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Jueves 26 de febrero 2026

El primer magnicidio de La Pampa

Por Redacción 26/02/2026 - 16.24.hs

(Bernasconi / C. Jacinto Arauz / Milton Bezer*) - En abril de 1929 se produjo un episodio sangriento en la puerta de la Municipalidad de Bernasconi, que el diario “El Atlántico” de Bahía Blanca tituló como el único magnicidio que se tenga registro en la provincia de La Pampa.

 

El edificio comunal de esta localidad cumple este año 100 años de vida desde su construcción y la recopilación de historias que han perdurado en el tiempo, es un tesoro que merece un lugar privilegiado. En este caso, el episodio que le costó la vida al empleado municipal Julio Iglesias.

 

Instrucción y derivaciones del sumario.

 

El 27 de abril aquel diario expresó que “han transcurrido unos días desde que tuvo lugar el luctuoso suceso en que perdió la vida Julio Iglesias, que desempeñaba el puesto de inspector municipal de la localidad. Están todavía vivas en el ambiente la dolorosa impresión del hecho y la indignación del vecindario”. También hizo notar las más variadas versiones que han circulado acerca del móvil del crimen, algunas emanadas de las circunstancias que rodearon el hecho, otras, son producto de los actos practicados por las autoridades policiales que han evidenciado algunos errores de la primera información y, las más, encausadas por la serenidad en los juicios, que sobreviene después que las impresiones mas fuertes han desaparecido. “Las diligencias indagatorias del sumario policial, destinadas al juez del crimen en turno, se han realizado dentro de la reserva consiguiente”.

 

El cronista de aquel entonces y ante el secreto del sumario, indagó a quienes estuvieron antes y después del tiroteo, pudiendo describir el escenario, pero no el acontecimiento concreto que terminó con la vida del empleado municipal, padre de familia, joven y laborioso.

 

Según el cronista, las informaciones más fidedignas hacen llegar a la conclusión de que los hechos se desarrollaron de la siguiente forma: “El día sábado 13 concurrieron Luis Martínez y Enrique Trelles al local de la Municipalidad, con el propósito de hacer sellar una cantidad de carteles políticos, en las que se hacían una serie de críticas a los procedimientos empleados en la formación del padrón electoral. Y, como dichos carteles estaban redactados con términos mordaces e hirientes, no hay duda alguna de que estos hayan producido la primera llamarada que ha caldeado el ambiente de la tragedia. Ya en la tarea de sellar los carteles, advierte el auxiliar de la secretaria, Pedro Lacoste, que el concurrente Martínez permanecía con la gorra puesta, y le dice:

 

- Haga el favor de descubrirse , pues, se halla en una oficina pública.

 

- Esta bien (contesto Martínez, descubriéndose). Y agregó: Apúntense un poroto. Esta vez me ganaron una.

 

- No solo le hemos ganado una (le contestó Iglesias, que se hallaba en la oficina) sino que les vamos a ganar todas.

 

Ninguna otra palabra fue cambiada, pensándose que ello no podía tener ninguna otra consecuencia.

 

El desenlace.

 

Iglesias salió de la oficina dirigiéndose a la salida principal. “Momentos después habíase (sic) terminado la tarea de sellar los carteles, Martínez acompañado por Trelles se retiran también y cuando apenas había transcurrido el tiempo necesario para que hayan podido transponer los peldaños de la escalinata de salida a la calle, se oye una serie de disparos de arma de fuego, que produce la consiguiente alarma entre las personas que se hallaban en las oficinas de la municipalidad y juzgado de paz, llegando el señor M. Montón, primero, hasta donde yacía moribundo Julio Iglesias”. En el acto se fue en busca de un médico y la policía, llegando poco después el doctor Rogelio Amicarelli, quien constató que Iglesias presentaba una herida mortal, entre otras que había recibido en el brazo izquierdo, una de las balas había atravesado la región del corazón y, al parecer, con orificio de salida en la espalda. El deceso se produjo mientras rodeaban el cadáver, además de los nombrados, ya los señores Juan Lacoste, Santiago Baca, T. Braudix, Felix Marisquerena, Pedro Lacoste y Felipe Huarte, llegó el subcomisario Manuel Larroque, acompañado del oficial David Clotet, quienes después de informarse del hecho y proceder a la detención del autor, o los autores, como se suponía en los primeros momentos, continuaron practicando las providencias del caso”.

