Lunes 24 de junio 2024

La delicia de comer

Redacción 01/06/2024 - 00.23.hs

Marcelo y Stella trabajan codo a codo para elaborar cada día unas pastas artesanales tan exquisitas como originales. En su local "La Rivera", en Toay, le hacen honor a la mejor tradición gastronómica y se distinguen por su cálida atención.

 

Una buena pregunta para quien produce algún tipo de producto, del rubro que sea pero sobre todo en el gastronómico, es saber si consume lo que elabora todos los días. Sobre todo porque a lo largo del tiempo puede haber cierta saturación de "comer siempre lo mismo". Pero en este caso ‘La Rivera’ lo desmiente por completo. "Ahora cerramos y comemos unos ravioles de verdura y parmesano con una rica boloñesa. En general es el menú de los jueves", contesta sonriente Stella ya pasado el mediodía de una jornada invernal, sin darse cuenta del "peligro" que implica que quienes la escuchan hagan lo imposible para tratar de autoinvitarse a comer.

 

En esa casa que a su vez funciona como fábrica y local de ventas de exquisitas pastas artesanales, cotidianamente se sirven dos platos, los que comparten Marcelo Ozán (61) y Stella Astengo (63), los dos nacidos y criados en Toay. Después de haber vivido y trabajado en otros lugares de la provincia y el país volvieron juntos a su tierra para abrir un emprendimiento que algunos días -como los domingos- tiene fila de clientes en la vereda para llevarse algunas de esas cajas que encierran un deleite para el paladar.

 

“Me crié en Toay y cuando busqué el camino laboral me formé como peluquero. En el ’85, junto a Stella nos fuimos a Realicó, estábamos recién casaditos (sic) y emprendimos para otro lado”, dice con natural ternura Marcelo detrás del mostrador mientras su compañera prepara en la cocina las distintas cajas que saldrán de la mano de la clientela de ‘La Rivera’, ubicada en la calle Rivera Sur 314 de Toay (el teléfono de contacto es el 2954-492128).

 

“En Realicó me fue muy bien en los ’90, se trabajaba muy bien y al mismo tiempo Stella estudió gastronomía y se recibió de Maestra cocinera. Era algo que a ella siempre le había gustado y pudo concretarlo. Estábamos bien pero la crisis de 2001 nos derrumbó y en 2002 decidimos dar un golpe de timón. Desde siempre nos gustaba Necochea, íbamos de vacaciones y hablábamos de la idea de vivir ahí, así que en 2002 nos fuimos con la idea de abrir un negocio. Se vendía un fondo de comercio de una rotisería, compramos y abrimos con el nombre de ‘SteMar’, por las primeras sílabas de nuestros nombres”, recuerda Marcelo.

 

El nuevo comercio no tuvo un buen inicio así que hubo que cambiar. “En los dos primeros años no nos fue bien, estábamos en un lugar de zona intermedia, ni en el centro nuevo ni en la zona antigua. No era una zona comercial, vivía mucha gente mayor y no era un sitio para una rotisería. Buscando otra dirección conseguimos un local a dos cuadras del mar y desde ese momento nos fue súper bien: en el verano con el turismo y en el invierno también porque había mucho movimiento”, rememoró la pareja pampeana sobre la etapa en el balneario bonaerense.

 

Vuelta a casa.

 

Si bien “SteMar” tenía una marcha positiva ubicada cerca de la playa, la pareja tenía un ojo en Toay, en donde imaginaban una casa de pastas artesanales. “En 2011 nos vinimos, ya con la intención de hacer pastas y para eso en los dos o tres años anteriores al regreso fuimos comprando varias máquinas. Nos fuimos armando y preparando. En Toay teníamos la casa de mi mamá así que fuimos organizando todo y nos vinimos”. Pero el camino no se hizo simple, hubo que remar otra vez y a Marcelo le daba vuelta en la cabeza la famosa frase ‘nadie es profeta en su tierra’.

 

“El arranque fue difícil porque nos parecía que el pueblo era chico para sólo vender pastas, así que le anexamos pizzas, empanadas y tartas, pero a los cuatro o cinco años tuvimos que dejar esas opciones porque no dábamos abasto con las pastas, fue como una explosión y por ello estamos sumamente agradecidos con la clientela. Los domingos a veces la fila llega hasta mitad de cuadra y en la pandemia la cola daba vuelta la esquina. Eso es muy satisfactorio para nosotros”, destaca Stella.

 

“Cuando fui a Realicó pensaba en esa frase de‘nadie es profeta en su tierra’, pero resulta que mucho tiempo después me sucedió lo contrario con Toay”, agrega Marcelo, también agradecido por la prosperidad de su negocio. “Tenemos una clientela fija y mucha gente viene de Santa Rosa y mucha del Lowo Che”, agrega. La Rivera abre de miércoles a domingo, por la mañana y la tarde. Además, los domingos (de 9 a 14 hs.) ofrecen pasta caliente.

 

“Los lunes nos quedan los tres freezers vacíos, no queda nada. Hacemos unas 250 cajas por semana. Yo hago las masas y Marcelo el relleno”, detalla Stella sobre las distintas variedades de sorrentinos (jamón y queso, cuatro quesos, espinaca y queso, caprese), ravioles (verdura y parmesano, verdura y pollo, verdura y carne, verdura y ricota, ricota y jamón, cuatro quesos, calabaza), ñoquis (papas, calabaza, espinaca), tallarines caseritos o de espinaca, canelones de verdura y parmesano o jamón y queso, raviolones (mozzarella, panceta y nuez, mozzarella, panceta y roquefort, calabrese), panzottis y envoltinis.

 

Hacia adelante.

 

Los dueños de La Rivera muestran las distintas máquinas (“tenemos mucho equipamiento, eso facilita el trabajo”), cuentan algunos secretos de sus recetas y atienden a la clientela que, como un goteo, llega decidida por alguna de las exquisiteces.

 

“De acá te podés llevar queso rallado y tenés las opciones de salsas como estofado con peceto, bolognesa y distintas variedades que vamos preparando, es importante que nosotros hacemos la carne picada. Por ahí viene gente que quiere bolognesa pero como es carne picada dice no, pero le aclaramos que la hacemos nosotros, que tenemos todo freezado, y entonces sí la llevan”.

 

Stella y Marcelo van y vienen entre la cocina y el mostrador. Se alternan para contar su historia y cuando se les pregunta sobre el futuro, contestan con esa espontaneidad y humildad que les brota naturalmente. “Mientras el cuerpo aguante, acá estaremos, nos gusta lo que hacemos, nos llevamos bien y la gente nos da su apoyo, así que estamos contentos”, responden casi con esa misma alegría y expectativa que tenían cuando “recién casaditos” partieron hacia otro rumbo. Finalmente volvieron a su tierra y encontraron “en el sabor de lo natural” la receta justa para quienes disfrutan de la delicia de comer.

 

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