Claudio Assad: “Confieso que he vivido”
Nació en Santa Rosa, vivió en Buenos Aires, en España y además en Líbano. Fue saxofonista de Hugo Varela y de otros artistas, y es un polifacético al que le gustaría ser reconocido como “un buen tipo”.
MARIO VEGA
Mueve las manos, gesticula, y se expresa con pasión. Con convicción. “Nos dicen turcos… pero nosotros somos árabes”, enfatiza Claudio Assad en medio de una charla que se extiende atractiva mientras el aroma del café se siente en el ambiente.
Mi interlocutor es de esas personas que uno conoce desde siempre, de cruzarlo en la calle, de verlo sentado en un bar, y de saber que ha tenido diversos emprendimientos comerciales. Y siempre fue para casi todos “El Turquito Assad”, aunque él se encarga de aclarar bien la situación.
Claudio Aníbal Assad (65) -ese es su nombre completo-, es el menor de tres hermanos santarroseños (los otros son Omar Eduardo y Alicia Edith). Pertenecientes a una familia originaria del Líbano, donde alguna vez planeó irse a vivir.
Su padre se llamaba Hussein Mohamed Assad y su madre Fahima Diab. “Ella vino a Argentina en 1948, a los 22 años; y papá dos años después, ya con 24 años. Eran nacidos en Zgharta, al norte del país”, precisa.
No son turcos.
Casi se resigna a que los Assad, los Diab, los Jamad y los Hussein sean conocidos como “los turcos” que hace años viven en Santa Rosa, llegados desde Medio Oriente hace varias décadas. Todos ellos conforman una familia enorme que trabajó mucho por aquí.
El padre de Claudio era dueño de la tienda “La Preferida”; su abuelo de “La Moderna”; un tío era “el turco” de “La Favorita” (tienda y kiosco ubicada en calle Pellegrini casi Quintana); otro tío por parte de la mamá era Rolando Hussein (“Casa Rolandito”). Y el tío de todos era su abuelo, Julio Jamad. “Sí, una familia enorme… pero no somos turcos”, insiste el hombre.
Y tiene razón Claudio al hacer la diferenciación. Explica que el equívoco puede venir de la historia compartida bajo el Imperio Otomano y la influencia religiosa, “pero son culturas, idiomas y pueblos distintos”, reafirma.
Él mismo supo vivir en el Líbano –de allí es su esposa Lina Ahmad Hassan-, y naturalmente tiene su parecer sobre el estado de beligerancia desatado en aquella zona de Medio Oriente. “Allí siempre hay ruido de guerra…”, dijo en un momento no sin cierta tristeza.
Un polifacético.
¿Pero quién es Claudio Assad? Como ya dije lo veo por allí desde siempre, y algunas veces cruzamos algunas palabras… pero ahora, entablando un diálogo más profundo, me di cuenta que estaba ante un verdadero personaje. De esa clase de gente que no anda por la vida alardeando de lo que es o de lo que hace, pero que tiene su propia y rica historia.
Este hombre al que me refiero es, nada más ni nada menos que un artista –no todos saben de esa condición-, un músico excelente, que además hizo de todo un poco: fue tendero, humorista, cocinero, apicultor, vendió autos… “Yo pateo para todos lados, y si llego a agarrar un arco meto un golazo. ¡Eso no pasó aún!”, se ríe con ganas.
Desgranando recuerdos.
Sentados a la mesa de un céntrico café la charla se hace amena y Claudio va desgranando recuerdos. “Acá en Santa Rosa vivimos siempre en Calle Gil, entre O'Higgins y Alem, al lado de la ferretería ‘El Mono’ y a una cuadra de la asistencia pública… Muchas veces evoco con nostalgia esa ciudad de 40 mil habitantes que nos permitía jugar a la pelota en la calle… La primaria la hice en la Escuela 1, que le decían de ‘Varones’ aunque era mixta; y el secundario en el Comercial”.
El disc jockey.
