argentinos el domingo 2 de mayo de 1982.

 

Una de las paradojas de este triste relato es que el general Manuel Belgrano, que dio su nombre al navío de guerra hundido por los británicos en el Atlántico Sur, fue hijo de un contrabandista italiano, genovés, que prefirió luchar por su patria y morir pobre a disfrutar de la herencia de su padre.

 

*Economista

 

Nota: el relato refiere a lo ocurrido en la sede de Socma (Sociedad Macri), durante la Guerra de las Malvinas (2 de abril al 14 de junio de 1982).

 

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