Tenemos que hablar de la resaca
Han querido los caprichosos duendes de abril -el mes más cruel, según T. S. Eliot- que este domingo, en lugar de dedicarnos a reflexionar sobre la pascua judía, la resurrección de Jesucristo o el último descubrimiento arqueológico en Medio Oriente, cortesía del bombardeo en curso, se nos haya venido a la memoria la simpática figura de Kingsley Amis (1922-1995), "King", para sus amigos. Un verdadero excéntrico inglés, pocos habrán que lo recuerden ahora, pese a que en su momento alcanzó gran fama como escritor, con varias novelas satíricas como "El suertudo Jim" o "Un gordo inglés", que en su momento le valieron hasta ser consagrado como "Sir", esto es, caballero de la orden del Imperio Británico. Hoy se lo recuerda más bien como padre de Martin Amis, sin duda uno de los mayores escritores vivos en Inglaterra. O, como es el caso de esta nota, como un bebedor empedernido; pero los ingleses han aprendido a ser tolerantes con esa adicción, a las vistas de que su último héroe nacional de fuste, Winston Churchill, desayunaba con gin.
Drink.
Para nuestra fortuna, el bueno de Kingsley ha dejado varios escritos sobre su aficción por el escabio, compilados en un volumen intitulado "Everyday drinking" (Bebida diaria) en el cual deja traslucir toda la sabiduría acumulada a lo largo de toda una vida de abuso del alcohol. Aunque bien podría decirse que el alcohol no tiene mucho problema con que abusen de él, ciertamente no hay registros en la jurisprudencia de un caso en el que se registre una queja por estupro, violencia o sodomía contra el brandy.
Entre sus grandes revelaciones -sus primeras reflexiones al respecto datan de 1971- está, por ejemplo, el dato melancólico de que, sesenta y cinco años atrás, Argentina era el principal productor de vino de todo el mundo. Otra de las cosas hermosas que la pinche dictadura se encargó de destruir.
O, sin ir más lejos, su instructiva guía sobre cómo edificar el "kit" perfecto para el bebedor, comenzando por una heladera, que debe estar específica y exclusivamente dedicada a estos menesteres: "Realmente no hay otra manera de hacerlo: las esposas y afines están constantemente llenando cualquier heladera a la que tienen acceso de porquerías irrelevantes como, por ejemplo, comida". Así como la gran escritora inglesa Virginia Woolf definía el feminismo en términos territoriales, en su ensayo "Un cuarto propio", Amis defendió una teoría aún más radical, la de la heladera propia, bastante más difícil de conquistar.
Hangover.
Es curiosa la palabra inglesa para definir a la resaca, "hangover", que concita la idea de una agarradera, o de una garra que nos atrapa una mañana, llevándonos inexorablemente al recuerdo de los excesos de la noche anterior, y a la vana promesa de que nunca habremos de recaer en ellos.
Desde luego, existen innumerables recetas para combatir esa emergencia, como puede atestiguarlo una publicidad que aún puede sufrirse en televisión, donde el personaje central es un pelafustán llamado "Justiniano" (como el emperador romano) quien, tras una noche de festichola banal, puede al día siguiente ir a trabajar y hasta jugarse un picadito de fútbol, sólo por ingerir un alikal, esto es, una bebida efervescente alcalina. Remedio que, según Amis, sólo sirve para eructar.
Lo que nuestro escritor propone, sin embargo, es que mucho más profunda que la resaca física, es la resaca metafísica, ya que no se trata de una mera enfermedad: "omiten considerar los aspectos psicológicos, morales, espirituales; toda la vasta, horrible infraestructura metafísica que transforma a la resaca (afortunadamente) en una vía singular hacia el auto-conocimiento y la auto-realización".
Literatura.
Escritor al fin, Amis se encarga de relevar todo lo que se ha escrito sobre el tema, y lejos de concentrarse en recetas caseras -como el famoso adagio inglés de que a la resaca la cura "un pelo del mismo perro que te mordió"- acude más bien a la obra de los grandes narradores, en cuya prosa puede detectarse, aún veladamente, el fantasma ominoso de una mañana perdida tras una noche de juerga. Arriesgándose a la herejía, sugiere que buena parte de la obra de Dostoievsky puede leerse en esta clave, como una metáfora de la resaca. También menciona a Edgar Alan Poe, aunque, claro está, todo el mundo sabe de sus problemas con el alcohol, para no hablar de otras sustancias con las que se "regalaba", y que en su época no eran objeto de las prohibiciones actuales, como el opio.
Quizá lo más revelador en este capítulo sea su mención del alemán/checo Franz Kafka, y en particular, de "La Metamorfosis", relato que comienza, como es sabido, con nuestro héroe transformado, al despertar una mañana, en una gigantesca cucaracha. "La imagen central mal podría haber sido mejor elegida, y por cierto es revelador el modo desagradable con el que todos a su alrededor tratan a nuestro amigo el insecto".
Como decíamos, Amis dedica sus reflexiones no tanto a los síntomas físicos de la resaca -a la que ve, casi en términos freudianos, como una suerte de duelo que sólo el tiempo puede aliviar- sino a sus manifestaciones metafísicas. En ese tren, sugiere lecturas, como por ejemplo el libro "Un día en la vida de Ivan Denisovich", del por entonces célebre disidente soviético Alexander Solyenitzin. La idea es que contemplar el destino de un interno en un campo de concentración en Siberia debería servir como lección para comprender que hay gente en el mundo que la pasa mucho peor que uno.
También hay sugerencias musicales, que servirían como "banda de sonido" de esa mañana atroz de resaca: curiosamente comienzan con otro artista ruso, el compositor Piotr Chaikosky, en particular, su sexta sinfonía, más conocida como "La Patética". La música pop está estrictamente desaconsejada. "Pero si realmente sientes que tu vida no podría ser aún más deprimente, prueba escuchar alguna canción lenta de Miles Davis". Sin embargo, hay que evitar a toda costa los temas en los que toca el saxofón un socio frecuente de Davis, John Coltrane: "El sí que te hará sentir, en los términos más radicales, que la vida es exactamente lo que estás sintiendo en este momento, esto es, una cosa barata, fútil y totalmente carente de sentido".
PETRONIO
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