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“Huaytiquina”, la canción

Redaccion Avances 08/11/2026 - 12.00.hs

Cada canción esconde una historia. Y “Huaytiquina”, de Eduardo Falú y César Perdiguero no es la excepción. En este artículo el autor explica su origen, su conexión con la región andina y un antiguo puesto de montaña.

 

Ernesto del Viso *

 

La canción en su vasta funcionalidad, tiende puentes entre lo que uno puede inferir o sencillamente ignorar; pequeños manuales de: Geografía, Paisajística, Historia regional, Costumbrista, tratados de Sociología y de perfiles humanos.

 

Uno la debe recibir con respeto, con ademán de entrega, con espíritu de conocimiento. Ponerla en lo alto de nuestra expectativa para que nos diga su relato, que tal vez llegue de leguas o de acá nomás, de la Comarca.

 

Muchas veces lo hace con un toque de universalidad, amplia, acogedora de un decir total, voz de todas las Patrias. Entonces al recibirla, reposa en nuestros sentidos para hacerse realidad para continuar sabiéndose viva, necesaria.

 

Vuelo libre, más allá de la memoria, contra los olvidos. Es un pajarillo que compila el cantar de los pueblos, sus añoranzas, sus reclamos, alegrías. Si ella es verdad en su mensaje, anidará el corazón de los hombres y mujeres del mundo, proyectándose en las nuevas generaciones.

 

El idioma que elige para trasmitirse no siempre coincide con el que la escucha, pero no resulta pared infranqueable para que no podremos entenderla y adentrarnos en el significado de su texto.

 

Hace muchos años, el gran Atahualpa Yupanqui -cuando no, ¿nuestro maestro, no?- cantó para su familia una bella como tristísima historia, que su paso, siempre rastreador y mundano, había hallado en algún país de la guerra, en época de pos-guerra. La canción se llama “Esmaranda”. La podemos escuchar en la colección de “Testimonio”, que en los años 90 la Fundación AY. editó en número de tres. Es precisamente, en el último, donde se compilan todas versiones de entrecasa, hallamos “Esmaranda”. Su melodía bella y lánguida, expresiva en lo acentuado, recorre un no breve sendero hasta arribar al texto dicho en idioma original con que la escuchó Atahualpa a fines de los años 40, en su primer exilio europeo.

 

La canción relata la triste historia de una joven campesina rumana de nombre “Esmaranda” o sea “Esmeralda”. En el día de su casamiento, saliendo del registro correspondiente que asentaba ante la ley la consagración de su casamiento con aquel amor, ambos sembradores de maíz, como sus padres y tíos también, de pronto la aldea es usurpada por camiones que transportaban soldados nazis. Sin más decir, Esmaranda, de supuesto origen judío, es secuestrada, violada y asesinada.

 

Recuerda el cantor, los dones de gran bailarina de esa chica. “La fiesta sin ella, no era fiesta, no si no estaba esta jovencita…” expresa Yupanqui. Esmeralda estaba junto a los bautismos, los nacimientos, en cuanta fiesta popular se proyectara en aquella aldea.

 

Los que quedaron vivos, después de aquel día, compusieron la canción que decía:

 

“Esmaranda, la niña más hermosa de Sabah, manda chava y fromosa, arruba da pesta Sabah”

 

Ocasiones lo hemos dicho, declarando, acuna insurgente, a voz en cuello de una letra o poesía, el reclamo, el asunto requerido de mil formas, donde faltaba la canción.

 

Desoída, silenciada, acusada de vana protesta, recorre a través de los tiempos, meandrosos caminos, en furtivas andanzas, del código popular de su semilla. Se yergue ante el repudio de quienes le temen, la prohíben. Si es cierta y abraza el sendero de la verdad, permanecerá más allá de todas las estratificaciones que le deseen declarar.

 

Este camino de acero / hace ya 20 años que va: Con sutileza e hidalguía de poeta popular, César Fermín Perdiguero, le espeta al gobierno de turno, cuándo finalizará la obra de este “camino de acero”, que el gobierno de Hipólito Yrigoyen, en su primera presidencia, lo inició para unir dos pueblos hermanos de Latinoamérica: Argentina y Chile. “…este mi canto liniero /…buscando el canto chileno / para cantar a La Paz.” A borbotones nace la música desde la urgencia y las manos de Eduardo Falú. No digo que esta canción, llamada “Huaytiquina”, apareciera y se dio termino a la obra del tendido de este ferrocarril, pero si puso ante el corazón del norteño y luego del país entero, primero en las voces de los autores y luego de Jorge Cafrune, la existencia y el historial de toda esta infraestructura ferroviaria. Eduardo Falú, cierta vez le contó a un periodista chileno, cómo había nacido “Huaytiquina”: “Fueron unos versos que hizo César Perdiguero, expresando la aspiración de dos pueblos (Argentina y Chile), por ese ferrocarril, ese camino de acero y que hacía mucho no se terminaba. Nosotros la compusimos en 1945, 1947, sugiriendo desde la canción, la aspiración para que ese camino se terminara, que unía Rosario de la Frontera (Salta), hasta Socompa de Chile”.

 

Cuando escuché por primera vez esta canción, con toda la impotencia que Cafrune imprimía a sus interpretaciones, me llamó mucho la atención el título: “Huaytiquina”; vine a saber con los años, que con esa denominación, se conoció al ferrocarril que unía Salta con Antofagasta. Una vía única no electrificada. Pero también así se nombraba el paso de la histórica conexión andina. Un largo camino de acero que cubría 931 km, con las modalidades de carga y de pasajeros. Pero también cubría otras necesidades como servir a las minas de voraz, carbonato de litio, butano, perlita, sal, etc. Tal vez uno se pregunta, yo sí, que significa ese nombre de Huaytiquina, apodo de este ferrocarril. Con esa nominación, se menciona a un antiguo puesto de montaña, ubicado al norte de Socompa, que era el punto terminal de esta línea ferroviaria, situado a 4.275 msnm. El nombre provendría de lenguas andinas como Aymará y Quechua.

