“Rumbo a Irlanda… pero por la ruta que lleva a Venezuela”
*Ing. Javier Mariano García Guerrero
“La dificultad no radica en las nuevas ideas,
sino en escapar de las viejas.”
John Maynard Keynes.
Argentina no se está acercando al desarrollo: está profundizando un modelo rentista que destruye industria, capital humano y movilidad social. El cesarismo del gobierno nacional nos empuja a repetir la lógica que hundió a Venezuela: vivir de lo que tenemos en vez de construir lo que necesitamos. EE.UU. obligó a sus industrias a repatriar sus fábricas para hacer a América grande de nuevo, Argentina las cierra.
En Venezuela la economía se desindustrializó porque era más rentable importar todo. La productividad interna se estancó, la formación técnica y científica quedó relegada, el sector financiero creció más que el productivo. La hoja de ruta es la misma: un tercio de lo que se consume en Argentina depende de importaciones que ya equivalen al 31% del PBI, el nivel más alto en 22 años. Los bienes de consumo importados representan el mayor peso desde 2001. Durante 2024 la producción de local de manufacturas fue 15,09% del PBI, muy por debajo del promedio histórico (1965–2024) del 23,97%. La recaudación cae, el déficit y la inflación se maquillan, el endeudamiento se espiraliza, las infraestructuras colapsan.
Discursos mesiánicos.
Los discursos mesiánicos ofrecen en la exclusión de los sectores manufactureros y el sistema científico/tecnológico el camino más rápido a un destino luminoso: “Argentina será como Irlanda en 20 años”. El salto histórico de Irlanda se apoyó en educación técnica masiva, inversión pública sostenida, un estado planificador, políticas industriales activas y una estrategia deliberada para atraer empresas tecnológicas. Irlanda no apostó a la renta, la informalidad, ni a la desregulación, apostó al capital humano. No redujo su Estado: lo volvió más inteligente, mientras expandía su sistema científico. En tanto la Argentina refuerza un patrón conocido: la dependencia de la renta primaria con especulación financiera y endeudamiento creciente.
En el sector agrario, solo tres de cada 10 propietarios cultiva su tierra, el resto es rentista. A diferencia de Brasil, México o EEUU los hidrocarburos los exportamos en un 85% como crudo sin refinar y el 100% del gas sin comprimir, actuamos como proveedores de materias primas energéticas, no como exportadores de combustibles, aceites, productos petroquímicos, fertilizantes, etc. Repetimos el mismo patrón en las exportaciones de minería, pesca, cereales, frutas, etc.
Apostar a la renta más primitiva y azarosa, ligada a las oscilaciones del clima o los mercados internacionales ya ha mostrado sus frutos de estancamiento y depresión económica: entre 2011 y 2024 el PBI per cápita argentina se incrementó el 5,7%, el de Chile en un13% y el de Uruguay un 51%. En lugar del esperado “derrame” cada vez más “fuga” (u$s 30.000 millones en 2025) generando desempleo, desinversión y pobreza estructural. Los residentes en la argentina poseen más de USD 400.000 millones fuera de sus fronteras, una cifra equivalente a casi todo el PBI anual.
Modelos similares.
Argentina es, junto con Rusia y Venezuela, uno de los países con mayor proporción de riqueza privada fugada del mundo. Modelos similares; resultados simétricos.
La banca reduce su tamaño, retrocede como empleador, no se ocupa del crédito productivo ni de la evaluación de inversiones reales, sus rentas devienen de la información privilegiada, las comisiones financieras por canjes o refinanciación de deudas públicas, del lavado/blanqueo, de la especulación, arbitraje y fuga de capitales. El crédito al sector privado pasó de niveles cercanos al 22% del PBI en 2000 a apenas 6% en 2023, en Brasil alcanza el 70% y en México el 95%.
Si el 43% de nuestros graduados elige carreras que no requieren laboratorios ni industria, es porque la economía no demanda ingenieros sino gestores de la incertidumbre y el conflicto. Mientras Brasil gradúa casi el doble de ingenieros por habitante y México triplica nuestra matrícula en carreras STEM. La Argentina sigue formando abogados, contadores y psicólogos porque el mercado laboral —dominado por el Estado, los servicios y la informalidad— premia la supervivencia antes que la innovación.
El índice de Gini, que mide la desigualdad, pasó de niveles comparables a los de Francia en los años setenta a valores similares a los de Perú en la actualidad, la movilidad social a través de la capacitación que nos caracterizaba hoy abre el camino del exilio.
Dependencia.
Venezuela no colapsó por exceso de Estado, sino por dependencia extrema de una renta primaria sin diversificación productiva. Cuando la renta se achicó por la caída de los precios internacionales y el bloqueo al que fue sometida, no había industria, tecnología o capital humano que los sostuviera. Cuando el espejismo se desvanece se juegan los rasgos autoritarios y represivos del modelo, en Venezuela, en la dictadura criminal argentina, en Nigeria y otros países africanos atrapados en la “maldición de los recursos”. Cuando el ingreso de dólares “golondrina” no puede sostener la “paz social”, se apela a incrementar la represión y persecución.
La Argentina parece atrapada en una lógica de apaciguamiento que la historia ya condenó: esperar que el poder externo se autolimite o que su estrella se opaque es ilusorio. Como en la frase de Borges, a los votantes independientes no los une el amor sino el espanto, y ese espanto empuja a sostener lo insostenible. Tarde o temprano, nuestro país deberá decidir si sigue retrocediendo o si, por fin, enfrenta aquello que lo debilita.
“Los que no pueden recordar el pasado
están condenados a repetirlo.”
George Santayana
* Ing. Javier Mariano García Guerrero. Ex Profesor Titular Ordinario de Política y Desarrollo Agroindustrial y Adjunto de Teoría y Política Económica de la Escuela de Economía y Negocios de la Universidad Nacional de San Martín.
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