 

La cronista siguió redactando. “En estas circunstancias, el Dr Amicarelli recoge del suelo el revólver que se encontraba al lado del cadáver de Iglesias, y declara que hizo correr el tambor del arma recibiendo la convicción de que estaba cargada con todas las balas menos un boquete que se hallaba vacío y que estaba colocado en el lugar donde martilla el gatillo. Previo este examen realizado, seguramente con la precipitación de circunstancias, alcanza el arma al Sr. Larroque, manifestándole: Cuidado subcomisario, que el revólver está cargado”.

 

 

Contradicción.

 

 

Desde ese momento ha quedado arraigada la convicción, en la mayoría de los presentes, que Iglesias ha sido agredido de traición, sin dársele tiempo para usar de su arma y esta versión circuló rápidamente por todo el pueblo y fue la que sirvió de base para la información a los diarios y entre ellos, El Atlántico, que publicó la información telegráfica bajo el titulo “Una venganza”.

 

Pero es el caso que al ser detenido Enrique Trelles, “la policía no le encontró arma alguna, declarando este no haber tenido ninguna participación en el hecho, mientras que el matador, Luis Martínez declara ser el único autor, encontrando la policía que de la pistola Browing que había usado, solo había disparado tres tiros, y por otra parte, no era exacta la información de que el revólver de Iglesias esta con toda la carga sin usar, por cuanto el arma, al ser revisada en el local de la comisaria resulto que el extinto había disparado todas las balas de su revólver”.

 

Pocas horas después se hizo cargo de la instrucción el comisario del pueblo de Jacinto Arauz, José María Panteón, actuando de secretario el oficial Lupo Fernández, y en mérito a las constancias resultantes de las primeras diligencias que fueron practicadas, decreto la libertad de Enrique Trelles por aparecer como un simple testigo del hecho y no coautor como se creyó al principio. Esta libertad produjo muy mala impresión en el vecindario, especialmente, entre los amigos y partidarios del extinto, quienes creyeron hallarse en presencia de un caso de parcialidad a favor de Martínez y Trelles, y fue entonces que se elevó a la superioridad un telegrama firmado por numerosos vecinos, pidiendo la intervención directa, de aquella en la instrucción del sumario.

 

Designación.

 

Tras la protesta de los vecinos, “fue designado inmediatamente para ello el comisario inspector Quijano y para actuar de secretario, el oficial del vecino pueblo de Guatarché Antonio Jiménez, ante quienes han presentado declaración la mayoría de los testigos, entre los cuales varios afirman tener la convicción de que Iglesias no había alcanzado a usar su arma, por lo que deducen que fue asesinado de traición. El Doctor Amicarelli expresa, también, su convicción de que la perforación de bala que el extinto tiene en la espalda no es orificio de salida del plomo que le entro por el pecho y, según versiones, informo diferente el Doctor Marcos Napadensky. El domingo último se realizo la reconstrucción del hecho, del cual se acompañaban algunas fotografías. Actuaron de testigos en esta diligencia los señores Forttunato Nasser y José García Anzu.

 

Reconstrucción.

 

El matador manifiesta haber sido agredido a tiros, de improvisto, por Iglesias y que, ante los primeros disparos de este, se arrojo de rodillas al suelo, a pocos metros de distancia, en cuya ocasión tuvo tiempo de sacar su pistola Browning con la que le hizo los disparos que hirieron a Iglesias en dos partes del brazo izquierdo, atravesando una bala la región cardíaca, que le produjo una muerte casi instantánea. Pero en medio de todo hay puntos de esencial importancia que aparecen contradictorios y confusos.

 

“Todos los testigos concuerdan en haber oído de seis a nueve disparos. Siendo así, es evidente que Julio Iglesias descargo su revolver contra Martínez. Pero como hay un número considerable de testigos que declaran tener la convicción de que el arma de Iglesias estaba con toda su carga, al ser recogida del suelo por el Dr Amicarelli para alcanzarla al subcomisario Manuel Larroque, la presunción es que los demás disparos los ha hecho Enrique Trelles, por cuanto Martínez solo disparo tres tiros. Esto tampoco, según las constancias, resultaría cierto por cuanto la policía certifica haber retirado el arma de Iglesias con las balas totalmente disparadas, hecho que ratifica decretando la libertad de Trelles. La autopsia del cadáver del extinto podrá arrojar mucha luz sobre estos hechos que aparecen oscuros y contradictorios, algunos de ellos hasta inverosímiles”.

 

*Colaborador

 

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