Ya entonces Claudio mostraba su pasta de emprendedor. “Para juntar fondos para el famoso viaje de egresados con un par de compañeros éramos los encargados de armar los matiné en Kascote que regenteaban Miguel Peña y Fabio Ibarra. Así que mis primeras salidas eran para ir a trabajar allí… en ese entonces el boliche tenia dos pistas de baile, y yo ponía música en la de arriba, obviamente sin ser disc jockey ni mucho menos”.
Lindos tiempos, de esos que perduran en la mente, como esos momentos de ir a comer hamburguesas en el bar del Automóvil Club. “¡Eran impresionantes!”, dice y parece que las estuviera saboreando.
El saxofonista.
Y sigue contando: “Desde chico estuve relacionado con la música. Empecé tocando el bombo con José Luis Roston, y cuando tenía 9 años ingresé en la escuela de música de la Banda Sinfónica que dirigía el maestro Armando Mecca. Fui con la idea de hacer percusión, pero salí tocando el saxofón”.
Sus primeros trabajos estuvieron relacionados con los negocios familiares. “Unos 6 ó 7 años trabajé en Tienda ‘La Moderna’ que era de mi abuelo… ¿Te acordás que quedaba en la calle Quintana? Ahí hacía un poco de todo… Después, más grande, me fui a vivir a Buenos Aires, donde anduve haciendo las veces de mánager y músico de algunos artistas que representaba el esposo de mi hermana”.
Músico de Hugo Varela.
Como al pasar, como si no le diera demasiada importancia, accede a contar que fue músico de Hugo Varela, el notable artista que desarrolla un espectáculo tan hilarante que no se parece a ningún otro. “Me llamaron para una prueba y esa vez le dije a mi madre que me iban a tomar. Y así fue”, precisa.
Pero además acompañó a Guillermo Guido, Esteban Buttice, al comediante José Luis Gioia; “y me relacioné con ‘Pimpinela’ de los hermanos Galán, entre otros”, completa.
Claudio, cuando era “Gerónimo”.
Claudio tuvo desde siempre una vena humorística. “Ya en el colegio era el que contaba chistes; y después lo hacía en LU33 y en Radio Nacional… En esa lo copiaba al gran Alberto Olmedo, que le ponía el nombre de sus amigos a los personajes. Yo era ‘Gerónimo’ por un empleado de la tienda ‘La Moderna’ que se llamaba Oscar Gerónimo Santos (El Chueco)… En una libretita llegué a tener 4.000 chistes anotados. Hacía una mezcla de Gioia, Corona y Verdaguer, y me las rebuscaba bien”, reconoce.
A conocer Líbano.
Tuvo desde chico la idea de ir a la tierra de sus ancestros, y en 1986 concretó su viaje al Líbano a conocer el resto de la familia allá. “Me encantó. Tanto que planeé irme a vivir, lo que hice al año siguiente”.
En ese andar por la patria de sus padres, viviendo en Trípoli, conoció circunstancialmente en un pueblo cercano a Lina. “Me gustó apenas la vi, pero cuando regresé para tratar de verla se había ido a otro pueblo donde vivía… pero tuve suerte, se había olvidado algo y entonces conseguí su dirección y fui a llevarle ese objeto. Nos pusimos de novios y a los dos meses nos casamos –fue el 17 de octubre de 1987- con la idea de quedarnos allá”.
“Pero en Líbano siempre había ruido a guerra, luego de estar cerca de un par de atentados en el centro de la ciudad de Trípoli, decidimos venirnos a Santa Rosa. Al año siguiente nace nuestro primer hijo, Sebastián Mohamed (hoy abogado), y luego llegaron Besim Emiliano (gastronómico) en 1991, y Mirvat Agustina (hace animación y dibuja) en 1999”.
Humorista.
Activo como era –ya en Santa Rosa-- Claudio enseguida buscó trabajo. “Entré como humorista en LU33, y en Radio Nacional como locutor de turno. Después abrimos la tienda ‘Verde’, donde vendíamos ropa de trabajo en la Avenida España… esto era volver, básicamente, a lo que había hecho siempre”.
