El primer pionero
En la vasta geografía humana que cimenta el surgimiento de La Pampa moderna, es decir: aquella edificada posteriormente a la ocupación militar del desierto, en cualquier investigador siempre asoma una pregunta: ¿quién o quiénes fueron los primeros en llegar al suelo pampeano para radicarse en él, para laborarlo con ánimo pionero? Desde el vamos es un interrogante que se presume de imposible respuesta, ya que era tal la dinámica política, económica y social del territorio en esos años que, al margen de la falta de documentos, la entrada debe haber sido múltiple y cuantiosa.
La nómina.
Años atrás Edgar Morisoli nos dio la referencia de que en la villa puntana de El Morro había visto un cuaderno donde figuraba la nómina de pobladores que había partido con las tropas militares a ocupar Victorica, el primer poblado pampeano. Al visitar el lugar el documento ya no estaba, aunque algunos lugareños recordaban haberlo visto. La tradición oral y algún otro testimonio, sin embargo, rescatan unos nombres civiles coetáneos de la llegada militar a la población del oeste: Lemme, que según se dice venía aprovisionando las tropas, Viniegra, Cazaux, Rebollo, Robledo o los también tempranos pobladores paisanos Mariqueo, Cabral, Baigorria o Morales.
Sin embargo se da el caso de que todos o casi todos ellos, por lo menos en los inicios, se asociaban a la población recientemente creada, por más que la misma dependiera del campo casi inmediatamente a su establecimiento. Por lo tanto la pregunta del comienzo se haría más específica si la refiriéramos a los primeros pobladores del agro, aquellos que vinieron a la tierra con la idea de hacerla producir.
A esos efectos conviene recordar que por entonces a La Pampa se accedía también por otras vías, además de la septentrional Rastrillada de las Víboras y sus aledañas, que habían seguido los soldados y civiles fundadores y, antes, el coronel Mansilla, los cordobeses de La Carlota en el siglo XVIII y otros cristianos cuya andanza se ha perdido.
Muchos y desconocidos.
Desde luego que no se puede caer en la ingenuidad de pensar en la certeza de un solo y único nombre, con primacía absoluta. El aluvión poblacional fue lo suficientemente grande y variado en sus intenciones como para tener esa pretensión. Además en raras ocasiones, o nunca, el poblamiento se hizo a nivel estrictamente individual sino en grupos, ya fueran hombres solos o con familias. Por otra parte, incluso desde mucho antes de la ocupación militar del desierto, ya había cristianos establecidos allí -y no tan pocos-, sólo que habitaban del lado de los indios. Conviene señalar también que la condición de pionero no se equipara a la de descubridor o explorador; de estos últimos hubo muchos previos a la línea temporal que caracteriza a los primeros habitantes y de algunos de ellos podría decirse que tuvieron ambas condiciones.
Para decirlo claramente: la condición de "primer pionero" que considera esta nota está referida a una persona o personas que, ya sea como mandatario de alguien o por iniciativa propia, radicó un establecimiento rural en La Pampa en fecha lo más cercana posible a la fundación de sus primeros pueblos, aunque físicamente alejada de ellos.
Primus inter pares.
El antiquísimo Camino de los Chilenos, que venía bordeando la serie de grandes lagunas del centro-oeste de la provincia de Buenos Aires, era una gran puerta de entrada al nuevo territorio, quizás la más importante. Hacia 1880, desde más al sur se notaba ya la presión demográfica originada en la pujante Bahía Blanca, expresada en la temprana traza del ferrocarril que desde aquella población iba hacia el noroeste, construido antes que terminara el siglo XIX. Debió ser a través de unos de esos dos caminos -el De los Chilenos o la rastrillada que venía de Bahía Blanca- por donde llegó quien, a falta de mayores precisiones dentro de un panorama tan confuso, puede considerarse el primer pionero de La Pampa: se llamaba Antonio Alvarez.
La primera mención efectiva que hayamos podido encontrar de don Antonio Alvarez data del 10 de noviembre de 1901, en el diario La Capital, editado por entonces en General Acha. Allí, en una crónica de carácter laudatorio firmada por otro de los primeros pobladores, Alfonso Capdeville, se califica a Alvarez como "El hombre animoso y de temple cuyo nombre deberá ser inscripto en primera línea en el libro de oro que La Pampa deberá consagrar algún día a sus primeros pioneros", libro que -acotación nuestra- sigue pendiente de elaboración.
Una carta reveladora.
La carta de Capdeville, que tiene como objeto principal reivindicar a Antonio Alvarez a quien -dice- habían inferido "una verdadera ofensa en una nota de aceptación de su renuncia de comandante de guardias nacionales" del 4° Departamento, destaca también que "de ayer a hoy ha sido tenido a menos por los representantes del superior Gobierno Nacional".
