Jueves 30 de mayo 2024

Ahuyentan a “cogolleros” a los tiros

Redacción 14/03/2024 - 00.37.hs

Otoño es la temporada de cosechas. Junto a otras especies, en esta estación se recolectan los cogollos de marihuana, que maduran tras dos o tres meses de floración, según las variedades. Y en esta época aparecen también los temibles “cogolleros”: ladrones que acechan e invaden patios atraídos por ramas que representan miles de dólares en el mercado ilegal.

 

Hace un par de semanas los robos comenzaron a sucederse en distintos puntos de la provincia, estimulados por un sistema judicial sin perspectiva sobre acceso a la salud ni capacitación adecuada para abordar esta problemática de acuerdo el nuevo paradigma legal vigente.

 

El domingo, en Villa Elvina, dos jóvenes treparon por un techo para acceder al patio de Daniel Oliveto, dueño del grow shop “Pampa Fértil” y titular de la cátedra extracurricular sobre cannabis de la UNLPam. Y a la noche siguiente, el director del hospital de General Acha, Rodrigo Ortiz, realizó dos detonaciones con arma de fuego para echar a ladrones que invadieron el patio de su casa.

 

El médico achense es uno de los dueños de “Pampa Sativa”, emprendimiento privado con 5.000 plantas de cannabis medicinal. Este caso muestra la gravedad de la cuestión y presagia lo peor, porque frente a la inacción policial y el prejuicio de los magistrados, muchos cultivadores comienzan a armarse en defensa propia, anticipando una tragedia que, si no cambian las cosas indefectiblemente ocurrirá, este otoño o el próximo.

 

Porque, memoria obliga, mañana se cumplirán 10 años de la muerte de Claudio “Mono” Méndez, el primer cultivador asesinado en Argentina en un contexto de robo de plantas. El crimen fue perpetrado en el barrio Empleados de Comercio de Santa Rosa, en la madrugada del 15 de marzo de 2014, y sigue impune.

 

A los tiros.

 

“En lo que va del mes ya entraron diez veces a mi casa y a la huerta de Pampa Sativa para robarnos las plantas, pero a pesar de las denuncias y las pruebas aportadas, la fiscal Paula Duscher no investiga”, contó Ortiz. El último intento ocurrió el lunes, cuando el médico realizó disparos con una pistola para espantar al hombre que había ingresado a su propiedad: “en imágenes tomadas por cámaras de seguridad se observa cuando trepa por el tapial del patio, hasta que se escuchan las detonaciones y sale corriendo”, detalló.

 

“Estoy agradecido con la rápida respuesta de la policía pero preocupado y fastidioso por la inacción de la justicia”, reconoció. Entre viernes y lunes sufrió cuatro intentos consecutivos, lo que agrava la situación porque semejante sucesión no presagia más que una nueva tragedia. “En la huerta tenemos seguridad permanente y sus responsables se encargan de echar a los ladrones, quienes en todos los casos portan cuchillos tramontina para cortar ramas”, advirtió.

 

Agregó que “la policía actuó bien y cuando alcanzaron a llevarse plantas los efectivos lograron recuperarlas” y les devolvieron tras realizar “pruebas que mostraron alto contenido de CBD y confirmaron que eran nuestras. Pero igualmente, en la fiscalía la investigación no avanza”, lamentó. El médico aportó incluso“otras pruebas como huellas, ropa e imágenes en video que muestran con claridad los rostros. Por eso, no entiendo por que la fiscal no actúa”, reiteró.

 

Pampa Sativa es una firma privada dedicada a la producción de cannabis medicinal y cáñamo industrial, que tiene cinco mil plantas en la Huerta Municipal de General Acha. Está integrada por técnicos y profesionales, se encuentra registrada en el Instituto Nacional de la Semilla (Inase) y cumple los requerimientos establecidos por las leyes nacionales 27350 y 26669.

 

Por el techo.

 

El domingo por la noche, en Santa Rosa, Daniel Oliveto, padeció un intento similar protagonizado por dos jóvenes que escalaron un techo vecino y también fueron registrados por cámaras de seguridad. “Eran las 22,50. Escuchamos ruidos y comprobamos que había dos personas en el patio. Activamos la alarma, avisamos a la policía y observamos por las cámaras cuando dos chicos de unos 20 años con gorra y ropa deportiva huían raudamente”, contó el biólogo piquense, integrante del Centro de Estudios Interdisciplinarios del Cannabis (Ceicann).

 

En diálogo con LA ARENA agregó que “la policía armó el expediente preliminar por intento de hurto, a pesar de que hubo escalamiento y portaban un cuchillo, que se les cayó y quedó clavado en la lona sobre nuestra pileta”, relató. Oliveto lamentó que “si encuentran a ladrones llevando una planta, los liberan por aplicación del fallo Arriola (despenalización del consumo), pero a mí me exigen licencia legal para cultivar y si no tuviera, me aplicarían la Ley 23737 (Estupefacientes), que pena con hasta ocho años de prisión. Es contradictorio y estigmatizante”, sostuvo.

 

Y consideró que “no es lo mismo robar un auto, una billetera, una planta o un bebé. Cada caso requiere un abordaje específico. En este caso, llevarse la planta significa obstruir el acceso a la medicina, porque los usuarios se registran con patologías que deben tratar y a esta altura ya debería existir un protocolo de actuación judicial, que procure resguardar ese derecho”.

 

Múltiples casos.

 

Dos noches antes, el viernes 8 de marzo, un joven armado con cuchillo aprovechó la oscuridad para ingresar al patio donde un vecino de Zona Norte cultiva una planta para un tratamiento médico. El hombre, de 43 años, estaba cenando con su familia, escuchó los ruidos, salió al patio y logró retener al ladrón hasta que llegaron efectivos de la Seccional Segunda. “Era un muchacho de 18 años, con antecedentes penales por delitos contra la propiedad y fue atrapado mientras serruchaba la planta. Lo demoramos, se inició un expediente por intento de robo y fue notificado en libertad”, reconoció una fuente policial.

 

Hace unos días, una usuaria medicinal registrada en el Reprocann se presentó en la Seccional Primera para denunciar el robo de plantas. “Se negaron a tomar la denuncia y me derivaron a Toxicomanía”, lamentó. Como se resiste a adquirir un arma, acudió al Juzgado Federal “para solicitar información y proponer la implementación de algún dispositivo de seguridad que nos permita dormir tranquilos”.

 

En otro barrio, una familia que necesita aceite para uno de sus hijos y cultiva desde hace cuatro años, sufrió tres intentos. “El primer año se llevaron toda la cosecha. Después construimos un cerco con puerta y candado, para esconder el cultivo, pero tienen marcada la casa y esta temporada los cogolleros ya vinieron tres veces”, contaron. En todos los casos su perra logró alertarlos a tiempo para activar la alarma y encender las luces, provocando la huida de los ladrones. “También decidimos permanecer despiertos hasta levantar la cosecha, para lo cual nos turnamos una noche cada uno, pero no se puede vivir así”, concluyeron.

 

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