Para los años 2000 con Lina empezaron a dedicarse a la gastronomía poniendo Arabian (en el barrio Fitte), “lo que luego nos abrió las puertas para irnos a vivir a España”. En Málaga estuvieron 6 años, con un ínterin en Marbella. Al regresar a Argentina continuaron con esa actividad “hasta ahora. Aunque hoy las cabezas de ese rubro son mi hijo Besim y su esposa, Haneen”. Ésta es aquella chica siria que llegó a Argentina en 2016 y de entrada fue a vivir a Parera.
Defensor de la paz.
Cuando habla de su tierra ancestral, Claudio explica cómo es el estado de beligerancia casi permanente en el que vive sumida su población. “Lo que digo es que soy acérrimo defensor de la paz, y que esta guerra tiene que ver con geopolítica, más que con religión”. A mi pedido se extiende sobre el tema que hoy mantiene en vilo al mundo entero. (ver aparte)
Asociación Árabe.
Los Assad –y todos la parentela de por aquí- tienen mucho que ver con el nacimiento de la Asociación Árabe. “Me crié viendo como se armaba y crecía… Las reuniones que me tocó presenciar se desarrollaban en los domicilios de los distintos miembros de esa época: José Roston, Laura Pequis, Àngel Tomas, Carmelo Bedis y muchos otros integrantes. Por allí por supuesto también estaban mi abuelo, mis tíos, y mis padres que me llevaban. Hoy son mis hijos los que están presentes con una nueva generación de integrantes... ahora con sede propia, en Molas y Viniegras”.
Precisamente allí funciona el restaurante “Arabian”, que está en manos de su hijo Besim, y su esposa Haneen. “En breve ellos nos van a convertir en abuelos”, dice con la sonrisa más grande que se le dibuja en el rostro.
Viajes y arte.
En un fárrago de cosas que va narrando habla de sus viajes. “Fueron muchos, pero menos de lo que hubiese querido. Pero igual puedo decir que tuve la suerte de vivir en otros países, que anduve bastante por Argentina y Chile cuando trabajaba en la empresa de mi cuñado, acompañando artistas como mánager, o como músico, y a veces cumpliendo las dos funciones simultáneamente”.
Como es un inquieto incorregible y el arte le atrae en todas sus formas, ahora mismo “para no alejarme demasiado del ambiente estoy haciendo de asistente de dirección en la obra ‘Príncipe Azul’, en la que actúan Daniel Ayerza y Oscar Rodríguez”.
Candidato a intendente.
De a poco, y cada tanto, se va acordando de más cosas… “Es que hice tantas… pero sí, alguna vez incursioné en política. ¡Un poco caradura! En 1995 el amigo Abel Bergonzi convocó a un grupo de conocidos para armar el partido PAIS, que conducía Octavio Bordón, para competir contra la reelección de Carlos Menem. No sé si recordás, pero en la lista yo iba de primer candidato a concejal, pero terminé siendo postulante a intendente. Ganó ‘Ningo’ Jorge y si no recuerdo mal nosotros salimos cuartos. Obviamente cada historia tiene infinidad de anécdotas, que son tantas que como en los remates, no me explayo por su extensión”, dice y se ríe con ganas.
El apicultor.
Por si faltaba se acuerda de algo más. “Me olvidaba de contar que en los años 98/99 hice apicultura. Y fundamos la Cooperativa Apícola de Toay con Raúl Stefanazzi, Antonio Skara,Carlos Villar y Genaro Belén entre otras personas… La verdad no recuerdo todos los nombres”, admite.
Ciertamente conversar con Claudio es más que interesante porque casi no se privó de nada y todo lo emprendió con determinación y entusiasmo.
Quienes lo conocen un poco más dicen que “es una buena persona, un amigo leal, y no tiene dobleces”.
Hoy vive fundamentalmente para sus hijos, “para ayudarlos ahí donde precisen”, y espera junto a Lina con ilusión ese primer nieto que nacerá pronto.
“Çonfieso que he vivido”.
En verdad anduvo mucho. Y enumera: “Conté chistes, toqué música, fui tendero, cocinero, vendí autos… y hasta hice política. ¿Sabés cuál es mi mayor ambición? Que mis hijos se puedan sentir orgullosos de mí… Eso sí me gustaría de verdad”. Y ahora sí se pone serio.
