Sabado 02 de julio 2022

Una metáfora que se convirtió en realidad

Redacción 23/06/2022 - 13.42.hs

Décadas atrás, con algo de agudeza pero también poesía y nostalgia, una revista de circulación nacional tituló una de sus noticias principales: "La madre España alumbró un negrito". El título aludía con originalidad a la independencia de una antigua colonia, la Guinea Española, que pasaba a ser un país libre, por más que sufriera penosos avatares después.

 

Por estos días aquella metáfora se trasformó en realidad, si bien mucho más dolorosa y evidente, al mostrar que hay todo un mundo de miseria y espanto, del que huyen los africanos hacia los países europeos en busca de un mejor futuro, cruzando la relativa brevedad del mar Mediterráneo.

 

Es sabido que esas travesías muy a menudo se hacen en embarcaciones elementales, nada dotadas para una travesía semejante. También a menudo, por otra parte, esos precarios medios de transporte marítimo son provistos por mediadores y traficantes de carne humana, en un hecho absolutamente desprovisto de piedad.

 

Por esas y otras condiciones, esas travesías acaban convirtiéndose en más de una ocasión en una tragedia. De hecho, ya se cuentan por centenares los tragados por las aguas, de toda condición y edades. Además, no es raro que los que llegan a las costas europeas no sean recibidos con ánimo comprensivo y la infraestructura debida.

 

Pero, en medio de tantas desdichas a la vista ha surgido un fanal de humanidad.

 

La justicia española ha reparado una falla -convengamos que con algo de retraso- en lo que respecta a una niña nacida siete años atrás y llegada -huída- de Camerún en una "patera" (una embarcación inapropiada) junto con su madre.

 

La niña, que vivía en el País Vasco, carecía de documentos hasta hace una semana, ya que no era camerunesa, ni marroquí ni, mucho menos, española.

 

Los estados a quienes se había dirigido para ese trámite de reconocimiento se negaron. La pequeña se convirtió en una apátrida en el cabal sentido de la palabra. Todos los intentos maternales fracasaron ante la negativa de las autoridades, que le impidieron empadronarse. Sin identidad, a la pequeña no se le permitía, por tanto, tener acceso a la sanidad pública o escolarizarse con normalidad, entre otros perjuicios personales.

 

Ahora la justicia ha fallado que "han sido vulnerados los derechos fundamentales de Ana" (tal su nombre) concediéndole la nacionalidad española. "Es la primera vez que se reconoce este derecho a una persona nacida durante el tránsito migratorio a España", se destacó tras tomar difusión pública esa resolución judicial.

 

El fallo excede largamente la simple anécdota para sentar jurisprudencia en un problema muy poco conocido y menos resuelto.

 

Los documentos oficiales al respecto reconocen que son casi un millar los menores que llegaron en 2021 a España, aunque no especifica cuántos se encontraban en situación de apátridas. Un alto porcentaje de ellos nacieron durante el tránsito migratorio.

 

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