Viernes 02 de diciembre 2022

Cómo salir de las tinieblas y ser feliz

Redacción 18/02/2018 - 01.19.hs

El devenir nos lleva siempre a un destino que es incierto, y al hacer un balance no es fácil decir que se ha sido feliz. "Tino" Rodríguez las pasó todas, y hoy puede expresar que disfruta de la vida.
MARIO VEGA - La vida está hecha de buenos momentos, de alegrías, de regocijos; y también está jalonada muchas veces de desazones y tristezas. Nos da y nos quita... todo el tiempo. Y así, en nuestro transcurrir nos encontramos con tiempos en que se podría decir que estamos satisfechos, tal vez felices; pero también se dan circunstancias duras, complicadas, que nos pueden hacer pensar -por un instante- que el destino se ha ensañado con nosotros.
Sí, en la vida hay de las maduras, pero también de las verdes...

 

La tragedia.
Recuerdo perfectamente aquella noche de primavera. Y lo tengo muy presente porque andaba por allí, y me acerqué al lugar del trágico accidente.
Eran las 9 de la noche de ese 16 de octubre de 1979 cuando el destino le iba a aplicar a este hombre un mazazo cruel, doloroso, inolvidable...
Se escuchó el chirriar de las gomas de un auto frenando sobre el asfalto, y el ruido sordo del golpazo sobre un cuerpo. El impacto fue brutal, y terminó con la vida de una muchacha de sólo 18 años que quedó tirada en medio de la calle. Un gentío se acumuló de inmediato en el lugar -esquina de Alsina y Coronel Gil-, y el conductor del auto no la pasó bien ante la indignación de los vecinos...
La joven Adriana Gandolfi, fallecida, era mamá de dos pequeños: Verónica (entonces 4 años) y Marcos (1 año). Enseguida se supo que era la compañera de Edmundo Faustino Rodríguez, Tino... un joven jugador de fútbol de solamente 23 años, del Club All Boys, y además agente de la policía provincial revistando en aquel tiempo en Toay.
El terrible momento iba a marcar para siempre la vida del homber... embroncado con su tierra, con su gente, y con el dolor en carne viva Tino decidió que ya no podía quedarse por aquí... Y se marchó a Mercedes, provincia de Buenos Aires, con la intención de empezar de nuevo. Aunque no le iba a resultar fácil.

 

Quién es Tino Rodríguez.
Bastante tiempo después -han pasado casi 40 años-, a muchos se les hará difícil recordar de quién se trata. Tiene ahora 61 años, y recurrentemente vuelve a Santa Rosa, como si estuviera saldada aquella deuda de padecimiento que le tocó soportar. Frecuentará alguna céntrica confitería, caminará por las calles de la ciudad y se encontrará a cada paso con alguien a quien tiene que saludar...
Se lo ve feliz, pleno, contento con su realidad. El abrazo, la pregunta obligada sobre qué está haciendo allá en Mercedes, y para mí el descubrimiento de un hombre al que conocía pero ahora cambiado, desarrollado en actividades que no sabía lleva adelante en la ciudad que lo adoptó hace ya varios años.

 

De los Rodríguez.
Tino es integrante de un familión que reconoce sus ancestros en el popular Veco y doña Paula -su esposa-, y que se ramifica en un montón de Rodríguez que andan por allí. Como su mamá Laura Nicolasa Videla Cuestas -"en Mercedes no uso el Videla porque el genocida era de ahí, así que digo que soy Rodríguez Cuestas", revela-, y sus hermanos Eugenio ("Cococho" para todos), Sergio ("El Chueco", ex policía que alguna vez le hizo al boxeo), y las mujeres Laura y Mónica.
Pero a su vez Tino hace su valiosa contribución al número de Rodríguez, sumando a su esposa Alicia, sus cinco hijos, 11 nietos y cuatro bisnietos... y "por si hiciera falta dos suegras!", agrega y larga la carcajada. Se llaman Eusebia, "La Gringa" mamá de su primera mujer, que con su esposo Ángel (fallecido) contribuyó a criar sus hijos; y Luján que "también nos ayudó mucho a su manera", reconoce.