Lo escucho y me digo que hay personas como él que sin presumir, sin andar baladroneando, hicieron muchas cosas. En el caso de Claudio –como quedó dicho- relacionadas con el arte, el comercio y la vida en comunidad. Sí, claro que puede decir, como el poeta, “confieso que he vivido”.
En el final confiesa un deseo especial: “Me gustaría que piensen de mí que soy un buen tipo. Sólo eso”.
Y está bien que tenga ese anhelo, si al cabo es el título más lindo que se puede ganar en la vida. ¿O es que hay alguno más importante?
Sin clarinete.
Había quedado encantado con el Líbano, se había casado pocas semanas antes con Lina, y todo indicaba que se quedaría en esa tierra mucho tiempo. Quizás para siempre.
Pero la violencia amenazaba la belleza de Trípoli, la capital del país, y toda esa zona. “Un día caminaba por el centro cuando en una esquina vi un clarinete… entré al comercio porque me pareció muy lindo y dije que a la tarde volvía con el dinero para comprarlo”.
Y sigue: “Cuando regresé a la tarde ese comercio no estaba más… Una bomba lo había hecho desaparecer y quedaban sólo escombros. A los pocos días otro atentado pocas cuadras más allá… Ahí le dije a Lina de venirnos a Santa Rosa y eso hicimos. Es una lástima porque el país es hermoso… Y ahora mismo, si fuera por mi esposa estaríamos viviendo allá”, completa.
“Muchos medios venden al victimario como víctima”.
En una frase Claudio Assad deja sentada su posición en torno al conflicto en Medio Oriente: “Muchos medios periodísticos venden al patriota como terrorista; y al victimario como víctima”.
“Lo que opino de esta guerra es que si se hubiese cumplido la resolución 181 (II) de las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947, nada de lo que está sucediendo pasaría. Allí se determina la creación de dos Estados, el de Israel utilizando territorio Palestino, y el Estado Palestino al día de hoy inexistente”.
Usurpación y genocidio.
Manifiesta que a quienes viven en la Franja de Gaza “hoy no le dicen palestinos, les dicen gazatíes, por el mínimo territorio que les dejaron, en base a masacre, usurpación, genocidio... Tanto o más cruel que el que vivió el pueblo judío ante los nazis de Alemania en la segunda guerra”.
Insiste en que los medios poderosos “venden al patriota como terrorista, y al victimario como víctima. Y es tan grande ese poder que cambiar ese punto de vista no es fácil. Y lamentablemente no se ve la salida; a lo mejor porque a los poderes mundiales les resulta útil que así sea. A mí aún no me convencieron”.
Sobre el tema agrega: “Quiero aclarar que “no todos los judíos son sionistas”, que son los que disputan con los árabes.
“No somos turcos”.
“Lo de los turcos viene a colación que, en aquellos años, el Imperio Otomano tenía el poder sobre Siria, Líbano, Jordania, Palestina... Todo era del poder turco, otomano. Por eso los que escapaban de ese régimen salían con pasaporte turco… Los primeros libaneses, sirios, jordanos, palestinos que se escaparon de aquella zona allá por el 1900 lo hacían con pasaporte turco. Recuerdo que mi abuelo decía: ‘no permitan que les digan turcos; aunque después medio que se homologó la frase. Pero la realidad es que nosotros somos árabes; en nuestro caso árabes libaneses”.
Una vida en tres imágenes
El político.
Claudio entre José Octavio Bordón y “Chacho” Álvarez, que era la fórmula presidencial de PAIS para enfrentar a Carlos Menem que iba por la reelección. Assad fue candidato a intendente de Santa Rosa.
Con Hugo Varela.
Cuando era saxofonista del gran Hugo Varela. Claudio es el primero a la izquierda del artista. Fue además mánager de otros reconocidos protagonistas del espectáculo.
El músico.
Claudio en plena actividad como músico, tocando el saxofón en Piedra Azul. También se dedicó a la gastronomía: tuvo una casa de comidas árabes en Santa Rosa (Arabian), y realizó la misma actividad en Málaga.
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