El poder de la imagen

Redaccion Avances 27/11/2021 - 09.37.hs

Desde hace 15 años Jorge Martínez se dedica a estampar imágenes en diversos productos: tazas, indumentaria, papeles. Un historia de esfuerzo y dedicación.

 

 

Jorge y Andrea se ríen cuando recuerdan ese viaje de urgencia a Buenos Aires para conseguir lo necesario y el regreso en un pequeño Renault Clío atestado con cinco rollos de tela. “Ibamos con los rollos literalmente pegados en la cabeza, tuvimos que parar como cuatro veces a dormir, fue larguísimo el viaje y cuando llegamos nos pusimos a trabajar y durante una semana dormíamos dos horas por noche. Fue una locura, pero entregamos todo a tiempo”, recuerdan Jorge y Andrea sobre una historia que hoy es anécdota.

 

Se habían presentado a una licitación para confeccionar 800 pecheras para niños y niñas de jardines de infantes de la provincia. Era más por curiosidad y para saber cómo eran los mecanismos de ese acto público. Pero se llevaron una sorpresa.

 

“Fuimos los únicos que nos presentamos así que ahí nomás nos dijeron que nos habían adjudicado el trabajo pero teníamos solo unos días para hacer todo. Pedimos plata a familiares porque no teníamos y obviamente necesitábamos el material, y nos fuimos a Buenos Aires y compramos todo. En definitiva salió bien y nos re sirvió hacia delante porque como pudimos hacer eso después nos animamos a cualquier cosa”, asegura Jorge Martínez (47 años) sobre uno de los momentos de ‘3K Estampados’, el emprendimiento que puso en marcha en 2006 en Santa Rosa y que hoy lleva adelante junto a su pareja Andrea Segurado (34).

 

“Yo trabajaba en Casa de Gobierno y un día fui a visitar a un amigo. Me pongo a mirar cosas que tenía en su casa y veo cuadritos con Pluto, Donald y otros personajes de Disney y se me ocurrió que acá eso no lo hacía nadie en ese momento. Empecé a rastrear y buscar en internet y a la semana estaba en Buenos Aires, sin un peso, pero con curiosidad y ganas. Me traje la información necesaria y vendí la camioneta que tenía para poder comprarme las máquinas”, recordó Jorge.

 

“En ese momento yo me había divorciado y necesitaba un ingreso extra por mis hijos así que empecé con todo. Luego fue prueba y error, tuve mi primer Photoshop y yo iba a mirar cosas para sublimar y era todo muy nuevo. Arranqué en la casita de mi mamá, en un lugar chiquito que tenía y todas las noches me quedaba hasta las 3 o 4 de la mañana y a las 7 entraba a Casa de Gobierno. Arranqué vendiendo tazas a los compañeros en el laburo, era una novedad poner todo personalizado”.

 

 

Pionero.

 

Jorge hacía algo que era nuevo. Compraba tazas “con un baño en polímero cocinado a 1.200 grados y eso hace que la foto quede impresa. Imprimís el diseño, lo ponés en lo que querés sublimar y le das presión y calor”. Luego sumó indumentaria como remeras, buzos u otros productos hechos en poliéster

 

“Un tiempo después saqué un crédito que daba Provincia para emprendedores y me compré una máquina bordadora, luego mi hermano se quedó sin trabajo y me propuso trabajar conmigo porque él se dedicaba al vinilo. Ahí fue que decidí alquilar un local y encontramos éste donde nos sentimos muy cómodos desde hace 13 años”, resalta Jorge en su negocio de la calle Mansilla 544 (su número de WhatsApp es 2954-820359).

 

El camino de “3K” tuvo un momento bisagra en 2014, según se encarga de resaltar su responsable. Ese año tuvo su primer stand en la Expo Pymes en el autódromo de Toay y, a partir de esa muestra, todo cambió.

 

“Fue increíble, teníamos un stand chiquito pero había una cola de gente que no podíamos creer. Se vendió muchísimo, hubo gente de toda la provincia que se llevó nuestro contacto y luego nos compró. Eso fue en abril creo y meses después, para el día del Padre, tuvimos el fruto más grande porque vendimos unas 600 tazas entre las blancas y las mágicas. Son tazas que cuando entra el líquido caliente de un café o té o lo que sea aparecen las letras o dibujos, cuando ese líquido se termina o se enfría la taza vuelve a su estado original. Eso no lo vendía nadie acá y a nosotros nos dio un espaldarazo gigante”.

 

 

En el acto.

 

Unas de las características de la minipyme santarroseña es la velocidad con la que hacen los productos. Incluso remeras que se estampan en el acto y el cliente puede llevarlas en su bolsa o directamente puesta.

 

“Las remeras las hacemos en el acto y eso llama la atención. Con el tiempo pude lograr tener stock entonces, salvo que sea un encargo muy grande, podemos proveer en el momento lo que el cliente pida o necesite. También hacemos folletería, tarjetas personales. Tenemos maquinaria disponible que nos permite brindar un servicio muy completo”, valora Jorge quien recuerda otro hito en el recorrido de su proyecto y que se dio el 27 de octubre de 2018, cuando unas ocho mil personas participaron de una correcaminata por el Río Atuel organizada por el Gobierno pampeano.

 

“Eso fue una marea verde porque todas las remeras fueron de ese color y las hicimos nosotros. En principio nos habían pedido dos mil pero después se fueron agregando el Banco de La Pampa, Pampetrol, y otras entidades y se sumaron mil más hasta que al final fueron cinco mil. Soñaba verde esos días (risas) pero ya estábamos mucho más preparados. Igual puse a toda la familia a trabajar y diez días antes ya entregamos todo listo”.

 

El beneficio de ese trabajo fue invertido en una plancha grande y en un plotter, “lo que permite trabajar a otra escala”, detalla Jorge y enseguida cuenta sus planes: brindar cursos gratuitos para que otras personas puedan hacer lo que él pudo.

 

“Siempre digo que el sol sale para todos, a nosotros nos gusta lo que hacemos y si yo puedo brindar una mano está bárbaro, en definitiva se trata de trabajo y quien lo hace con ganas y gusto seguro que en algún momento le dará resultado”.

 

 

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