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Domingo 22 de marzo 2026

Forastero en todas partes

Por Redacción 22/03/2026 - 12.00.hs

Lo de que la fama “es puro cuento” depende en mucho de la generación que la considera. Cualquiera que haga memoria sobre un par de décadas atrás no dejará de sorprenderse cuán postergados u olvidados fueron algunos de los famosos de su época.

 

Walter Cazenave *

 

Tal el caso de Luis Acosta García, cercanamente relacionado con nuestra región, aunque para recordarlo haya que rememorar al menos ocho décadas atrás. Además de algunos estudios específicos sobre su personalidad y música, esta suerte de vuelta de Acosta García a la memoria popular de los mayores (parcialmente también en los jóvenes) se debe en buena medida a una de las composiciones de Atahualpa Yupanqui: Cantor del Sur, en la que recuerda época y condición del personaje.

 

Luis Acosta García nació en Coronel Dorrego, provincia de Buenos Aires, en 1895. Desde muy joven eligió el canto y la guitarra como formas expresivas y tempranamente pasó a formar parte del grupo de cantores y payadores que tuvieron mucha vigencia durante el primer cuarto del siglo pasado. Aquel movimiento tenía en muchos de sus componentes una orientación política de izquierda y la expresaba acompañándose con su guitarra en composiciones enmarcadas en lo folklórico y popular, algunas recordadas hasta hoy, por más que el tiempo las va sumiendo en el anonimato. Acosta García adhirió a esas formas tempranamente.

 

 

Cantor proletario.

 

Antes de asumir el canto social y la cultura popular se desempeñó en las tareas rurales de su zona. Inicialmente se unió a un circo que recorría la región; allí desarrolló una faceta artística singular ejerciendo el rol de payaso. Vale la pena destacar una circunstancia curiosa: su actuación en ese personaje la hizo bajo el nombre de Pérez Gil, un protagonista ingenuo y algo tonto que rápidamente prendió en el favor del público, al punto de que apocopó el nombre en “perejil”, palabra empleada hasta hoy para designar a personas con esas mismas condiciones. Después emprendió su camino errante, que lo llevó a los ámbitos payadoriles de la Capital Federal.

 

Una décima del también payador Martín Castro lo evoca así:

 

 

“Yo lo conocí trovero

 

cuando recién llegó al pago,

 

le decían como halago

 

el payador dorreguero;

 

al poco tiempo el llanero

 

dejó de ser payador,

 

desde entonces fue cantor

 

de la masa proletaria,

 

del insurrecto y del paria,

 

del linyera y del pastor”

 

 

En la anterior presentación del personaje se justifica una explícita relación con nuestra provincia, expresada en una estrofa del poema de Yupanqui que dice:

 

 

“La fama le fue creciendo

 

de Dorrego a Realicó,

 

de Bahía a Santa Rosa,

 

del Bragao a Pehuajó”

 

En Santa Rosa.

 

Por lo que consta en los archivos de comienzos de siglo del diario santarroseño La Capital (rescatados en un compendio del licenciado Germán Cazenave) este cantor del sur estuvo en Santa Rosa a comienzos en el año XXXX. Bajo el título de “Payador Luis García” dice un suelto de esa publicación: “Se encuentra entre nosotros el payador y poeta popular Luis García, quien nos hará sentir sus improvisaciones en el teatro Cine Florida.

 

Luis García según los juicios críticos que hemos examinado a través de los diarios y revistas de los diversos puntos del país donde ha actuado, es un trovador de alma delicada que sabe imprimir a sus versos la galanura de un estilo eminentemente criollo y de una melodía suave y espontánea.

 

El mérito está en la improvisación de los versos en (…) los versos surgen de su mente (…) cadenciosos y sabe sacar partidos de los más variados temas.

 

Creemos que ante nuestro público ha de confirmar los prestigios de que viene rodeado”.

 

Después de la presentación, y corroborando lo dicho, el diario publica un comentario elogioso; también un soneto de autoría del payador en el que a través de sus expresiones y contenidos da la pauta que la visión de aquellos troveros era -o pretendía ser- muy amplia.

 

 

Trovador de buena cepa.

 

Anoche debutó en el teatro Cine Florida el payador argentino Luis García ante numeroso público que lo acogió con vivas muestras de simpatía.

 

Tuvimos ocasión de oír sus improvisaciones, las que a decir verdad, nos han impresionado gratamente por la expontaneidad (sic) en el pensamiento y por la rápida concepción en la concreción de las ideas, lo que lo coloca entre los trovadores de buena cepa.