 

Don Edmundo fue hachero.
Su papá era Edmundo Eugenio, que fue hachero "en años difíciles... me acuerdo perfectamente que estando en el monte vivíamos en una especie de pozo que se hacía como una choza", rememora. "Pero el viejo era muy inteligente y terminó trabajando en la Dirección de Rentas de la provincia hasta 1985, que falleció". Con posterioridad "Cococho" iba a ocupar el cargo en la administración pública en lugar de su papá.
Sus hijos son: Verónica (41), Marcos Martín(39), y de su segundo matrimonio Mariano Martín (33), Maximiliano Martín (30), Máximo Martín (11). Como se verá los varones llevan como una marca las iniciales MMR, una suerte de homenaje a pedido de don Edmundo por un hermano, Martín, "que él quería mucho".

 

Un repaso de otros tiempos.
Lo veo a Tino desde adentro de una céntrica confitería sentado en el boulevard de la avenida San Martín, hasta que le pego el grito y se cruza... El saludo afectuoso será el prolegómeno de una charla extensa y rica, matizada con anécdotas de personajes de otros tiempos de esta Santa Rosa que le gusta recordar.
Hizo la escuela primaria en lo que era la 314, frente al Club Argentino, pero iba a finalizar en la n° 4. Más tarde comenzaría en la Escuela Industrial porque tenía el sueño de ser constructor -actividad que actualmente desempeña en Mercedes-, pero además ya de grande iba a cursar hasta tercer año de Abogacía... "No terminé, pero me ayudó mucho en mi formación", dice ahora.
Cada uno tiene una historia.
Este hombre tuvo, sin dudas, un objetivo crecimiento... porque se hizo bien de abajo, porque la vida lo castigó de una manera terrible y de todos modos logró salir y conseguir ese estado que sino es la felicidad se le parece mucho...
Siempre digo que todos tenemos una historia -más o menos importante-, que puede resultar interesante para alguien... creo que es el caso de Tino, que las pasó todas y ahora está de pié, trabajando duro no sólo en lo personal sino también en una actividad social que le encanta desarrollar. Una historia como tantas que, tal vez, valga la pena conocer... no porque él pretenda ser ejemplo de nada, pero quizás sirva para mostrar que el tesón, el sacrificio, la voluntad y los buenos deseos pueden servir para salir adelante. Sólo eso.

 

El fútbol.
Vivía cerca de la capilla La Sagrada Familia -primero en calle Salta y Mendoza, y más tarde "en la casita que levantó el 'viejo' en Salta y Tierra del Fuego", apunta-, y obviamente se prendió en los torneos de baby fútbol que "organizaba el cura González".
Pero después jugó en la cancha de la vieja Escuela Industrial -entonces de arena ubicada sobre avenida Luro-, hasta que un día lo convocó Walter Guzmán para integrarse a las divisiones menores de All Boys.
A Tino le pareció tocar el cielo con las manos poder vestir la camiseta del club del que era simpatizante. Sus características de jugador rápido, inquieto, y sus condiciones de goleador, pronto llamaron la atención y lo subieron al plantel de primera división, para compartir entre otros cracks de aquellos tiempos como Pelusa Santos, Cacho Ledesma, Arnaldo y Rubén Martín, Barba Rechimont, el inefable "Colores" Facio, y su gran amigo Juan Carlos "Monito" Sánchez, que estaba en el plantel.

 

El traslado a Mercedes.
"Tenía nada más que 16 años, así que para mí era la gloria jugar en All Boys... después en 1977 entré a la policía, y estuve hasta 1979 cuando decidí renunciar a irme a Mercedes" (provincia de Buenos Aires), rememora. Precisamente de esa ciudad era Adriana, su primera esposa, y allí fue ante el llamado de sus suegros. "Al principio entré a trabajar en la fábrica de unos amigos", cuenta, y por supuesto se iba a vincular al fútbol y volvería a jugar.

 

Después de un tiempo -había conocido a Alicia Paiva (un capítulo que le haría volver a creer en la vida y en el futuro)-, y ya casado con ella, cumplió con la promesa que -otra vez- le había hecho a su papá: "Siempre decía que si me casaba de nuevo tenía que volver a La Pampa, así que le dije a Alicia y nos vinimos".

