Quién fue Héctor A. Guiñazú
Jueves 22 de febrero 2024

Quién fue Héctor A. Guiñazú

Redaccion Avances 10/12/2023 - 06.00.hs

Esta publicación es parte de un proyecto que llevan adelante docentes y estudiantes del Colegio para jóvenes y adultos “Héctor Ayax Guiñazú” con el fin de reconstruir su historia institucional desde su creación en 1956 en la provincia de La Pampa.

 

Vanesa Furriol*, Maximiliano García** y Facundo Correa***

 

El valor de la nominación de una institución educativa, por lo general y tradicionalmente, está directamente relacionado a personajes ilustres y próceres que forman parte de nuestra historia local, provincial o nacional; constituye una forma de homenaje a sus valores, ideas e intereses dignos de emulación. Por otra parte, el nombre de la institución también puede estar relacionado a la geografía del lugar en el que está emplazado, a un ideal del proyecto educativo; o incluso a una historia de vida, como en este caso.

 

En virtud de lo anterior podemos inferir que quienes fundaron el Colegio en el año 1956 habrían encontrado en la figura de Héctor Ayax Guiñazú razones suficientes para considerarlo inspirador de las trayectorias de las personas jóvenes y adultas destinatarias del proyecto educativo.

 

¿Quién era Héctor Ayax?

 

A partir de su acta de nacimiento (Nº 31-Foja 16) expedida en la localidad de Eduardo Castex, sabemos que el 18 de enero de 1927, y ante el juez de paz se presentó el matrimonio compuesto por Rosendo Guiñazú Alaniz y Rosario Ramírez quienes declararon el nacimiento en su domicilio y del mismo parto del niño Héctor Ayax y de la niña Mercedes Mirian, aproximadamente a las ocho y cuarto de la mañana.

 

La última sonrisa.

 

La localidad de Eduardo Castex, fundada en 1908, se destacó por ser una colonia agrícola con un particular clima cultural e intelectual y una intensa actividad periodística. Fue precisamente Juan Ricardo Nervi quién recuerda en “Memoria 14” que la novela corta “La última sonrisa” debida a la pluma joven del maestro normal puntano, don Rosendo Guiñazú Alaniz, fue la primera editada en La Pampa”.

 

Proveniente de una familia de maestros e intelectuales Rosendo Guiñazú Alaniz, padre de Héctor, emigró desde San Luis al territorio nacional de La Pampa en 1923. Además del magisterio, Rosendo se dedicó al periodismo desde las páginas de “La voz del pueblo” de Eduardo Castex hasta que se distanció por una diferencia de opiniones con Enrique Stieben. Luego se trasladó a la localidad de Anguil, su último domicilio antes de fallecer el 20 de junio de 1952 en Buenos Aires.

 

La particularidad en el nombre que Rosendo Guiñazú eligió para su hijo, Héctor Ayax, nos permite inferir su pasión por la lectura y la escritura, dado que ambos nombres están presentes en forma de héroes enfrentados en la mitología griega.

 

Trayectoria escolar.

 

Según el certificado de terminación de estudios, cursó hasta sexto grado en la Escuela Primaria Nº 195 de Eduardo Castex, egresando en 1939 con doce años de edad. En 1940 solicitó matrícula para ingresar a primer año en el Colegio Secundario Capitán General José de San Martín, Nacional-Comercial. En la solicitud registraba domicilio en la calle Avellaneda 256 en Santa Rosa y firmaba como tutor su padre. Dos años después, se trasladó a la calle Escalante 731, donde permaneció hasta completar sus estudios secundarios en 1944.

 

La Universidad Nacional del Litoral, en la provincia de Santa Fe, registra la matriculación a la carrera de abogacía el ocho de octubre de 1945. En su legajo estudiantil se puede observar que, de los seis años de duración del plan de estudios, Héctor había aprobado la totalidad de espacios curriculares correspondientes a los dos primeros años y a la mitad de tercer año. En 1948, había comenzado a rendir materias de cuarto año cuando un acontecimiento repentino y desdichado interrumpió su vida.

 

¿Trágica confusión?

 

Para la investigación, el final de Héctor parecía una gran incógnita porque no se encontraba información alguna sobre sus últimos años de vida. No sabíamos incluso cómo había muerto. El único dato de magnitud que teníamos, por registros orales de los entrevistados, era que su muerte se encontraba vinculada al marco de una tragedia. Tras realizar llamados y visitas a diferentes instituciones, el profesor Facundo Correa halló los archivos pertenecientes al diario El Litoral, de la provincia de Santa Fe, donde se daba a conocer el destino final del joven estudiante. De acuerdo con el Acta de defunción de la Dirección General del Registro Civil de la provincia de Santa Fe, la noche del 4 de julio de 1948, a las 21 horas falleció Héctor A. Guiñazú por “una herida de corazón por arma de fuego” a los veintiún años. Su cuerpo fue trasladado a la provincia de San Luis para recibir sepultura en el cementerio de Barranquitas.

 

Actuales estudiantes del ciclo orientado del Colegio llevaron a cabo un análisis desde los espacios curriculares de Historia y Lengua con el acompañamiento de sus docentes Hernán Bacha y Pamela Llanson, destacando la confirmación del trágico evento: “en la calle Tucumán, cerca de Urquiza, prodújose un hecho en el que perdió la vida un estudiante”. En la publicación de la mañana del 5 de julio de 1948, se relataba que el Dr. SiIverio José Sosa, de 42 años, acabó con la vida del joven de 21 años, estudiante de derecho, Héctor Ayax Guiñazú.

