Chanilao de La Pampa
A medida que se descubren fuentes e intertextos, la investigación literaria consolida hipótesis. Dado que todo texto es, en palabras de Julia Kristeva (1967), “un mosaico de citas” y una absorción de otros discursos, la convergencia de los datos borgeanos en Chanilao/Ojeda nos permite comprender su presencia e influencia.
Sergio De Matteo *
La emergencia e incorporación de nuevos registros, archivos y documentos constituye el motor del progreso en la investigación.
En la medida en que la evidencia empírica no existe de manera aislada, sino dentro de un entramado interconectado, la integración sistemática de estos datos permite contrastar informaciones, consolidar hallazgos y validar o dar cierre a las hipótesis planteadas.
Tal como señala Arlette Farge (1991) en La atracción del archivo, las fuentes no hablan por sí solas, sino que adquieren sentido al ponerlas en relación con otras. Esta suma sistemática de evidencias permite, en términos de Marc Bloch (1949), comparar los testimonios para verificar su coherencia, logrando así validar o descartar las hipótesis de trabajo.
La incorporación de nuevos documentos y testimonios enriquece el proceso hermenéutico. Como planteaba Paul Ricœur (1985) en sus estudios sobre narratividad, la interpretación no se agota en la lectura del texto final, sino en la configuración y resignificación que surge al poner en diálogo las partes con el todo. La suma de estas evidencias contextuales y textuales permite finalmente clausurar o reformular las hipótesis de sentido.
Pampa y llanura.
Hay varios términos que se relacionan con una parte de la obra de Jorge Luis Borges, en tanto definición, proyección e imaginación, que son “llanura” y “pampa”. Se encuentran presente tanto en su propia creación como en indagaciones de y sobre la literatura nacional. Para el autor de Ficciones la llanura y la pampa no son meras referencias geográficas, sino espacios metafísicos, mitológicos e infinitos que estructuran gran parte de su universo literario. Aunque fue un escritor urbano y cosmopolita, ligado a las calles y arrabales de Buenos Aires, vio en la inmensidad de la llanura pampeana el reverso exacto de la ciudad: un territorio elemental donde el tiempo parece detenerse y los hombres se enfrentan a su propio destino.
En ese sentido, Julio Premat, en Borges. La reinvención de la literatura (Paidos, 2022), discierne que la Buenos Aires “que Borges pretende ‘fundar’ no es la de la modernidad, no es la del centro, con su muchedumbre abigarrada, ni tampoco la de los flamantes grandes edificios o la de las avenidas abarrotadas de automóviles y tranvías, sino la de los márgenes, la de los suburbios, la de las fronteras, esos espacios serenos y llanos en los que la urbe entra en contacto con el campo cercano pero también con el pasado -o, según él, con una forma de eternidad-”. Entonces, se va vinculando una terminología cargada de percepciones, como llanura, pampa, suburbio, frontera y eternidad, dándole asidero a un proyecto literario que se contorsiona entre aquellos precursores fundantes de la Patria y las invenciones de los hacedores emergentes de una literatura universal.
En esa línea, Harry Almela, en el artículo “Borges forever” (Espéculo, 1999), resalta que “Borges revalora lo nacional argentino (y específicamente lo marginal) en aras de la universalidad. Varios ensayos de este volumen -se refiere a El tamaño de mi esperanza, 1926- apuntan en ese sentido: El Fausto criollo, La pampa y el suburbio son dioses, Carriego y el sentido del arrabal, Las coplas acriolladas. Son temas que luego serán recurrentes en su obra posterior. En cuanto a sus ensayos, aparece en Evaristo Carriego (1930), El Martín Fierro (en Discusión, 1932), La poesía gauchesca, El escritor argentino y la tradición (en Discusión, 1957)”.
Pampa es Patria.
En el poemario Luna de enfrente (1925) la presencia de las palabras pampa y llanura definen gran parte del tono criollista y la exploración del paisaje suburbano argentino que caracteriza a sus primeras obras. Si bien la llanura es un concepto omnipresente en el imaginario del Borges joven (el contraste entre las calles de Buenos Aires y el infinito que empieza en los suburbios), en los poemas de la primera época funciona como un sinónimo conceptual, o fondo geográfico, y “pampa” será repetida verso tras verso.