 

Fallece don Edmundo.
Por dos años iba a permanecer. Regresó a la Policía -volvió a jugar al fútbol en distintos equipos por aquí- y un día, destinado en Santa Isabel pidió la baja y resolvió que se volvía con su familia a Mercedes.
¿Qué había pasado para tomar esa decisión? "Falleció don Edmundo y eso para Tino fue tremendo... eran muy apegados. Como sería que una vez, un par de días antes de fallecer Edmundo, entré a la habitación y lo vi a Tino durmiendo en los brazos del papá... y para ese entonces ya tenía 28 años", dice Alicia sobre el amor que padre e hijo se profesaban.

 

De la mala a la buena.
Para ese entonces había percibido la indemnización que le tocó del juicio por la muerte de su esposa, lo que le permitió en Mercedes comprar primero una carnicería y un minimercado. "Pero vino el gobierno de la Alianza, la crisis del 2001 y perdí todo... Fue un momento difícil, y la verdad es que no sabía para dónde agarrar... hice un poco de todo, anduve de viajante, vendía repuestos para baterías... hasta que decidí dedicarme a la construcción, con cosas chicas; y un amigo, José Luis Delgado, me dio una gran oportunidad: 'si te sale bien una estufa especial que tengo que hacer en una casa te voy a dar cosas más grandes... y me salió bárbaro, así que me hice cargo de algunas obras, y empecé con la construcción de viviendas, que es lo que hoy hago. Ahora tengo mi propia empresa, y la verdad es que no me puedo quejar: 'Construcciones Los Martín' se llama", completa Tino.

 

Campeón, y punto final al fútbol.
Por supuesto en Mercedes siguió con el fútbol, en su primera incursión había vestido la camiseta del Club Austral; la del Club Trocha, para ir luego a Estudiantes de la ciudad, donde habían estado hasta que él llegó Tito Mansilla y Daniel Petrucci que después de eso llegarían a La Pampa de la mano del Rácing-Tavella de Eduardo Castex.
En su nueva estadía en La Pampa jugó en 1983 en San Martín, dirigido por Ricardo Galera; después en Winifreda entrenado por Cacho Peralta y con el Lungo Alvarez como preparador físico; y se dio el gusto de regresar a All Boys en 1985 en el equipo que conducía Eleazar Tercilla con Paolantonio, Papelito Berengan, Luis Santillán, Juan Carlos Aymú y Callejero Erro.
Fue el mismo año que murió don Edmundo, y Tino no soportó "no verlo en la cancha... me daba una sensación de angustia y ahí dije no juego más. Y no jugué nunca más...", cuenta ahora.

 

Tino y la política.
En el transcurso de la nota veo en este personaje a un hombre que sabe muy bien de qué habla, que se expresa políticamente con soltura, revelando en todo momento su condición de peronista. "Soy un Rodríguez... no puede ser de otra manera", se ríe.
Después de aquel terrible 2001, cuando todo se desbarrancó en el país, pensó que era necesario empezar a militar, y aceptó el convite que le hicieron. Se vinculó con el peronismo mercedino, y con el actual intendente Juan Ignacio Terroz, "hermano de crianza de Wado de Pedro, que también es de Mercedes", relata Tino.

 

Dirigente "K".
"Me dieron la oportunidad algunos dirigentes y entendí que era una buena manera de ayudar como antes muchos hicieron conmigo", expresa. Hoy ya como un referente "K" -hace la revelación y me mira buscando complicidad- se desempeñó en distintos cargos: fue presidente de la Sociedad de Fomento de Los Robles, titular de la ONG Mercedes Solidaria, y miembro de la Unidad Fomentista Mercedina. Hoy en día es secretario general de la Federación de Sociedades de Fomento que agrupa a 75 barrios de la ciudad, naturalmente militando en el Partido Justicialista. ¿Qué tal?
Quién te viera y quien te ve, amigo Tino. Si algo no podrá decirse de este hombre es que no las pasó todas. O casi...

