Viernes 27 de mayo 2022

Entrevista con María Rosa Lojo, abrir ventanas en muros compactos

Redacción 20/02/2022 - 00.53.hs

La escritora visitó Santa Rosa junto al periodista Alejandro Seselovsky, en el marco de una investigación sobre Lucio V. Mansilla y “Una excursión a los Indios Ranqueles”. Lojo contó a CALDENIA que este viaje es un broche de oro para una aventura que comenzó hace más 30 años.

 

Ana D’Atri *

 

La escritora argentina María Rosa Lojo pisó suelo pampeano hace poco más de una semana, acompañando al periodista e investigador Alejandro Seselovsky, quien se encuentra tras los pasos de Lucio V. Mansilla para una reedición que se hará del libro “Una excursión a los Indios Ranqueles”. Dicha publicación buscará determinar qué sucedió con el pueblo ranquel luego del paso de Mansilla.

 

En esta oportunidad, María Rosa fue invitada debido a su larga investigación sobre el tema hace más de 30 años cuando, junto a su marido y dos de sus hijos, realizó el camino de Lucio V. Mansilla para poder escribir la novela “La pasión de los nómades” (1994).

 

Durante todos estos años, la escritora mantuvo una relación epistolar con el investigador pampeano José Carlos Depetris, gran conocedor del tema en cuestión y quien le aportó muchos datos a Lojo. En la reciente visita de María Rosa a Santa Rosa, finalmente pudieron conocerse de forma personal.

 

“Este viaje para mí es el broche de oro de una aventura que empezó hace más de 30 años. Yo hice mi primer viaje a esta zona siguiendo los pasos de Lucio Mansilla en ‘Una excursión de los Indios Ranqueles’ porque estaba escribiendo mi novela. Ahí fue cuando necesité hacer de vuelta la excursión, porque la hipótesis de la novela, ficcional, es que Mansilla vuelve como fantasma en 1992 sobre su camino de los ranqueles. Es un fantasma transhistórico que de alguna forma no ha quedado conforme con su actuación en este mundo, con el papel que le tocó desempeñar en la historia, tiene asignaturas pendientes y por eso vuelve. Porque no hizo las cosas bien o porque no actuó según aquello que vio”, comenta Lojo desde una de las salas de estar de La Campiña. “Mansilla tiene, entre otros hombres de su época, la particularidad de haber pensado en un plan b para la Argentina de aquellos momentos, para su mapa de conflictos. En la época en que escribe ‘Una excursión a los Indios Ranqueles’, en 1870, piensa en la posibilidad de una integración, cosa que después abandona, se hace padrino de los hijos de los caciques y después ese vínculo se borra, es casi como si no hubiese existido. Aunque sabemos que no, porque hay testimonios como el de Miguel Angel Cárcano hijo que lo visita cuando está ya viejo viviendo en París. Cárcano le pregunta por la excursión a los indios ranqueles y Mansilla le dice que le va a contar de primera mano hechos atroces cometidos por ciertos prohombres argentinos en contra de los pueblos indígenas, que demuestran su incapacidad para comprenderlos y para manejar la situación y le pide a su mujer, Mónica Torromé, que le traiga el poncho que le ha regalado Mariano Rosas, tejido por su mujer principal. El poncho está en una caja, envuelto con cintas de seda pero cuando lo abren resulta que está todo perforado por las polillas y nadie se ha dado cuenta. Eso es una escena muy simbólica, los agujeros en la memoria, cómo lo más valioso del pasado de alguna manera se lo está comiendo el tiempo. Mansilla se derrumba en un sillón y empieza a llorar. Ahí termina el testimonio de Cárcano”, relata.

 

La escritora destaca lo multifacético de la figura de Mansilla. “Se adelanta en su tiempo en muchas cosas, mira a estos pueblos casi como los miraría un antropólogo. Es un hombre exhibicionista y narcisista pero no es solo eso, porque a través de su voz se escuchan las voces de los otros. El nos tiende un puente, nos abre un canal, es como un ventrílocuo, y eso me interesó retrazarlo en esta novela que es fantástica y realista”, explicó.

 

Velo de oscuridad.

 

A lo largo de los años, Lojo ha sido premiada en varias ocasiones; los reconocimientos más recientes son el Gran Premio de Honor 2020 de la Fundación Argentina para la Poesía y en el 2021, la Medalla Europea de Poesía y Arte Homero.

 

Varias de sus obras se caracterizan por la mezcla de lo histórico (real) con lo ficcional. Ejemplo de esto es la novela “La pasión de los nómades”, trabajo que la trajo a La Pampa hace más de 30 años. “Yo hice todo ese camino, pero en aquella época lo que no vi fueron ranqueles, no había, nadie se autoreconocía como descendiente de ranqueles. Todo el camino nos llevó por lugares totalmente desconocidos, no turísticos, donde teníamos que estar golpeando las manos y abriendo tranqueras y explicando a los encargados de estancia o a los mayordomos lo que queríamos hacer y que nos dejaran entrar para ver los lugares”, recordó María Rosa.

