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¿Se nace o se hace?

Redaccion Avances 01/11/2026 - 15.00.hs

Marcelo Millán, referente de la ultradistancia, demuestra que la verdadera victoria va más allá de las marcas y los kilómetros. Con disciplina, experiencia y pasión, forma atletas y enseña que el mayor triunfo es aprender a confiar en uno mismo y superar los propios límites.

 

Fabiana M. Torres *

 

Un espartano se forja en el andar. Afirmación que evoca el espíritu de disciplina, resiliencia y superación constante de los guerreros de la antigua Esparta.

 

Para quienes corremos distancias impensadas, aquellas que desafían el límite de una maratón tradicional (42 km 195 m) y vamos más allá, significa transformar el cuerpo y la mente en pura resistencia. Hay que sostener tal pretensión. Correr jornadas enteras desafía cualquier instinto de autopreservación. Necesitamos, sí o sí, de un maestro para canalizar ese esfuerzo extremo, transformando el agotamiento en una fortaleza que se mide paso a paso, en kilómetros.

 

Mientras que unos pocos nacen con el don o la habilidad para atreverse a las distancias, el resto necesita un guía.

 

Marcelo Millán tiene la capacidad para formar y liderar atletas por su experiencia y trayectoria.

 

Él encarna el auténtico viaje a Ítaca: aquella mítica travesía griega donde el destino final es solo una excusa para ponernos en marcha, porque la verdadera riqueza está en el camino recorrido y en las vivencias que nos transforman la vida.

 

Presenciar sus 24 horas de carrera con tanta entereza y determinación en la última Ultramaratón Ciudad de Santa Rosa (septiembre 2026), fue ser testigo de una travesía al límite. Aquel esfuerzo me hizo recordar su participación en el Spartathlon 2025. Sin ser aún mi entrenador yo lo seguía vía online, movida por la pura pasión de mirar las carreras en el mundo que me significan, desde afuera, “con la ñata sobre el vidrio”. Sabía que él corría con la ilusión de los pocos que se animan a desafiar los durísimos 246 kilómetros que separan Atenas de Esparta, con el único y sagrado fin de tocar y besar los pies de la estatua del Rey Leónidas.

 

Esa entrega, vista en vivo y en directo, me hizo comprender en carne propia lo que escribe Haruki Murakami en su obra sobre el atletismo de fondo: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”.

 

Entendí que a su lado no se aprende simplemente a bajar los tiempos, se aprende a transitar la adversidad. Él enseña con la acción. Nos transmite el valor de amar el proceso necesario para cada carrera, demostrando que sus planificaciones se basan en la constancia. Hay días que sentimos que no son los mejores para entrenar, pero “son los que valen doble”.

 

Con determinación y disciplina, se gana en fortaleza.

 

La ultradistancia es una modalidad de carrera que por la cantidad de horas que demandan sus entrenamientos, suele ser en solitario. Esto lo convierte en un riguroso filtro mental que deja a atletas en el camino. Sin embargo, la grandeza de este deportista radica en humanizar el alto rendimiento y la competencia cuando afirma: “Las alegrías de mis alumnos son las mías y sus tristezas también”.

 

Imposible olvidar cuando fui a verlo sola, con vergüenza, para pedirle que me entrene. Para mí era un gigante. En aquel momento, pensé que sumarme al grupo de atletas que él entrenaba, sería simplemente una aventura más para ver de qué se trataba. Sin embargo, con el paso del tiempo entendí que en realidad la aventura es llegar a confiar en uno mismo. La pista, a su lado, deja de ser un pasatiempo para convertirse en un desafío.

 

Fue determinante desde el principio, con su tono de voz pausado y característico, (el que si ponés en velocidad 2x en un audio de WhatsApp sigue sonando lento), me dijo: “Si confías en el proceso de entrenamiento que te propongo, lo vas a lograr”.

 

Sin dudas es un referente indiscutido de la ultradistancia a nivel nacional e internacional; dentro de la provincia de La Pampa, difunde la disciplina como una posibilidad concreta, una chance tangible. Dicen que existen fuegos grandes que arden con tantas ganas que no se pueden mirar sin parpadear, y que quien se acerca, se enciende. Su entrega es ese fuego sagrado.

 

La noticia de sus marcas, su clasificación al Mundial de 24 horas y su acceso directo al mítico Spartathlon por segundo año consecutivo no es un milagro, es el resultado de un trabajo inquebrantable. Así como Zeus tenía su propio Olimpo, él elige como espacio de entrenamiento la Laguna Don Tomás (aquí nomás en Santa Rosa); un lugar donde, día tras día transforma los sueños en realidad, sumando vueltas sobre esos 5 kilómetros de un circuito que también nos enseñó a querer. Porque el verdadero legado de un atleta no se mide en los trofeos que acumula, sino en el valor de una voluntad disciplinada que anima a superar los imposibles. Su espíritu lo alienta, su pasión se le anticipa.

 

Marcelo Millán demuestra que la mayor victoria de un maestro es convertirse en una fuente inagotable de inspiración.

 

* Colaboradora

 

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