Viernes 09 de diciembre 2022

Jorge Núñez, un trotamundos gastronómico

Redaccion Avances 15/10/2022 - 11.37.hs

“Beto” tiene una larga trayectoria en la ciudad con distintos emprendimientos de comida. Vivió en otros lugares y países pero hoy sigue detrás de la cocina en su local de la avenida Uruguay.

 

Antes del saludo de presentación ya lanza una humorada. Y no hace falta hacer muchas preguntas porque va hilando su relato con cada detalle y, por supuesto, con anécdotas y chistes. Jorge Núñez, al que todos conocen mucho más como “Beto”, tiene hoy 65 años y sigue con esa ropa blanca característica de quien siempre estuvo entre harinas, masas y hornallas encendidas. Una vida gastronómica que trascendió los límites de la provincia pero que hoy mantiene una receta con el mejor sabor y calidad en ‘Quijote’, ese lugar que se mantiene con sus mejores pizzas y empanadas características, además de lomitos y hamburguesas.

 

“Estudié hasta cuarto año en el secundario, mi papá falleció cuando yo era chiquito y mi padrastro en esa época tenía una distribuidora de vino. Como me encantaba todo eso de andar en camiones y demás, dejé de estudiar y me puse a trabajar. Empecé a hacer algunas cosas  y en el ‘85 surgió la oportunidad de poner la primera pizzería -junto a Gustavo Petrocco- que fue San Remo, en la avenida Luro y Avila, un lugar que fue pionero y que funcionó muchísimo. Estuvimos trabajando en sociedad hasta que me surgió la posibilidad de ir a vivir a Mar del Plata y allá abrí una rotisería”, resume Núñez en su local de hoy en la avenida Uruguay 401, ahí donde ‘Quijote’ recibe los pedidos diarios de los distintos gustos (teléfono 426902).

 

Luego de dos años en Mar del Plata, Núñez -junto a su pareja de siempre, Analía- armó nuevamente las valijas y volvió a su Santa Rosa natal. “Me hice cargo de Pampa Bar junto a un socio, estuve seis años en los ‘90 hasta que armé ‘Pizza Pizuela’ en la calle Coronel Gil al 500. Al  lado había una zapatería que con el tiempo cerró así que anexé ese local y lo hice comedor. Estuvimos ahí hasta que pudimos armar Pizza Pizuela en la avenida San Martín, frente al Juzgado de Paz. Esta etapa fue tremenda porque trabajaba 24 horas prácticamente: a la mañana iba a Pampa Bar y de ahí a la pizzería”, resalta Beto.

 

A cruzar el charco.

 

El ritmo laboral de Núñez y su familia (tiene tres hijos junto a Analía) se mantuvo hasta marzo de 2001, cuando justo antes de que se desate la enorme crisis económica, social y política del país surgió la posibilidad de emigrar a España.

 

“Se me dio la chance de ir a España porque había logrado la ciudadanía italiana y acá la situación se iba poniendo fea, creo que fui un adelantado en ese momento aunque en lo demás siempre corro de atrás. Ahí algo me iluminó y la situación todavía no había estallado. Por suerte no conocí lo que fue el trueque, el patacón, el Lecop y toda esa historia porque seguramente me habría afectado, como a todos, obvio”.

 

De un país a punto de hervor Núñez viajó hacia la soñada Costa del Sol española. “Es un lugar de muchísimo turismo así que se trabaja mucho y de ahí fuimos a Málaga hasta parar en un pueblito de al lado, Torres Molina. Primero fui con mi hijo Santiago, llegué un viernes y el domingo ya empecé a trabajar en un comedor de pizzería y pastas. Mi hijo entró en un hotel que en gastronomía allá es lo máximo, así que nos acomodamos bien. Mi primer sueldo como empleado lo cobré con 43 años, yo siempre tenía el chip de no tener jefes y esas cosas pero cuando vivís otras cosas la perspectiva te cambia totalmente”.

 

Cuando el trabajo se fortaleció, Analía y Natalia, la hija menor, viajaron para instalarse en territorio español. “Mi otra hija es Jimena, que se quedó acá porque ya estaba casada y tenía su vida armada. Después de un tiempo nos mudamos a Madrid y yo conseguí otro trabajo mientras Analía trabajaba en una pastelería gigante de allá, pero el tema es que viajaba como cuatro horas entre ida y vuelta y eso la agotó. Lo analizamos y decidimos volver a Santa Rosa, yo había dicho que si hacía otra mudanza era para ir a la Argentina. Cuando volvimos yo tenía el pasaje de vuelta a España en la mesita de luz y me dije que si en 90 días no lograba armar nada, pegaba la vuelta”.

 

Quijote.

 

Eso fue en 2005 y a partir de ahí ese pasaje de vuelta no salió más del cajón. “Me lo propuse y en unos meses armé Quijote en la esquina de Don Bosco y González, empezó a funcionar muy bien, sumamos gente para trabajar y ya estábamos de vuelta en todo ese mecanismo. Cuando se estaba por vencer el alquiler yo sabía de la oportunidad en la avenida Uruguay así que nos vinimos y es donde estamos”.

 

‘Beto’ ya está jubilado pero mantiene su ritmo laboral. Por la mañana cocina y el ritmo más acelerado es por la noche, cuando la tradicional pizza de media masa de Quijote se convierte en una de las más buscadas de la ciudad.

 

“Recién hace un tiempo, y porque mi pareja y mis hijos me insistieron muchísimo, es que me tomo los martes como descanso semanal. Ese es el día que no abrimos, pero después es todos los días. La gastronomía tiene eso de sacrificado y también que acá das examen todos los días: le errás una vez y es suficiente. A vos se te pasó una pizza, salió medio quemada, y chau, podés perder un cliente en un instante. Y más hoy que cualquiera se pone a hacer pizza en la casa y la vende por las redes sociales, es así, por eso hay que mantener el ritmo”, asegura Núñez.

 

Es por eso que cada día se calza la ropa blanca y enfila hacia la cocina, ahí donde sus mejores recetas alumbran en el horno con los mejores sabores. “Yo sé que podría aflojar un poco, son muchos años de recorrido y por supuesto que eso genera cierto desgaste, pero yo tengo muy claro que lo mío es bueno, pero si mis clientes no prueban otra cosa, mejor…”, sonríe Beto, un trotamundos gastronómico que, aunque desde hace tiempo estabilizó su andar, no se queda quieto nunca en busca de la mejor redondez con muzzarella adentro de una caja cuadrada.

 

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