 

Alicia "es lo más".
Hay muchas contribuciones a ese bienestar del que hoy goza Tino, y una persona que no duda en mencionar como fundamental: Alicia.
"Mirá, yo pongo a Alicia por sobre todas las cosas, porque le dio un sentido a mi vida... Primero ella, ahí nomás mis hijos, aunque en una escala de valores habrá quienes lo dispongan distinto. Y después todo lo demás", define. ¿Y sabés una cosa? "Estoy convencido que con Alicia, si Dios quiere, nos vamos a morir juntos de viejitos...".
Y la verdad es que da gusto verlo, conversar con él, saber que está bien y que -en estos tiempos de tantos avatares- es feliz. ¿Por qué de verdad, cuántos pueden afirmar que lo son?
¡Qué más se puede agregar! Un gusto Tino... de verdad.

 

Alicia, su esposa, el gran sostén
Tino Rodríguez tiene mil y una anécdotas que cuenta con gracia. Alicia es el gran sostén de su vida. "Le mentí le edad cuando la conocí porque ella tenía nada más que 15... y aquí estamos", se ríe.
Fue un día que su primo Cocoa Rodríguez, en Mercedes, lo llevó a jugar al truco a lo de unos amigos. "La vi a Alicia y cambió mi vida... Un día quiso conocer a mis hijos, y lo más extraño es que una vez que íbamos en el auto Verónica (mi hija mayor) que era chiquita le dijo que se sentara en el asiento al lado mío, que siempre iba desocupado porque era el de la mamá... Mi tranquilidad era que aceptaba más a mis dos chicos que a mí. Siempre tengo presente a mi primera esposa, porque por supuesto la amaba y los seres queridos no se reemplazan", acota.
Pero Alicia sería una suerte de ángel que le ayudó a volver a creer, porque Tino cuenta: "Estuve enojado con Dios pero un tiempito, porque con ese no hay que enojarse mucho, pero ella me hizo muy bien", se vuelve a reír.
Pero hay otro dato que habla de la importancia de Alicia. "Yo había empezado a beber en mi época de jugador, y eso se convirtió en un problema... ella me echó y me tuve que ir a lo de una hermana... Un día abrí la heladera, iba a sacar una cerveza y me dijo 'no', no voy a tomar más. Y no tomé nunca más... le pedí a Alicia de volver y aquí estamos, por suerte", admite ahora sin culpa.
Por el fútbol conoció a muchos personajes: mantiene una amistad con el entrenador de San Lorenzo, Claudio Biaggio (ex All Boys de Santa Rosa), quien llegó a Estudiantes de Mercedes a jugar ya veterano, y compartió equipo con Mariano, el hijo de Tino; conoció al gran Roque Avallay (campeón con el Huracán de Menotti), y enfrentó a Omar Laliana (ex centrodelantero de Ríver).
Está feliz y se le nota... Le gusta recordar anécdotas: "Era un chiquilín e integraba el plantel de All Boys. Una vez en Neuquén fui a desayunar, vi un paquetito y pregunté: "Es un chocolatín que te prepara el paladar para el café", le dijo Cacho Ledesma. Tino mordió, sintió algo raro pero se lo mandó todo. Después entendió que le hicieron comer manteca.
Y cuenta divertido: "Fui a jugar a Colonia San Juan, y como no tenían plata me pagaron con dos chanchos facturados".
Y una más: "Los Rodríguez somos todos re peronistas. El tío Faraldo Rodríguez estaba para morirse, pero antes del final juntó a todos sus hijos y les hizo cantar la marcha peronista... ¿qué me contás?", concluye.

 

"Vas a matar a alguien"
No lo sabía aquella vez que sus palabras serían premonitorias, y a la vez que su familia sería víctima de lo que en ese momento le planteaba a un desaprensivo automovilista. "Tino" Rodríguez era policía y había detenido a un hombre que conducía desaprensivamente su poderoso automóvil Torino... "Seguí así que un día vas a matar a alguien vos...", le reprochó mientras le labraba el acta de infracción. Cuatro días después el mismo auto Torino, conducido por la misma persona, habría de atropellar quitándole la vida a la esposa de Edmundo "Tino" Rodríguez. Una tremenda y trágica jugarreta del destino.

 

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