Miércoles 17 de abril 2024

“El arte público mejora la calidad de vida”

Redaccion Avances 31/12/2023 - 06.00.hs

La reconocida historiadora del arte María del Carmen Magaz nos habla de los monumentos de Buenos Aires y de la importancia que tienen en la vida diaria de las personas que poblan los espacios públicos.

 

María Evangelina Vázquez *

 

María del Carmen Magaz es Doctora en Historia (con orientación en Arte Público) por la Universidad del Salvador. Licenciada y profesora en Historia del Arte por la Universidad de Buenos Aires. Obtuvo becas de investigación de la Comisión Fulbright, en la George Washington University, y una beca post doctoral en Dumbarton Oaks, Harvard University, USA, sobre los temas del Arte Público y la legislación. Es profesora emérita por la Universidad del Salvador en los posgrados de Curaduría en Arte Contemporáneo. Es autora de numerosas publicaciones entre las que podemos mencionar la serie de Monumentos y Esculturas de Buenos Aires. Espacios simbólicos y arte público. Palermo (2013); Recoleta (2021 ); y su libro más reciente: Belgrano, Retiro y Puerto Madero (2023).

 

En esta entrevista hablamos sobre la necesidad de valorar y proteger el arte público.

 

 

- ¿Cómo empezaste a especializarte en los monumentos, en el arte público?

 

- Hace más de treinta años el Instituto Histórico de la entonces Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires estaba interesado en publicar algo sobre los monumentos y esculturas de la ciudad, yo estaba trabajando ahí y entonces surgió la idea -como era historiadora- de hacer el primer libro que publiqué, que fue una historia de monumentos y esculturas, pero centrado en la Plaza Lavalle, el Parque Lezama y en la Plaza San Martín. Y a partir de allí realmente surgieron proyectos de investigación en lo que era el IUNA, acá en la Universidad de El Salvador también hice varios proyectos de investigación sobre arte público y, de alguna manera, me fui especializando. También tuve dos becas en el exterior -una de Harvard- donde estudié el arte público en otros países y sobre todo la legislación también, porque yo formaba parte del Senado como asesora de la legislatura y entonces necesitaba también ese apoyo desde lo legal para ver cómo funcionaba este tema del patrimonio escultórico.

 

 

- ¿Cómo hacer para que el patrimonio público y que los monumentos sean protegidos y que no sean vandalizados?

 

- Es un tema álgido, un tema conflictivo, porque lo que se hace habitualmente para protegerlos es enrejarlos, poner rejas. Yo no estoy a favor de las rejas porque pienso que hay un distanciamiento entre la escultura y el espectador, se alejan, es como si se encerrara en prisión a los monumentos. Yo soy más amante de los blindex -por ejemplo- como se hizo con la fuente de Lola Mora que se la rodeó de blindex de manera tal de que el espectador, si bien hay una barrera... porque el vandalismo realmente es un tema muy difícil de controlar; hay distintos tipos de vandalismo: el vandalismo organizado, donde hay toda una estructura para la venta de los metales preciosos -como el bronce- y entonces hay organizaciones que a veces directamente arrancan la escultura y la venden en el exterior, o simplemente funden el metal y lo venden por kilo. Después está el vandalismo a veces destructivo, porque sí, porque la sociedad no está conforme con ella misma y entonces destruye lo que tiene en el espacio público sin darse cuenta que le pertenece y entonces no lo cuida.

 

Yo siempre digo -y por eso me dedico a tratar de difundir lo más posible- que uno no ama y cuida lo que no conoce, entonces, de alguna manera, creo que difundir a través de publicaciones o a través de programas lo que tenemos, lo valioso que es y que es de todos, eso es como un primer paso muy importante.

 

 

- ¿Los personajes homenajeados han ido cambiando a lo largo del tiempo?

 

-Sí, por supuesto, mucho. De alguna manera, si tomamos por ejemplo el papel de la mujer, podemos decir que la mujer como aparece en la escultura desde el contexto internacional y hasta nosotros, cuando comienzan las esculturas en nuestra ciudad a partir del siglo XIX, primero tenemos a una mujer dentro de la mitología, ahí están las Dianas Cazadoras, las Venus, el desnudo femenino era muy importante y ese canon de belleza neoclásica de una Canova, por ejemplo, es lo que primaba en el siglo XIX, comienzos del siglo XX y a veces -ya casi no- se continuó utilizando como alegorías que acompañan, por ejemplo, a los monumentos.

