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Domingo 10 de mayo 2026

La máquina que escribía sola

Por Redacción 10/05/2026 - 12.00.hs

El autor rememora la llegada de una máquina que recibía información internacional y escribía hasta 70 palabras por minuto. Las familias llegaban a la redacción del diario Zona Norte para ver con sus propios ojos cómo trabajaba la radioteletipo allá por los años 50.

 

Walter Cazenave *

 

Allá por comienzos de la primera década del siglo pasado (¡…divino tesoro!) quien esto escribe repartía sus estudios de magisterio con el inicio de la vocación periodística, actividades ambas de las que ya no se apartaría.

 

En una investigación sobre esos años vino al caso al leer un trabajo producido en el área de Historia de la Universidad de La Pampa sobre desarrollo del periodismo en nuestra provincia; en él se da cuenta de la trascendencia que tuvo, también por aquellos años, la incorporación de una impresora rotoplana al diario piquense La Reforma, todo un acontecimiento ya que se trataba de una máquina moderna, comparada con las que usaban por esa época los diarios del interior del país. En La Pampa, que llegó a tener un periodismo muy rico hasta los años cincuenta del siglo pasado, constituyó no solamente una novedad, también una forma de impulsar el progreso de General Pico, por entonces la ciudad más importante de la provincia.

 

El dato sin embargo peca de una omisión: previo a la puesta en marcha de aquella máquina hubo, también en General Pico, una incorporación que causó verdadera sensación a nivel popular: la puesta en marcha de una radioteletipo en el periódico Zona Norte, el otro diario pueblerino.

 

Por aquel entonces se editaban ambos medios en la ciudad norteña y entre los dos una clara rivalidad política y periodística. Zona Norte -desaparecido hace ya varias décadas, bregaba por una dinámica editorial distinta y, como novedad efectiva, especialmente en el plano de las noticias internacionales, ya había incorporado el servicio periodístico de United Press International (UPI) que llegaba a través de trasmisiones radiotelegráficas que se trasladaban al papel mediante la decodificación una tarea que, si mal no recuerdo, también desempeñaban como empleados de las líneas ferroviarias piquenses, por entonces muy activas.

 

La UPI aportaba una información poco acostumbrada en La Pampa, máxime en esos años en que los medios de información comenzaban a “achicar” el mundo.

 

Eran años de la terrible guerra de Vietnam y la agencia noticiosa, aunque de capitales norteamericanos, aportaba también un servicio fotográfico impresionante; al respecto no puedo dejar de evocar la foto de una pequeña vietnamita que en la punta de su AK 47, llevaba prisionero a un enorme soldado estadounidense, los brazos en la nuca…

 

El anecdotario al respecto es muy rico, pero nos aparta del tema motivador de esta nota. Sin precisar el año -acaso finales de la década de 1950 o comienzos de la siguiente…- la firma que respaldaba a Zona Norte decidió incorporar una radioteletipo que reemplazaría a los traductores telegráficos.

 

Aunque se trata de un artilugio hoy obsoleto, por entonces era un aparato muy usado en las comunicaciones, especialmente militares y diplomáticas.

 

Constaba de un módulo especial conectado a un teclado similar a una máquina de escribir, que generaba alrededor de setenta palabras por minuto, impresas en una tira de papel que, seccionada y corregida después, pasaba en seguida a los talleres tipográficos. Y lo asombroso: el aparato escribía solo.

 

Para aquel equipo que encabezaba José Villarreal y complementaban -redacción y taller-, Julio Alvarez, Mario Bacci, Culito Muñoz, José Berasain, Juan Carlos Martínez, Joaquín Rodríguez, Pato Muñoz Los hermanos Moltaneve, Ricardo Melchor, Abel Belttramo, Bity Martano, Juancito Martín y otros que escapan al recuerdo de esta enumeración desordenada, la novedad fue una fiesta, pero mucho, muchísimo más lo fue para la gente en general que concurría a la redacción para ver “la máquina que escribía sola”, un portento difícil de concebir en aquella época de una electrónica incipiente.

 

Como el diario era matutino la trasmisión de United Press comenzaba al atardecer con un “Buenas tardes redactores” y se prolongaba durante un lapso de varias horas hasta aquel esperado y siempre llamativo “Hasta mañana redactores”. Ese horario hacía que las visitas ajenas a la redacción, siempre bien recibidas, comenzaran con la caída de la noche.

 

Matrimonios, grupos escolares, individuos solitarios, alguna que otra delegación, gentes que llegaban al pueblo desde el interior de la provincia… la concurrencia era nutrida y variada, y creo no exagerar si digo que se prolongó durante un par de meses hasta que se diluyó la curiosidad.

 

Ahora, transcurridas algo así como siete décadas, se puede decir que aquella máquina generó no solamente una nueva perspectiva periodística -la de la información confiable, rápida y moderna- sino que también acentuó nuestra pertenencia al mundo a través de la ocurrencia del suceso y su conocimiento más o menos inmediato. Hoy, superada largamente por los medios de información actuales, sirva la observación que mencionáramos al comienzo para justificar esta nota, que no deja de ser entrañable apara quienes vivimos el suceso de “la máquina que escribía sola”.

 

* Colaborador

 

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