 

El equipo de redacción del diario santafesino aclaraba que se va a limitar a describir el hecho desde los datos aportados por la policía y los cronistas, y que no cargarán las tintas con análisis fáciles de hacer; dando a entender que circula más información que aquella que se puede leer entre las páginas del periódico.

 

Los detalles que describen este episodio, lo vuelven muy confuso: “por la tarde del 4 de julio de 1948, a eso de las 20:30 horas tocan a la puerta del domicilio de la familia Ovidi, los adultos habían concurrido al cine y en la casa se encontraba un grupo de niños. Al atender, un joven ingresa intempestivamente al hall de la casa. Frente a esta situación uno de los niños corre hasta un café cercano y le dice al dueño lo sucedido. Éste llama a la policía. Cinco jóvenes, al escuchar el relato del niño, se dirigen hacia la casa y sacaron al joven que no parecía estar en sus cabales. Unos minutos después de este episodio, llega al domicilio el Dr. Silverio José Sosa, de 42 años, que al escuchar lo sucedido sale a buscar al intruso en su auto junto a varios niños y algunas personas mayores. En la calle Tucumán, casi esquina Urquiza, uno de los niños dice que le pareció ver al intruso, el doctor Sosa baja del auto e intercambia unas palabras con el joven. Acto seguido saca su arma y dispara.

 

Según la declaración de Sosa, cuando llamó al desconocido éste se abalanzó hacia adelante y pareció sacar un arma de entre sus ropas. Frente a esta situación, sacó el revólver y gatilló. Los testigos llamaron a la Asistencia Pública. Minutos más tarde, una ambulancia llegó al lugar y trasladó a Guiñazú a la Casa Central de Auxilios, donde falleció producto del disparo en el corazón”.

 

Inconsistencias.

 

En el lugar del hecho no se encontró ningún arma, así lo declaró la policía que arribó al lugar. Al realizar la reconstrucción del hecho la posición de Héctor Guiñazú respecto a lo declarado por Sosa, no eran coincidentes con la entrada del proyectil en el corazón.

 

Además, la sobrerreacción del victimario frente al ingreso de un desconocido al domicilio de la familia Ovidi, llamó mucho la atención del juez quién alegó “debe descartarse que haya mediado como factor determinante una errónea apreciación del peligro que no aparece justificada en realidad” (Diario El Litoral, 4 de agosto 1948). El supuesto intruso no estaba armado y, entendiendo que Sosa por su profesión debería cuidar a las personas y aliviar su sufrimiento, no infringirlo, el juez resuelve: convertir en prisión preventiva la detención de Sosa y lo declara procesado como autor del delito de homicidio (art.79 del código penal) mandando trabar embargo en sus bienes.

 

Repercusión Social.

 

La trágica muerte prematura de Héctor Ayax provocó una profunda consternación en los círculos estudiantiles en los que participaba. Estos grupos sospechan que podría haber ocurrido una lamentable confusión, como lo indicaba el Diario El Litoral el 6 de julio de 1948, y que Guiñazú podría no ser la misma persona que ingresó a la casa de los Sres. Ovidi.

 

En el local del Club Universitario fue levantada la capilla ardiente (ornamentos luminosos) donde fueron velados los restos del joven estudiante. Con emotiva aflicción profesores, compañeros y diferentes sectores sociales pusieron de manifiesto su disconformidad por las circunstancias de la muerte.

 

Los Centros de Estudiantes adhieren al duelo y a lo expresado por la Cámara de Jóvenes de Santa Fe: “El consejo directivo de esta entidad, dio a conocer una resolución uniéndose al pesar provocado por la muerte prematura del estudiante Héctor Guiñazú, ya que -agrega- si no tuvimos la fortuna de contarte entre nuestros miembros, su espíritu inquieto, pleno de pasiones nobles que hacían de él un gran hombre joven, al desaparecer nos ha hecho notar también que en nuestras filas se ha producido un claro.”

 

En La Pampa.

 

La irracionalidad de la muerte se profundiza cuando ésta es sin sentido o los motivos no son claros y además, como en éste caso, ocurre en un joven estudiante, activo socialmente y apreciado por sus compañeros y profesores. En Memoria 14, Nervi relata en su prosa la profunda tristeza y desolación en la que vivió sus últimos años Rosendo Guiñazú Alaniz, por la muerte de su hijo. Héctor fallece en 1948 y su padre en 1952 y cuatro años más tarde comienza a funcionar el colegio nocturno que llevará su nombre. Seguramente los fundadores, contemporáneos y admiradores de Rosendo le rindieron homenaje al padre por tan irreparable pérdida inmortalizando al hijo y evitando el olvido.

 

La comunidad educativa de nuestro querido colegio se ha transformado en un testimonio vivo del legado de la familia Guiñazú. A diario, estudiantes y profesores recorren sus pasillos, evocando la dedicación, la lucha por los derechos estudiantiles y la pasión por el aprendizaje que caracterizaron a Héctor y Rosendo. Esta conexión profunda con su historia, que es también nuestra historia, nos impulsa a seguir defendiendo la educación de las personas jóvenes y adultas con determinación y compromiso.

 

* Profesora en Historia

 

** Profesor en Psicología

 

*** Profesor en Biología

 

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