 

En sus improvisaciones tuvo frases amables para con esta dirección, recordando así mismo con cariño al señor (…) nuestro malogrado director.

 

Con una flexibilidad de expresión desarrolló varios diversos temas que le proporcionaba el público, a quien sorprendía con pasajes felices de su numen creador.

 

Cantó diversas trovas de corte criollo arrancando de las cuerdas de su guitarra quejumbrosas vibraciones que se confundían con el sentimiento que brotaba de los versos de su alma, sensible y vigorosa.

 

Los aplausos cosechados por el payador García fueron bien merecidos y debe estar satisfecho que el público que lo escuchó ha sabido interpretar sus dotes de cantor de nuestras pampas.

 

Seguramente llamará la atención del lector de esta nota el hecho de que el nombre del protagonista tenga una deturpación al ignorar el primero de sus apellidos, Acosta. Para esa circunstancia no parece haber otra explicación que atribuirla a una información incompleta por los redactores del diario, ya que por la época los datos de promoción se hacían personalmente o, a lo sumo, por impresos. De lo que no parece haber dudas es de la identidad del personaje, más allá del apellido compuesto, Acosta García siguió con su trashumancia musical y poética por el país, especialmente la región pampeana. Falleció en 1933, a los 38 años.

 

 

Acorde con su pensamiento.

 

Su indudable vocación anarquista y popular (que seguramente debió indisponerlo con las clases conservadora de su tiempo) puede sintetizarse en la última estrofa de su milonga El indio:

 

“Aquel altivo guerrero

 

Después que pasó la guerra

 

Tan solo al pensar se aterra

 

Porque vio lo verdadero;

 

al ver que, tan altanero

 

peleó por su patria fiel

 

y no había otro laurel

 

para su sien de argentino

 

que llorar bajo de un pino

 

de un campo que no era de él.

 

* Colaborador de Caldenia

 

 

El instinto

 

No era el vacío cuando fue natura

 

tiniebla creadora de vitales

 

que los vientos formaron desiguales

 

para formar la nebulosa impura.

 

 

Lucha titánica escena insegura

 

conquistando las fuerzas naturales,

 

que hechas trizas o en globos colosales

 

se vieron con volcanes en la altura.

 

 

La reacción, la inercia, fundamento

 

del descanso normal de aquel momento

 

el mar por las montañas extendía;

 

Y el instinto, la ley del movimiento,

 

separando elementos se imponía

 

hasta crear la voz del pensamiento.

 

 

Cantor del sur

 

por Atahualpa Yupanqui

 

 

Anduvo de pago en pago, y en ninguno se quedó.

 

Forastero en todas partes, destino de trovador.

 

Un día le pidió al viento que lo hiciera payador

 

y el viejo viento surero los secretos le enseñó,

 

y le llenó la guitarrra de cantos en mi menor.

 

 

Bajo el ombú solitario como un gaucho meditó;

 

probó su voz en la cifra, en rasguidos se encendió,

 

en la milonga surera serios asuntos trató,

 

y alzando poncho y vigüela de su rancho se alejó,

 

y anduvo de pago en pago, y en ninguno se quedó.

 

Le fue creciendo la fama de Dorrego a Realicó,

 

de Bahía a Santa Rosa, del Bragado a Pehuajó,

 

pasó por el Pergamino, allá por el veintidós,

 

cruzó la tierra entrerriana con rumbo al Guayquiraró,

 

tal vez pa’ pitarse un chala bajo los ceibos en flor,

 

y anduvo de pago en pago, y en ninguno se quedó.

 

Tanto torearlo al destino, el destino lo pialó:

 

volvía buscando pampa, como vuelve un trovador,

 

contemplando las gramillas, por esos campos de Dios,

 

volvía buscando pampa, como vuelve un trovador,

 

rico de lindas riquezas: guitarra, amigos, canción.

 

En la mitad del camino se le cansó el corazón

 

y entró de golpe al silencio, y el silencio lo tapó.

 

 

Lo mentaron algún tiempo el peón, el estibador,

 

el hombre de siete oficios, los paisanos del frontón,

 

y como la vida tiene su ley y su sinrazón,

 

le fue llegando el olvido, y el olvido lo tapó.

 

Don Luis Acosta García se llamaba el payador,

 

hombre nacido en Dorrego y que mucho trajinó.

 

Hombre de lindas riquezas: guitarra, amigos, canción;

 

don Luis Acosta García: ¡lindo nombre pa’ un cantor!

 

que anduvo de pago en pago y en ninguno se quedó.

 

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