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Viernes 03 de abril 2026

“Ayudaron a mejorar la convivencia”

Redacción 03/04/2026 - 00.07.hs

“Lográbamos tener mejores niveles de convivencia”, aseguró Nilda “Paty” Redondo. Tras la polémica por los murales en el colegio secundario “República Argentina”, la exdirectora contó que las expresiones artísticas nacieron tras el consenso entre estudiantes y profesores.

 

Hace unos días, la noticia sobre la supuesta decisión de quitar los murales alusivos a la última dictadura militar en el colegio generaron polémica e indignación a nivel nacional. Familias de la comunidad educativa de la institución denunciaron que las autoridades querían "tapar y borrar" las expresiones artísticas realizadas por estudiantes de años anteriores. La autoridad escolar habría argumentado que la decisión se tomó tras realizar una encuesta entre padres, docentes y alumnos. Sin embargo, desde la dirección y el Ministerio de Educación desmintieron la noticia.

 

Escuela de barrio.

 

Nilda “Paty” Redondo fue directora de la institución durante 30 años, entre 1991 y 2021. En diálogo con LA ARENA, recordó que concursó para el cargo y eligió entre cuatro colegios. “Elegí esa porque me había enamorado de ese barrio, de esa comunidad y de ese tipo de chicos. Siempre me gustó trabajar con los sectores populares”, mencionó.

 

En un primer momento, el colegio fue itinerante y después de un tiempo se ubicó definitivamente en su actual ubicación, en el Plan 5.000. Con la Ley Federal de Educación, en la etapa del Polimodal, comenzó la época de los murales, “escribiendo en las paredes distintos aspectos que trabajamos en nuestra formación”, comentó Redondo.

 

“Los chicos también impulsaron el centro de estudiantes y nosotros no se lo impedimos porque estábamos convencidos que los chicos se tenían que educar democráticamente a partir de la práctica, no del discurso”, subrayó la reconocida investigadora. Además, se creó un Consejo Institucional conformado por representantes de estudiantes de entre 15 y 18 años, profesores y auxiliares docentes. El objetivo era llegar a acuerdos para la convivencia y analizar resoluciones de orden institucional.

 

“A través de votaciones, el centro de estudiantes y el Consejo Institucional renovaba sus integrantes todos los años, con excepción de la directora y vicedirectora del colegio”, aclaró. Explicó que, en cuanto a convivencia, “se partía de una concepción de que no se tenía que recurrir a una sanción desde una lógica autoritaria y jerárquica. Era la propia comunidad la que debía establecer los límites”. Las sanciones se aplicaban solo en casos muy graves de violencia, pero siempre se “buscaba la conciliación, el arrepentimiento y la modificación de las conductas”.

 

Sin dudas, el “República Argentina” fue pionero en estas características horizontales de toma de decisiones. Todos los años, los integrantes del Consejo realizaban una asamblea general para darle continuidad o no a determinadas actividades, como por ejemplo los murales con distintos ejes. “Una de las temáticas era los derechos humanos y a fines de los ‘90 empezamos a trabajar en educación sexual”, acotó.

 

Una identidad.

 

Los murales del “República Argentina”, en su mayoría coordinados por la profesora Sandra Paini, formaron parte de la identidad del colegio “hasta que algunos fueron blanqueados” cuando Redondo ya no era más directora.

 

La docente recordó uno de ellos, al cual lo describió como “la identidad del colegio”. La idea había surgido del estudiante Alexander Moreira -hoy artista plástico-. “El siempre pintaba la característica mirada del Che Guevara y con Sandra hicieron un boceto y pintaron un mural hermoso que hablaba de la libertad de América”, contó. Ese mural se mantuvo durante muchos años, hasta que en 2023 Redondo fue a votar y vio la pared blanca. “Vine a mi casa y se me cayeron unas lágrimas porque es parte de la vida de uno”, lamentó.

 

Sobre los murales que se difundieron en las noticias, la exdirectora mencionó que fueron resultado de un cuatrimestre de trabajo relacionado con el genocidio y el proceso de terrorismo de Estado en Argentina. “Los chicos hicieron los bocetos a partir de la lectura del Nunca Más, de la carta abierta de un escritor a la Junta Militar, de la película La Noche de los Lápices”, explicó y aclaró que se pintaron las paredes con un Falcon verde, con lápices y ojos vendados tras una asamblea.

 

En ese marco, los estudiantes y profesores “se sentían involucrados” en el trabajo ya que no era una orden de la dirección, sino que surgía “de una construcción democrática de base”. Redondo insistió que se hacía con “convencimiento” y ello se transmitía en expresión artística.

 

Los recursos para pintar las paredes fueron recibidos del Ministerio de Educación. “No teníamos cooperadora porque no estábamos de acuerdo con que las cooperadoras fueran las que subvencionaran lo que el Estado debía garantizar. Como escuela pobre que fuimos siempre, todas las veces que recibimos dinero del Estado lo orientábamos a las compras de materiales. Nosotros no teníamos grandes recursos materiales, lo que nosotros teníamos era una gran construcción comunitaria, sobre todo inmaterial”, desarrolló.

 

Conflictividad.

 

Al ser consultada sobre la actual polémica, Redondo prefirió no opinar, aunque deseó que “los murales continúen”. Reconoció que “el colegio tiene su vida y nuevos intereses. Pero no estoy de acuerdo con que esos intereses sean autoritarios”. En ese marco, disintió con aquellas personas que creen que un colegio más prolijo es el que tiene paredes blancas y donde los estudiantes llevan uniforme.

 

“Recuerdo que cuando era profesora hicimos un trabajo que se titulaba ‘Las paredes blancas no dicen nada’ y recorrimos la ciudad para que los chicos vieran que no había paredes blancas porque estaban llenas de insignias y carteles que tenían significados”, afirmó y acotó: “Lo mismo pasará si se blanquean las paredes o si en lugar del Falcon verde ponen otra imagen, eso tiene que ver con otra construcción ideológica”.

 

Tal como dijo Redondo, con esta dinámica de trabajo aseguró que lograron “tener mejores niveles de convivencia y que muchos estudiantes y profesores tienen el mejor de los recuerdos. Los chicos estaban orgullosos porque asistían a un colegio que tenía sus distinciones: no había uniforme ni paredes blancas, había murales que ellos pintaron”.

 

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