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Lunes 22 de junio 2026

Barrilete cósmico alemán

Redaccion Avances 22/06/2026 - 10.17.hs

Argentinos y alemanes guardan en su memoria colectiva sendos relatos mundialistas que funcionan como conjuros sociales. Pero mientras la voz de Víctor Hugo navega libremente por el éter, el milagro de Berna está blindado por propiedad intelectual y genera regalías.

 

Flavio Frangolini *

 

Cualquier alemán puede recitar de memoria una célebre transmisión radial sobre la final del Mundial Suiza 1954. “Rahn müsste schiessen... Rahn schiesst!... Tor! Tor! Tor! Tor!” (Rahn debería patear... ¡Rahn patea!... ¡Gol! ¡Gol! ¡Gol! ¡Gol!). “Aus! Aus! Aus! Das Spiel ist aus! Deutschland ist Weltmeister!” (¡Terminó! ¡Terminó! ¡Terminó! ¡El partido terminó! ¡Alemania es campeón del mundo!) “Halten Sie mich für verrückt, halten Sie mich für übergeschnappt…” (Llámenme loco, díganme demente…).

 

En Argentina, todo corazón acelera sus latidos al escuchar “...es para llorar, perdónenme... Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos... ¡Barrilete cósmico! ¿De qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina?...”

 

Impresos en la memoria colectiva, ambos audios futboleros operan como conjuro político y social. Mientras registraba una proeza deportiva de Maradona, Víctor Hugo Morales consumó la alegoría de revancha emocional por Malvinas. Desde Suiza, la transmisión de Herbert Zimmerman conjuga una victoria mundialista con el nacimiento de la República Federal de Alemania. Es punto de giro en el pensamiento colectivo alemán y su memoria alimenta innumerables producciones artísticas, entre ellas “El matrimonio de Maria Braun” de Rainer Werner Fassbinder. Pero hay una divergencia: mientras el barrilete cósmico es insumo gratuito para comerciales, películas, documentales y hasta ringtones, la narrativa original de Zimmermann está protegida por ley y su reproducción devenga regalías.

 

El llanto de la Wehrmacht.
Los alemanes llegaban a esa final como cordero de sacrificio. La prodigiosa selección de Hungría acumulaba cuatro años invicta y en la fase previa ya les había propinado un baile humillante. Pocos días antes, el combinado liderado por Puskas había triunfado 8 a 3 y era gran favorito para ganar la Copa.
Llovía mucho en Berna y los futbolistas se hundían en el lodo. Entonces ingresó a los vestuarios otro prócer del resurgimiento alemán, Adi Dassler. El creador de Adidas repartió botines revolucionarios con tapones de rosca intercambiables. “Sus adversarios patinan, pero ustedes seguirán firmes sobre el barro”, aseguró.
Y la actualización tecnológica funcionó. Hungría ganaba 2 a 0. Alemania descontó, luego empató y a falta de seis minutos Helmuth Rahn clavó el 3 a 2 decisivo con un potente zurdazo. Mientras gritaba gol, Zimmermann no pudo contener la emoción y rompió en llanto, violando la rigidez del protocolo radial y contagiando a millones de compatriotas.
Los historiadores sugieren que ese quiebre emocional fue catalizador de la Wirtschaftswunder (“milagro económico-social”) y sitúan el episodio entre los elementos que impulsaron una reconstrucción de identidad nacional posterior al nazismo. El historiador del deporte Arthur Heinrich, el sociólogo y politólogo Wolf Behschnitt y el historiador Franz-Josef Brüggemeier observan que los sollozos al aire de aquel ex mayor de la Wehrmacht, sobreviviente del frente ruso impulsaron la catarsis de una sociedad angustiada por la culpa. Por primera vez celebraban un éxito ajeno a la guerra y no lloraban por tragedia, sino de alegría. La transmisión radial funcionó como bálsamo psicológico y devolvió al pueblo traumatizado su derecho a una legítima emoción colectiva.