La palabra patria es otra de las piezas esenciales y aparece de forma explícita y significativa. Fiel a su estilo temprano, Borges prescinde de los símbolos patrios tradicionales (como banderas o himnos) y redefine la patria a través de la intimidad, la memoria familiar y las tradiciones orilleras.
Encontramos en ese libro del ‘25 la mayor gradación de significantes en el poema “Al horizonte de un suburbio”: “Pampa:/ Yo diviso tu anchura que ahonda las afueras,/ yo me estoy desangrando en tus ponientes./ Pampa:/ Yo te oigo en las tenaces guitarras sentenciosas/ y en altos benteveos y en el ruido cansado/ de los carros de pasto que vienen del verano./ Pampa:/ El ámbito de un patio colorado me basta/ para sentirte mía./ Pampa:/ Yo sé que te desgarran/ surcos y callejones y el viento que te cambia./ Pampa sufrida y macha que ya estás en los cielos,/ no sé si eres la muerte. Sé que estás en mi pecho”.
Algunos otros ejemplos que revalidan la lectura, en el poema “Calle con almacén rosado”: “Aquí otra vez la seguridad de la llanura/ en el horizonte”; en “El General Quiroga va en coche al muere”: “como la estaca pampa bien metida en la pampa”; en “Dulcia Linquimus Arva”: “Sabiduría de campo afuera la suya/ la de aquel que está firme en el caballo/ y que rige a los hombres de la llanura”; en “Cualquier tarde”: Hube paz de suburbio:/ vi la pampa tirada igual que un soguerío”.
Y patria aparece en “Jactancia de quietud”: “Hablan de patria./ Mi patria es un latido de guitarra, unos retratos y una vieja espada,/ la oración evidente del sauzal en los atardeceres”, o en la famosa “Oda compuesta en 1960”: “Patria, yo te he sentido en los ruinosos/ ocasos de los vastos arrabales”. En la primera edición de 1925 figuraba un poema titulado precisamente “Patrias”, aunque Borges decidió suprimirlo en las ediciones posteriores de sus Obras Completas, el texto original expandía su deseo por los elementos fundamentales de su tierra: “Quiero la casa grande,/ la orillada de un patio/ con sus leguas de cielo y su jeme de pampa”.
Hay una vivencia profunda que jalona el imaginario borgeano, en donde irrumpen estos elementos significativos: pampa, patria y horizonte. Varios diversos interlocutores (Néstor Ibarra, María Esther Vázquez) registran la anécdota con el escritor francés Pierre Drieu La Rochelle: “Recuerdo que íbamos caminando con Drieu La Rochelle por el campo, cerca de la noche. De pronto escuchamos el galope de unos caballos en la oscuridad, un tropel invisible sobre la tierra llana. Nos detuvimos a escuchar y yo le dije: Eso es la patria, carajo” (Vázquez, Borges: Esplendor y Derrota, 1996). Patria, llanura, pampa u horizonte conforman ese ideario fundacional borgeano, incluso él mismo lo repone en el homenaje que se le brinda a Victoria Ocampo en la sede central de la Unesco el 5 de mayo de 1979: “Recuerdo que salimos a caminar por los arrabales de Buenos Aires. No sé si era por Chacarita, por el puente de Alsina, por Barracas, no recuerdo muy bien dónde, pero de pronto sentimos la cercanía de la llanura, de pronto sentimos la gravitación de la llanura. Habíamos dejado las casas y estábamos entrando en el campo, entonces Drieu dijo una cosa que no recogió en ningún libro, pero que es la definición de la llanura, que todos los escritores argentinos hemos buscado, con la cual no hemos dado. Fue necesario que aquel normando viniera y nos la dijera. Dijo: ‘Vertige horizontal’, es la expresión magnífica, una hermosa metáfora” (Sur, Nº 349, enero-junio de 1980). Para Borges, la síntesis de Drieu La Rochelle capturó en dos palabras exactamente aquello que él venía teorizando en ensayos como “La pampa y el suburbio son dioses” (1926) y “La Pampa” (1927): la fisonomía metafísica, llana e infinita del espacio argentino.
Las Pampas.