Capdeville evoca la por entonces reciente visita al territorio del Presidente de la República, Julio Roca, a quien Alvarez, en su carácter de "viejo poblador" convidó y acompañó "a un almuerzo campestre a la sombra de unos caldenes". A posteriori llenó el vagón presidencial (recuérdese que el Presidente viajaba en ferrocarril) de flores y cereales cosechados en Hucal, la estancia que, desde sus inicios lo tuvo como administrador y que pasa por ser el primer establecimiento rural en territorio pampeano.
En la citada carta del pionero francés, largamente demostrativa de que Alvarez era una persona apreciada y respetada en la sociedad pampeana de los inicios, aporta un dato de enorme importancia apara avalar su condición de "primer pionero" en el territorio. Referencia que en el año 1883 (se deduce que en el verano por algunos detalles de la descripción) quienes se hallaban levantando unas instalaciones -Alvarez entre ellos-, de lo que posteriormente sería la estancia Hucal, confundieron un grupo de jinetes que seguía la rastrillada homónima, con indios de pelea. El susto y el zafarrancho fueron grandes y el detalle de la crónica firmada por Capdeville permite pensar que entre los presentes había mujeres y acaso niños.
El hecho.
Vale la pena destacar ese episodio. En principio porque demuestra en forma irrefutable que el poblamiento rural fue casi simultáneo con el militar-urbano. Nótese que la noticia está referida al verano de 1883 y, aunque no precisa la fecha, la circunstancia la ubica, cuanto menos, a unos pocos meses de la fundación de General Acha y Victorica. Paralelamente es digno de destacar el temple de aquel hombre y de quienes lo rodeaban, ya que habían marchado a muchas leguas del poblado constituido más cercano (ni qué decir de la distancia a los más desarrollados) afrontando un clima no demasiado benigno, la carencia de refugios, falta de aprovisionamiento regular y el riesgo permanente de indios y bandoleros. La condición pionera les cabría sobradamente, aun si no hubieran sido los primeros dentro del inmenso territorio pampeano.
Factotum de la primera estancia.
La segunda mención documental de Alvarez en La Pampa se remonta a febrero de 1902, y lo señala enfrentado con quienes descalificaban la actividad agrícola en el nuevo territorio. La referencia aporta un dato muy interesante: "la agricultura (moderna) se inició en La Pampa por el Suroeste", (sic) aunque debe ser error por "el Sureste", lo que viene a ser acorde con la introducción de la primera máquina trilladora del territorio, que fue de la estancia regida por Alvarez y se nombraba, también, Hucal, todavía conservada en la estancia y claramente merecedora de un recordatorio distinto a estas líneas.
Un tercer aporte -siempre del diario La Capital, que aparece en esos meses como muy interesado en localizar los comienzos de la actividad económica en La Pampa- data de marzo de 1902 y está referido a los establecimientos agropecuarios iniciales del territorio, donde se indica como temporalmente primero a Hucal (inicialmente de la familia Cambaceres y después propiedad de Ramón Blanco). A continuación ubica a Epu Pel y luego al establecimiento del coronel Gil, que cabría identificar con La Malvina, núcleo de la posterior Santa Rosa.
Infraestructura moderna.
La tercera nota de 1902 destaca que fue Alvarez quien dotó a la estancia de una infraestructura agrícola y ganadera más que notable para la zona y la época, dividiéndola en cuatro subestancias: La Cotita, La Josefa, Hucal y San Antonio, todas convenientemente apotreradas, y que contaban más de 100 leguas lineales de alambrados a comienzos del siglo XX. Hay que destacar que antes del fin de siglo, junto con los montes para sombra y frutos, además de la infaltable alfalfa mejoradora de suelos, allí ya se cultivaba también trigo, maíz, cebada y ray grass, parte de los cuales estaban destinados a la alimentación de los miles de animales lanares, yeguarizos, bovinos, porcinos, cabríos y mulares, entre los cuales se encontraban reproductores de raza. El establecimiento también estaba al día en cuanto a los sistemas de extracción de agua -norias y los primeros molinos a viento- y su depósito en grandes tanques de tipo australiano. El personal empleado se supone que debió alcanzar a varias decenas de personas.
Maquinaria.
La estancia prácticamente tenía condición de autosuficiente con sus talleres y maquinaria. Un rasgo singular lo constituye la circunstancia de que, inicialmente, el casco principal estaba ubicado donde es actualmente la estancia Los Ranqueles, a unos 20 km al Noroeste del actual emplazamiento. El traslado a las nuevas instalaciones, junto a la estación de trenes, muy probablemente estuvo influido por el paso del ferrocarril.
En La Pampa de fines del siglo XIX el manejo de este emporio, que no debió ser nada sencillo, resultaba proverbial en cuanto a la capacidad de Antonio Alvarez.