 

“Hubo experiencias realmente muy curiosas como por ejemplo en zonas como Monte de la Vieja, los lugareños confundían la expedición de Mansilla con la de mi antesesor en los viajes, Carlos Mayol Laferrer, un historiador de Río Cuarto, un experto en historia ranquelina, que había hecho el viaje a principios de los años ochenta y que me dio mucha información, muchos mapas y que escribió un libro que se llama ‘Tras las huellas de Mansilla’. Yo escribí la novela y Carlos está como personaje. Luego ya llegados a La Pampa, a la coronación del viaje que era la laguna de Leuvucó, que era donde habían estado supuestamente Mansilla y Rosas parlamentando, cuando llegamos ahí le comentamos al mayordomo lo que queríamos hacer y él era totalmente escéptico con respecto a que realmente hubiera habido indios en ese lugar. Esa escena real resumía de alguna manera como si fuera una metáfora los procesos políticos de olvido a los que se había sometido a la Argentina, borrándole parte de su ascendencia y de su composición étnica presente, que es lo que sí está aflorando hoy”, destaca.

 

“Entramos a la laguna, vimos una puesta de sol melancólica y ese momento fue simbólico del velo de oscuridad que había en ese momento en nuestra memoria, en la memoria nacional. Los indios eran literalmente fósiles, la calavera de Mariano Rosas estaba tratada como un fósil, y no se veía que todo ese tronco seguía vivo en el presente y ahora para mí es muy importante ir al monumento fúnebre que por fin tiene Mariano Rosas, restituido a la tierra donde él pasó la mayor parte de su vida y donde fue enterrado, y por otra parte, la experiencia de conocer a descendientes de los caciques, que de eso se está encargando Alejandro Seselovsky. Eso a mí me interesa muchísimo porque es lo que yo no vi”.

 

La correspondencia entre Lojo y José Carlos Depetris comenzó antes del 92 cuando la autora buscaba material para su novela. “Ya él me decía en ese momento que se había buscado deliberadamente como proyecto político hacer como una tabla rasa de todo ese pasado originario y él se dedicó toda su vida a rastrearlo”. De ese trabajo surgió el libro que se acaba de republicar, “Los Rostros de la Tierra”, y también antes “Gente de la Tierra”.

 

La muerte.

 

Un tema recurrente en la obra de esta reconocida escritora es la muerte. Sin ir más lejos, su último trabajo, publicado en septiembre del año pasado, es “Así los trata la muerte. Voces desde el cementerio de la Recoleta” (Alfaguara). “Yo he vivido siempre como escritora dialogando con los muertos. Yo creo que los muertos están en nuestro presente, no desaparecieron, tienen una acción sobre nosotros y en eso soy como los chamanes, que los invocan”, explicó ante la consulta de su recurrencia sobre el tema. “Quienes escribimos somos mediadores de esa memoria y el fantasma de Lucio (Mansilla) siempre fue importante para mi, siempre me interpeló y está en este nuevo libro pero desde la perspectiva del fantasma de su mayordomo Manuel Peña, que por fin se libera de la posición de ser un doméstico y adquiere una autonomía, por eso el relato se llama ‘La vida sin Don Lucio’ y es una visión, como diría la historiografía de los márgenes, desde el margen y desde abajo, porque Manuel representa otra dimensión del conocimiento de Mansilla, crítica y afectuosa a la vez. Manuel se independiza y hace otra vida en el siglo XXI”.

 

El libro íntegro tiene que ver con los deseos incumplidos, con las asignaturas pendientes y con las segundas oportunidades, la idea de que no todo acaba con la muerte. “Yo creo que no todo acaba con la muerte, en el sentido histórico porque la historia es una continuidad. Los muertos vuelven, tienen cosas para decirnos, no podemos decretar simplemente ‘esto no existió’, ‘esto ya terminó’, el pasado está siendo continuamente reinterpretado”.

 

Cada relato de este libro tiene como protagonista a alguien que está enterrado en el cementerio de La Recoleta, pero no se limita a ese personaje ni a lo que le pasó en su vida en la tierra. “Si bien el anclaje es la investigación realizada sobre quiénes fueron cada uno de ellos y qué hicieron, la proyección literaria los lleva a una dimensión donde de una forma o de otra van al lugar que se construyeron en sus vidas”. Allí están Victoria Ocampo y Fani (su ama de llaves de toda la vida, convertida en gobernadora de una ínsula), Camila O’Gorman, Lucio V. Mansilla (que no sabe si deplorar o festejar que Una excursión a los indios ranqueles sea un “clásico obligatorio” en las escuelas argentinas), Eduarda Mansilla, José María Calaza (el gran jefe de bomberos de Buenos Aires, de origen gallego), María Victoria Walsh y Dominguito Sarmiento, entre otros personajes ilustres y menos conocidos, pero con una historia trascendente por contar.

 

“Mis obras en general están orientadas a las rupturas, a ver la gente desde un lado en que no estaban vistas y eso tiene que ver con una base que tengo que es la de la poesía. La base desde la cual empecé a escribir, la base en la que estoy parada como escritora y la poesía tiene esa característica, de colocarnos en una dimensión distinta, romper los clichés, la mirada utilitaria, la instalación cómoda en la realidad y mostrarnos un flash distinto, algo que no estaba registrado; me gusta mucho hacer eso con la historia. Abrir ventanas en muros compactos”.

 

* Periodista

 

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