El tilín tilín de la miyadura
Un relato que describe una situación que claramente viven muchísimas personas día a día en nuestro país. Sin dar nombres -ni siendo necesario- podemos imaginar al personaje que protagoniza esta historia y todo su contexto.
Juan Aldo Umazano *
Este mes de agosto, se hace más largo que julio. No hace falta ser economista para darse cuenta. Con solo manejar el sueldo de todos los meses suficiente. Él quería seguir trabajando, pero todos le dijeron; ya trabajaste. Ahora hay que pasear. Cuando escuchó pasear, recordó aquellos lugares que había deseado conocer y los fue postergando.
Caminaba con esos pensamientos, escuchando las pocas monedas que le tintineaban en el bolsillo que le borraban aquellos momentos y se reprochaba no haber actuado de otra manera. Cada mes compraba menos en la despensa. Este gobierno era muy distinto a los anteriores que había votado.
A veces el pueblo peca de inocente, como ahora que debe soportar esa mentira y como única solución es salir a las calles con banderas, tambores y grandes carteles para que aparezcan por televisión, como hacen en Buenos Aires. Pero la realidad era que con esas monedas, sólo podría comprar dos pancitos, y el doctor le había prohibido la sal y el azúcar. Cuando se le terminara el frasco de mermelada dietética, comería solo ese pan nuestro de cada día, porque no podía comprar el medicamento. Para colmo vivía en un pequeño pueblo donde todos se conocían, y le fiaban en la despensa. Pero cada vez se le hacía más difícil pagar. El mes ya no tenía 30 días sino 15.
Del 16 al 30 o 31, estaba abandonado a su suerte. Entonces aparecía la solidaridad de algunos vecinos. Muchos le daban monedas sin que él se las pidiera. Otros, cuando lo veían acercarse y como no podían ayudarlo, entraban a su casa reprochándose, yo no puedo. Nunca le había pasado esto. Sus bisabuelos le habían contado porqué ese dicho de “polenta con pacarito”. Pero en este momento, aquí no hay guerra. Sí, una económica con un adversario que ellos mismos son su propio enemigo, y lo votaron. Ya no estaba aquel presidente que había dicho, que para saber cómo marcha la economía, había que preguntarles a las amas de casas, que tienen la verdad. Pero hoy, con este gobierno, la gente fue traicionada de tal manera que a los mayores les pasa lo mismo. Y vienen en suba las desgracias, porque hasta los que no son mayores, pueden soportar esta situación.
Muchos de ellos no tienen trabajo. Si todas las personas tuvieran trabajo, seguro no habría esta inflación. Esta inflación, que según los que entienden, saben que es mentira. Es como montar un chancho diciendo que es un caballo. Había sido relojero y la pensión no le alcanzaba para llegar a fin de mes. Miró la hora en su reloj que guardaba en el bolsillo, reloj que no quería vender porque era recuerdo de su padre, y se acordaba del tango “Antiguo reloj de Cobre” pero con otro final porque en este pueblo no hay banco de empeño. Tendría que ir a la despensa y entregarlo por parte de pago. Siguió caminando mientras escuchaba el tilín tilín de las pocas monedas que le quedaban. Compró, y después que pagó, se fue silencioso hacia su casa.
Mientras lo hacía pensaba cómo compraría al día siguiente. Menos mal que tenía hijos. Pero ellos también la estaban pasando mal porque vivían de changas. Y changas ya no había como antes. Pensó que con esa manera de comer, adelgazaba. Cada vez caminaba más lento, pero no debía aflojar.
* Escritor, actor, titiritero
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