También aparece referenciada otra de las inquietudes agropecuarias de Alvarez en una noticia remitida por un anónimo Nix, corresponsal de La Capital en Victorica, donde dice textualmente: "Me comunica un amigo que don Antonio Alvarez ha comprado en sociedad con otros progresistas vecinos una poderosa máquina de perforar. Alvarez no ha de demorar hasta reconocer las fuentes de agua semisurgente y resolver este problema trascendental para los progresos de la ganadería y de la agricultura en el territorio".
Hombre de pro.
Aunque muy poco se ha investigado sobre la persona se sabe que Antonio Alvarez era bonaerense. Había nacido en Dolores, el 2 de agosto de 1848 y trabajó en diversos establecimientos de campo de la zona. Estaba casado con Carlota Teuly, con quien tuvo varios hijos. En octubre de 1879 se creó la jurisdicción administrativa del Partido de General Pueyrredón y en diciembre de 1880, se designó a Antonio Alvarez como Juez de Paz del Partido. El nombramiento avala las relaciones que tenía y la calidad humana de la persona, ya que por entonces el cargo reunía una triple función: ejecutiva, legislativa y judicial. Es de hacer notar que algunas referencias lo consignan como "primer intendente" de Mar del Plata.
El riesgo de que se tratara de un homónimo coetáneo se diluye al comprobar que en el año 1884 -según consta en crónicas marplatenses- se trasladó a La Pampa y en 1905 a Bahía Blanca. En 1914, regresa a Mar del Plata, donde habilita una fábrica de quesos en "La Peregrina", que había arrendado a la familia Bordeu. Los datos son coincidentes con los que se ha podido rescatar de la crónica de aquel tiempo, ya que La Capital, por entonces editada en Santa Rosa, deja constancia de su abandono del territorio para dedicarse en Mar del Plata a la fabricación de lácteos. La información data de los primeros años del siglo XX.
Final.
Lamentablemente no hemos podido ahondar en la vida de este notable personaje, pese a tener constancias de que aún quedan descendientes. Personas que se comprometen a suministrar datos pero no responden, instituciones "ad hoc" que ignoran cualquier solicitud, contactos fracasados con parientes presuntos son, amén de irritantes, parte de las reglas del juego que deben aceptar quienes hacen investigación histórica. Nuestras averiguaciones finalizan al señalar que don Antonio Alvarez, quien pusiera en pie el primer establecimiento agropecuario de una Pampa todavía absolutamente virgen, falleció el 8 de junio de 1924. Se lo presume sepultado en Mar del Plata o alguna localidad de cercanías.
ESCRITOR y geógrafo
El adiós a La Pampa
En La Nueva Provincia de fines de mayo de 1905 aparece una noticia de la partida de Antonio Alvarez de La Pampa después de 22 años, según dice, lo que coincide con 1883 como fecha de su primer poblamiento. Dice el diario: "El señor Antonio Alvarez, único y verdadero creador del gran establecimiento Hucal, hoy propiedad del señor Ramón M. Blanco, Acaba de renunciar a su administración que ha desempeñado por espacio de 22 años, para dedicarse por completo a sus negocios particulares, de campos y colonización.
"El señor Alvarez puede decirse que ha legado los mejores años de su existencia a la formación del establecimiento Hucal, retirándose cuando la prosperidad y la grandeza han sentado allí su imperio.
"Al lado de la íntima satisfacción que se siente al palpar las prodigiosas trasformaciones operadas por las propia energías del músculo y de la inteligencia, el señor Alvarez debe sentir sin duda la nostalgia de los médanos de Hucal, ayer áridos, caldeados y errantes y hoy fértiles, fijos por la exuberante vegetación y extraordinariamente hermosos, porque el hombre se vincula siempre con cariño profundo, a todo lo que lleva el sello de su esfuerzo y más cuando ese esfuerzo encadena en etapa sucesivas de 5, 10, 15 y 20 años, y cada etapa recuerda un cúmulo de sacrificios, un mundo de contrariedades.
"Al dejar constancia de la salida del señor Antonio Alvarez de la administración de Hucal, lo que significa abandonar la (sic) Pampa, que fue uno de los primeros en ir a poblarla tras la rastrillada aun fresca del indio temerario, nos complacemos en brindarle el aplauso efusivo y entusiasta a que se hacen dignamente acreedores los que tan honrada y laboriosamente como el señor Alvarez cooperan en la gran obra del progreso nacional".
También resulta notable destacar que el diario bahiense se había ocupado antes de la estancia Hucal, dedicándole una amplia nota, que firmaba "Corresponsal viajero", en la que se detallaban las instalaciones del establecimiento, similar a la que un par de años antes había publicado el periódico pampeano La Capital, pero con el agregado de la creación de un quinto establecimiento dentro del contexto general, llamado Hucal Chico.
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