 

Luego vino el papel de la madre, la mujer como madre fue, sobre todo, en el período peronista, una enorme cantidad de monumentos a las madres, por ejemplo, Luis Perlotti que era un escultor que tenía -no podría decir la cantidad exacta- pero sí quince, veinte variaciones de las maternidades, de la madre. También hay madres famosas como la de Domingo Faustino Sarmiento, doña Paula Albarracín; y después se comenzó de a poco a considerar a la mujer dentro de las guerras de la independencia, por ejemplo, la esposa de San Martín, Remedios de Escalada, ahora tenemos el caso de Juana Azurduy, hay varios casos en este momento donde se está rescatando a la mujer no ya como madre o como figura de canon estético de belleza ideal o decorativa, sino ya como personalidades o personajes importantes para la historia argentina.

 

Y continuamos con la representación de la mujer dentro de la cultura, dentro de la medicina también, es decir que de alguna manera la mujer va avanzando de a poco en cuanto a la manera de ser representada, hasta la actualidad.

 

 

- ¿Y los ídolos populares también se fueron incorporando?

 

- Sí, esto fue un proyecto del Gobierno de la Ciudad que comenzó hará unos quince años, aproximadamente, donde comenzaron no en la zona norte de la ciudad sino más bien en la zona centro y sur, que estaba más despoblada de esculturas, porque podemos decir que Recoleta y Palermo son los dos sectores o territorios de la ciudad que tienen mayor densidad patrimonial y en cambio van descendiendo hacia la zona sur, entonces me parece muy válido lo que propusieron que es armar sectores en estos nuevos espacios de Puerto Madero -por ejemplo- o también en San Telmo, donde se acercara la escultura pero con ídolos populares. Tenemos el Paseo de la Gloria, por ejemplo, en toda la costanera de Puerto Madero donde están todos los deportistas -todos los deportes representados- y tienen otra forma de representarlos: no los ponen en pedestales, no los ponen alejados del público, sino que los ponen a la altura del espectador, el espectador los puede tocar, los puede recorrer, pero igual el vandalismo existe, por ejemplo, Messi o Maradona han sido vandalizados y retirados infinidad de veces. Y otro de los proyectos que se hizo fue el Paseo de la Historieta, que realmente atrae mucho al turismo y también a los habitantes de la ciudad, porque de alguna manera uno ve a Mafalda, uno ve a Don Fulgencio y a todos esos personajes que, al menos la gente mayor leyó en su adolescencia y que ahora están en contacto... porque además muchas veces se les pone un asiento para eso de las selfies.

 

Y también tenemos el Paseo de los Artistas en la Avenida Corrientes -donde está Olmedo con su sillón- y a la gente le parece divertido, se sacan fotos y es una manera de acercar al arte público a los ídolos populares, que la gente no sienta que el monumento representativo es algo alejado, algo fuera de su contexto y que tenga a alguien que ve en los diarios o que ve en la televisión o que, de alguna manera, es su ídolo o referente.

 

 

- ¿Cuál es la importancia de un monumento para la identidad de una nación?

 

- Yo creo que el arte público es, en definitiva, el reflejo de lo que somos, porque es nuestra historia, es nuestra manera de pensar, lo que queremos legar a la posteridad, es decir que hay toda una intencionalidad en el monumento, no tanto en la escultura en sí, pero sí que nos identifica obviamente porque traslada a una escultura la manera de pensar de una época.

 

Y lo interesante de esto es que conviven distintas épocas de la escultura, desde el siglo XIX hasta la actualidad. Y conviven bien, yo siempre digo que no se oponen, al contrario, yo creo que conviven muy bien.

 

 

- Y de esa manera el público como que se apropia del patrimonio, ¿verdad?, al verse reflejado.

 

- Sí. Algo que una vez hicimos acá -en la Universidad de El Salvador- fue una encuesta hace muchos años, salimos con estudiantes un fin de semana a los parques y a las plazas a preguntarle, a los que estaban jugando y sentados allí, si esa escultura... primero si la conocían. En la mayoría de los casos no la conocían, porque si hay algo que falla... ahora con los nuevos monumentos sí se está solucionando, pero lo que falla con los anteriores es que desaparecieron las placas, se robaron las placas, y entonces no hay una señalética; están comenzando a colocar QR, que está muy bueno, porque es importante saber quién está representado allí y por qué está representado allí. Entonces si bien la mayoría dijo que no conocía quién era ese héroe -anduvimos mucho por la zona de Palermo- le preguntamos si mejoraba la calidad de vida, de su vida. Y todos, en un noventa y nueve por ciento, dijeron que sí. O sea que la gente, los habitantes de la ciudad, los porteños, en particular donde hicimos la encuesta, piensan que al arte público mejora la calidad de vida.

 

 

* Colaboradora

 

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