 

Un estudio de la Universidad de Gotinga y ponencias del doctor Ulrich Menzel confirman que la voz de Zimmermann se incorporó al lenguaje cotidiano, operando como puente de cohesión cultural. Ambas investigaciones proponen que su llanto marca “la verdadera hora cero” emocional, momento cuando el nuevo orden de Bonn se amalgamó con un triunfo deportivo.

 

Patrimonio cultural.
Las instituciones aceptan el rigor científico de esa tesis. Según el portal oficial (deutschland.de) “el 4 de julio es la verdadera fecha de nacimiento de la República Federal de Alemania”. El fútbol refundando un país en ruinas.
El rigor periodístico obliga a incluir también rasgos polémicos de la transmisión, como su incómoda retórica marcial y nacionalista, plagada de términos bélicos y arengas de batalla. Un segmento muy controversial fue “Turek, eres un héroe de fútbol, un dios del fútbol”, dedicado al arquero que protagonizó atajadas memorables.
Zimmerman recibió severos cuestionamientos. Fue imputado de blasfemo por la autoridad eclesiástica y soportó presiones políticas. Finalmente, la ARD lo suspendió en su puesto laboral por dos semanas.
El original de esta narrativa futbolística que ayudó a reconfigurar la identidad alemana es una cinta radiofónica con rango de documento soberano y considerada patrimonio nacional. Fue remasterizada por el Estado y recibe el mismo tratamiento técnico y de conservación digital que la Ley Fundamental de Bonn.

 

Regalías perpetuas.
Zimmermann falleció el 11 de diciembre de 1966, pero toda productora audiovisual, marca de cerveza o museo que quiera utilizar comercialmente sus gritos de gol debe pagar por ellos. El épico registro radial no es de dominio público, sino marca registrada. Y devenga regalías. Durante décadas los derechos fueron administrados por su sobrino Hans-Christian Ströbele, histórico y respetado líder del Partido Verde. Junto a sus hermanos, decidió dedicar esos ingresos a proyectos sociales y causas benéficas.
En Alemania una estricta Ley de Derechos de Autor (UrhG) protege a las grabaciones de artistas, intérpretes y radiodifusores por 70 años. En acuerdo con la cadena pública ARD los herederos sostuvieron una férrea exclusividad sobre la voz de Zimmermann y finalmente consolidaron su “¡Rahn müsste schiessen!” como propiedad privada intransferible.
Si una cadena internacional (Netflix, ESPN), productora cinematográfica, agencia de publicidad o museo interactivo desea incorporar esos segundos de audio digitalizados, debe firmar un contrato de licencia y girar los fondos a sociedades civiles. Los ingresos se destinan a comedores comunitarios, programas de inclusión para migrantes y sectores vulnerables, y becas educativas a jóvenes sin recursos.

 

A fines de 2024 expiró el plazo de 70 años y el sonido original pasó técnicamente al dominio público, pero la ARD y la familia ya habían activado una fórmula de perpetuidad, registrando como marcas las frases más célebres. Quienes comercializan esos audios no violan copyright, pero caen en las disposiciones de la Ley de Marcas.
Una consulta a declaraciones juradas del parlamentario verde muestra que las regalías no producen ingresos masivos ni constantes. Más bien resultan montos variables, vinculados a sucesos puntuales y tienden a esfumarse con el tiempo. El propio Ströbele confesó al diario Die West “cada cuatro años hay algunos miles para una buena causa”, describiendo un comportamiento cíclico vinculado a los mundiales.
En 2002, los audios recaudaron 4.250 euros apoyados por la aclamada producción cinematográfica “El Milagro de Berna” (2003). Luego sumaron 1.070, 3.661 y 1.350 euros por año hasta 2006, cuando la nostalgia mundialista inspiró un derroche publicitario que generó 6.828 euros. En 2007 y 2008 las cifras se redujeron hasta un goteo mínimo, y finalmente se evaporaron en la década siguiente. ¿Se desgastan los mitos con el tiempo? Poco importa, ninguna moneda pagaría el valor de un gol agónico que devuelve al pueblo su derecho a emocionarse.

 

* Periodista

 

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