 

Su significado varía y existen distintas interpretaciones toponímicas.

 

En Aymará traducen como “Valle de las flores”; un antiguo manuscrito anónimo de Jujuy habla de “Abra del lamento”, en clara reflexión a lo duro y temido que es atravesar esa tragedia, dotada de un clima extremo.

 

Sin duda que la idea de hermanar dos naciones, a través del medio de comunicación tan importante desde la mitad del siglo XIX y comienzos del siglo XX, fue de una envergadura grandiosa.

 

El proyecto de este ferrocarril fue encargado a un ingeniero estadounidense: Richard Fontaine Maury. Sin lugar a dudas, fue la empresa más significativa ferroviaria en el territorio de los Andes.

 

Ella favorecería la integración física de una capital de provincia con el resto y mejoraría el circuito comercial de minerales, el que antes se realizaba con el uso de la tracción a sangre, mulas y carretas.

 

Dato que puede interesar y llamar la atención, y que debemos sumar a la concreción de realización de este medio de transporte, es la presencia de la escultora tucumana, Lola Mora (Dolores Candelaria Mora Vega de Hernández). Asombra por cierto su participación en la obra del tendido de rieles, efectuando el trazado del hoy llamado “Tren de las nubes”. Lo hizo no como artista que lo era, sino como contratista. Por todo esto y algunas otras cosas más, Lola asume un rol reservado a los hombres y también impone sus ideas en la búsqueda de petróleo y en proyectos de urbanismo. Este perfil nunca o casi nunca, fue mostrado, solo se hacía referencia a sus escultoras.

 

La data fue revelada 20 años después de los acontecimientos, de mano de estudiantes de la Universidad del Tucumán, recién en los años 60, dónde ellos filmaron el trayecto que va de Salta a Socompa.

 

“Este camino de acero…”.

 

Tratar sobre el nacimiento de una canción como esta, nos permitió asumir historia del ferrocarril argentino, al inicio gran obra de los ingleses, testigo de ello, las señales que he mirado cuando visito las estaciones de trenes en los pueblos de La Pampa, donde en ellas reza el origen de su hechura: Liverpool. Aproximaciones de historia y geografía, nuestras canciones derraman, sobre nosotros: saberes, datos, mojones de fundación que persisten a través del tiempo.

 

Tan solo una canción, nos lleva por caminos que desconocíamos o revivimos, en claro ademán de revisar nuestros antecedentes.

 

Tan solo ella, nos toma de la mano y nos lleva a momentos impensados de emoción y recordatorio.

 

Pero el servicio más famoso del Huaytiquina, y del que se habla mucho en los últimos tiempos, desplazando seguramente aquella primera nombradía ferroviaria es “El Tren a las Nubes” o “Tren de las Nubes”, que une Salta (Capital) y Polvorilla. Este tren se aborda en San Antonio de los Cobres, hasta el viaducto “La Polvorilla”.

 

Dos canciones para un camino de acero, compuestas en distintos momentos, separadas por casi 50 años y un musicalizador de lujo: don Eduardo Falú, para una historia ferroviaria del norte argentino. “Huaytiquina” con poesía de César Perdiguero “Canción al Tren de las Nubes” con letra de Hugo Ovalle.

 

* Músico

 

 

“HUAYTIQUINA”

 

Carnaval

 

 

Este camino que nombro,

 

hace veinte años que va,

 

repechando por los cerros,

 

pero no puedo llegar.

 

Este es mi canto liniero,

 

por ese camino va,

 

buscando al canto chileno,

 

para cantarle a la paz.

 

Huaytiquina, cumbre andina,

 

viento blanco, nieve y sol.

 

Camino de la frontera,

 

¿Dónde estarán dos banderas,

 

confundidas en amor?.

 

¿Dónde estarán dos banderas,

 

confundidas en amor?.

 

 

II

 

 

Desde Rosario de Lerma,

 

hasta Socompa me voy,

 

si se derrumban las peñas,

 

que alguien escuche mi voz.

 

Este es mi canto liniero,

 

por ese camino va,

 

cuando lo encuentre al chileno,

 

todo el Norte ha de cantar.

 

Huaytiquina, cumbre andina,

 

viento blanco, nieve y sol.

 

Camino de la frontera,

 

¿Dónde estarán dos banderas,

 

confundidas en amor?.

 

¿Dónde estarán dos banderas,

 

confundidas en amor?.

 

Huaytiquina, cumbre andina,

 

viento blanco, nieve y sol,

 

viento blanco, nieve y sol.

 

 

Letra: César Férmin Perdiguero

 

Música: Eduardo Falú

 

 

“Canción al Tren de las Nubes”

 

 

Como un milagro que viaja

 

al cielo de Salvación,

 

voy en el tren a las nubes

 

a salvar mi corazón.

 

Trepa de asombro en asombro

 

Salta, Quijano, Tastil

 

por la Quebrada del Toro

 

va bramando su perfil.

 

 

Es un ángel terrenal

 

cada viajero que sube

 

tiznado de eternidad,

 

vuelve en el tren a las nubes.

 

 

Alturas de maravilla

 

sueña, canta, baila el tren,

 

bajo el puente Polvorilla

 

el mundo lo sale a ver.

 

 

Llevó en el tren a las nubes

 

un amor que ya murió

 

San Antonio de los Cobres

 

Ay, ay, lo resucitó.

 

 

Letra; Hugo Ovalle

 

Música: Eduardo Falú

 

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