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Miércoles 07 de enero 2026

Sin tapujos, Trump va por el petróleo

Redacción 07/01/2026 - 00.21.hs

En una operación ilegal, al margen del Derecho Internacional, fuerzas militares norteamericanas secuestraron al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores.

 

IRINA SANTESTEBAN

 

Aunque no constituye una acción novedosa de EEUU, lo sucedido en la madrugada del 3 de enero en Caracas, fue el episodio más grave de violación de la soberanía de un país latinoamericano en el siglo XXI.

 

Fue un ataque directo contra un Estado soberano, y desnuda la lógica colonial que Washington nunca abandonó respecto de lo que considera su “patio trasero”: la América Latina y el Caribe.

 

Violó además la carta de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), de 2014, que instituyó a esta parte del mundo como “región de paz”.

 

Franqueza imperial.

 

Horas después, Donald Trump se encargó de despejar cualquier duda sobre las verdaderas motivaciones de la agresión. En una conferencia de prensa afirmó sin tapujos que su intención era “administrar” Venezuela para “recuperar” su petróleo, como si ese recurso natural perteneciera a Estados Unidos y no al pueblo venezolano. La frase, brutal en su sinceridad, pulverizó de un solo golpe el andamiaje discursivo con el que durante años se intentó justificar el hostigamiento contra los gobiernos bolivarianos.

 

Quedó así al desnudo que el problema de Washington con Maduro nunca fue el supuesto “fraude” en las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, ni la acusación de ser una “dictadura”, ni mucho menos la fantasía judicial del inexistente Cartel de los Soles. El verdadero conflicto es geopolítico y económico: Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo convencional del planeta y ha insistido, desde la Revolución Bolivariana, en ejercer soberanía sobre ellas. Para el imperialismo norteamericano, ese pecado es imperdonable.

 

El representante de Washington ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Michael Waltz, dijo sin titubear, que “No vamos a permitir que el hemisferio occidental se utilice como base de operaciones para los adversarios, rivales y competidores de EEUU”, ratificando la teoría Monroe de “América para los (norte) americanos”.

 

Supuesta “traición”.

 

En las horas posteriores al secuestro, comenzó a circular la hipótesis de una supuesta “traición” interna contra Maduro, señalando a figuras centrales del gobierno bolivariano como la vicepresidenta Delcy Rodríguez, el ministro del Interior Diosdado Cabello o el general Vladimir Padrino López, ministro de Defensa y jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Incluso sectores progresistas dieron crédito a esa versión, instalando la idea de que Maduro habría sido “entregado” por su propio entorno.

 

Fue Trump quien instaló deliberadamente la teoría de la supuesta conspiración, cuando dijo que “estaba conversando” con Delcy Rodríguez, quien estaría “dispuesta a colaborar”. Sin embargo, posteriormente declaró que si aquellos no lo hicieran, “sufrirían la misma o peor suerte que Maduro”.

 

Más que una descripción de hechos, se trató de una operación psicológica clásica, orientada a sembrar desconfianza y fractura en el liderazgo bolivariano.

 

Despliegue militar.

 

Trump y los voceros de EEUU alardearon de haber llevado a cabo una “operación quirúrgica”, como “un paseo” de las fuerzas especiales de EEUU, que “en solo 20 minutos” habían secuestrado al presidente de Venezuela y su esposa.

 

No fue ni tan sencillo ni tan rápido. Con el correr de las horas se supo que EEUU tuvo que lanzar una ofensiva de gran magnitud para poder secuestrar a la pareja presidencial.

 

Los datos confirman que se desplegó toda una parafernalia militar y tecnológica para anular las defensas de un país con menor capacidad de defensa a un ataque de esa magnitud.

 

Los radares de la defensa venezolana fueron anulados con la incursión de decenas de aviones cazabombarderos adaptados a la guerra electrónica. Se utilizaron cientos de drones señuelo, para engañar a los radares y confundir a los misiles de defensa de Venezuela.

 

La agresión incluyó una flota de 150 aeronaves, entre ellas: 50 cazas (aviones furtivos invisibles); 40 aviones de ataque y bombardeo que llevaron adelante más de 500 ataques contra bases y radares, incluyendo objetivos civiles como viviendas y centros de salud; 40 helicópteros que desplegaron la tropa que asaltó la casa presidencial y 20 tanqueros de combustibles para garantizar las horas de vuelo.

 

Semejante despliegue tuvo que realizar la potencia imperial para el secuestro del presidente venezolano, que superó ampliamente la capacidad defensiva de la FANB.

 

Y contradiciendo la versión de “traición” de su entorno íntimo, toda la guardia presidencial, entre las que había 32 cubanos, fue asesinada, corroborando que hubo una férrea defensa del presidente.

 

Continuidad.

 

El mismo sábado el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela ordenó que la vicepresidenta Delcy Rodríguez asuma de forma interina las funciones del presidente Maduro. Ella juró el cargo el lunes 5, y ese mismo día, la Asamblea Nacional eligió sus autoridades y ratificó a Jorge Rodríguez como presidente, en una señal política clara de unidad del chavismo frente a la agresión externa.

 

Mientras tanto, en Nueva York, Maduro y Cilia comparecieron ante el Juzgado del Distrito Sur con una actitud firme y digna. Ambos se declararon inocentes de los cargos que les imputa la justicia estadounidense y Maduro ratificó su condición de presidente legítimo de Venezuela, denunció que fue detenido en su casa de Caracas y se definió como “un prisionero de guerra”. Designó como abogado defensor a Barry Pollack, quien representó a Julian Assange, un dato que refuerza la dimensión política —y no jurídica— del proceso. La próxima audiencia fue fijada para el 17 de marzo, por lo que se presume que permanecerán detenidos hasta entonces en el Centro Metropolitano de Detención (MDC) de Brooklyn, donde se alojan presos federales de alto perfil.

 

Cartel inexistente.

 

Un dato que los medios hegemónicos no han difundido es que la fiscalía estadounidense suprimió uno de los cuatro cargos originales contra Maduro, el que lo señalaba como jefe del supuesto Cartel de los Soles. Es una admisión implícita del carácter ficticio de esa acusación, que en la causa original de 2020 era presentada como uno de los ejes centrales. La eliminación de ese cargo confirma que el andamiaje judicial contra el presidente venezolano se desmorona cuando se lo expone a mínimos estándares de prueba.

 

En Venezuela, la respuesta popular no se hizo esperar. El lunes, decenas de miles de personas se movilizaron en distintas ciudades exigiendo la libertad del presidente y de su esposa. Este martes 6 de enero, una multitudinaria marcha de mujeres tomó las calles para reclamar la liberación de su “hermana” Cilia Flores, en una demostración de la capacidad movilizadora del pueblo venezolano y de la vigencia del chavismo.

 

Frente a estos hechos, las grandes cadenas de información occidentales volvieron a exhibir su sesgo pro-yanqui. Califican al gobierno bolivariano como “dictadura” y silencian la violación flagrante del derecho internacional que implica el secuestro de un jefe de Estado. En Argentina, lamentablemente, Javier Milei “celebró” el ataque imperialista, en su claro alineamiento con EEUU.

 

Lo ocurrido en Venezuela no es un hecho aislado, sino un mensaje disciplinador para toda América Latina. Cuando un país se atreve a ejercer soberanía sobre sus recursos estratégicos y a construir un proyecto político independiente, el castigo imperial no tarda en llegar. La detención de Maduro es, en ese sentido, un ataque contra toda la región. Defender su libertad y la autodeterminación del pueblo venezolano es una causa latinoamericana.

 

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