Estos dos textos enunciados de Borges dialogan y se yuxtaponen no sólo por la fecha de escritura y publicación, sino también por las ideas que desarrolla. En el ensayo “La pampa y el suburbio son dioses” (Proa, enero de 1926) explora la identidad argentina primitiva, mítica y esencial a través de la sacralización de dos espacios geográficos y culturales fundamentales: el arrabal (o suburbio) y la pampa. Justamente en ese texto pregunta e indaga: “Pampa. ¿Quién dio con la palabra pampa, con esa palabra infinita que es como un sonido y su eco? Sé nomás que es de origen quechua, que su equivalencia primitiva es la de la llanura y que parece silabeada por el pampero. El coronel Hilario Ascasubi, en sus anotaciones a Los mellizos de la flor, escribe que lo que el gauchaje entiende por pampa es el territorio desierto que está del otro lado de las fronteras y que las tribus de indios recorren”.
En el artículo “La Pampa” (La Prensa, 27 de marzo de 1927) vuelve sobre temas abordados en el ensayo que integra, también, el libro El tamaño de mi esperanza: “Yo escribí alguna vez -y vuelvo a escribir- que las dos poesías que manifiestan la realidad argentina son el arrabal y la pampa [...] Quiero dejar escrito sencillamente que la pampa y las afueras son enternecedoras de todo mirar argentino y son patrias manifiestas de nuestro sentir [...] Por consiguiente no es demasiada transgresión que la pampa, que vale por más de pocas llanuras, sea multiplicada en las pampas y que edifiquemos una representación total de muchas parciales.
Lo cierto es que el más evidente atributo de la pampa es la grandiosidad [...] De nuestros escritores ¿cuál miró primero la pampa?
Sarmiento se jactó alguna vez, con justicia probable y con sinceridad manifiesta, de ser el fundador de su nombradía [...] hemos de cuidar que la larga sombra del todavía tan fornido Sarmiento no tape demasiado las intenciones o realizaciones de Juan Godoy, de Echeverría, del coronel Hilario Ascasubi. Las de este último, que yo sepa, no han sido aventajadas por nadie [...] La pampa está definida directamente por su grandeza, en otro Santos Vega que no es de Ascasubi, el de Rafael Obligado [...] La pampa es única. Su visión es sustancialmente igual en los más alejados lugares: una e indivisible la he visto en la gobernación de su nombre y en nuestra provincia y en la puntita del suburbio. Estuvo en el corredor de una chacra y en todas las tardes redondas sobre el Quequén y en una caminata por la noche dura y desgarrada de Puente Alsina y en muchas caminatas por las tardecitas lacias de Urquiza y en toda lejanía de Buenos Aires y en el Chubut.
Desde la plataforma de un Lacroze (Triunvirato abajo) la he visto, con sentimiento no menos reverencial que cerca de Chanilao, desde un galpón frente a la lluvia, en plena efectuación de tormenta. Yo sé que cualquier lugar de la pampa es congregación de todo el cielo y toda la tierra. El concepto general de ‘sierra’ es falsísimo: un monte es tan distinto de otro monte como de un llano.
La pampa sí que existe, la pampa tiene la omnipresencia fácil de Dios.
De ella ha surgido la mitad de nuestra poesía. (La otra, la de Estanislao del Campo, la de Evaristo Carriego, la casi totalidad de la actual, es cosa ciudadana, porteña.) Pampa, moneda de Dios, moneda de eternidad: danos tu austeridad y tu llaneza y no tu desdén”.
Chanilao.
En el marco del 119º aniversario de Ojeda se inauguró la “Sala Manuela Bulnes” del Museo Histórico Chanilao en las instalaciones de la Biblioteca Popular Sebastián Dalmasso, y el sitio arqueológico correspondiente al antiguo Hotel de Soto, construido a principios del siglo XX. La propuesta ha sido impulsada por la Municipalidad de Alta Italia, bajo la gestión del intendente Hernán Luis Gaggioli, y el grupo Arqueología Rural Pampa, equipo de arqueólogos del Instituto de Arqueología de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, integrado por Virginia Pineau, Guadalupe Fernández, Ariana Andrade, Laura Sinka, Casandra Ragusa, Juan Tripicchio, Juan Cuenca, Agustín Gassmann y Gonzalo Alzaibar Castro, con el objetivo de recuperar y preservar parte de la historia de la región. Además, como sabemos, Jorge Luis Borges estuvo en el lugar, cuando llegaba a la estación para visitar la estancia Uncoyén (Vértiz) y que dejó constancia de esos viajes, en una de sus notas en el diario La Prensa.
* Colaborador
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