Enredados en su propia madeja
Los dos miran con atención las elecciones de medio término en Estados Unidos. La perspectiva de un nuevo salvataje puede depender de ese resultado.
Eduardo Lucita *
El dúo Milei-Caputo no encuentra como desenredar el ovillo. En una coyuntura compleja, el presidente se abraza al superávit fiscal mientras que el ministro busca que la economía no siga cayendo.
El presidente se muestra atado al palo mayor de una embarcación en medio de una tormenta. Ejemplifica así su voluntad de sostener el superávit fiscal expresada en su célebre “el superávit no se negocia”. Mientras que el ministro Caputo necesita reactivar el consumo para evitar esa bomba de tiempo que el asesor presidencial Ricardo Arriazu ubicó en el conurbano bonaerense: que la capacidad de destrucción de empleo del modelo avance más rápido que la creación de nuevos puestos de trabajo.
Objetivo prioritario.
Para Milei la inflación es siempre, en cualquier momento y lugar, un fenómeno monetario, por eso el ancla fiscal es la piedra fundamental de su modelo. Pero ocurre que luego de un “éxito” inicial, y aún con la apertura indiscriminada de importaciones, los precios vienen en ascenso desde hace ya once meses consecutivos.
¿Si el dólar está quieto, si los salarios y jubilaciones van por detrás de la inflación, si no se emite y cuando se lo hace para comprar dólares esos pesos se los esteriliza con la tasa de interés, si esa tasa está en baja ¿porqué aumentan los precios? La teoría está haciendo agua. Ocurre que no hay inflación de demanda sino de costos, el gobierno culpa entonces a los empresarios. Las diatribas a Paolo Rocca (Techint) y a Madanes Quintanilla (Fate) no son más que un mensaje a los formadores de precios -a los que tildó de prebendarios y cómplices de corrupción- para que ajusten sus gastos (algo como cuando CFK les reclamó sintonía fina) o bien reduzcan sus tasas de ganancia. Puede que en abril el alza de los precios ceda un poco pero será difícil que baje rápidamente. Anualizada superará el 30%.
Una economía dual.
El modelo de dólar barato apertura de importaciones y endeudamiento está dando por resultado que la economía crezca pero es un crecimiento muy desigual y fragmentado. Caída del consumo, desempleo en ascenso, baja del crédito y suba de la morosidad de empresas y familias, caída de la recaudación, fuga de dólares. Son los síntomas más visibles. Todo indica que la pobreza recuperará su ritmo ascendente.
Algunos periodistas identifican esta realidad con la letra K. En el brazo superior de la letra se ubican los sectores que mayor dinamismo muestran: hidrocarburos, minería, agrícola/ ganadero y finanzas. En el brazo inferior la industria, la construcción y el comercio (mayorista y minorista). Si el primero explica más o menos el 20% del PBI y es capital intensivo, el segundo llega al 50% y es creador de empleo, si la actividad económica crece.
¿Qué trole hay que tomar para seguir?
Las dificultades para desenvolver esta madeja que ellos mismos crearon, no están exentas de disputas sobre como continuar. Si el dúo Milei/Sturzenegger promueve profundizar el ajuste como garantía de dominar las inflación, el ala Caputo/Karina Milei abogaría por detener o atemperar el ajuste y tomar medidas que estimulen la economía. Temen que los problemas económico-fiscales se combinen con los sociales y políticos que se derivan del modelo. Ninguno sabe con certeza como salir de esta situación que podría tornarse explosiva.
El anclaje internacional.
El presidente Milei jugó a favor de Trump antes que este fuera elegido presidente, luego definió su alianza estratégica prácticamente exclusiva con EEUU e Israel. Desde entonces el país está subordinado a los movimientos del imperio en el tablero internacional.
Desde que asumió su segunda presidencia en EEUU, Donald Trump sacudió, con violencia inusitada, el tablero internacional. Primero fue la política arancelaria como instrumento político, luego su nueva doctrina de seguridad nacional que define su repliegue estratégico sobre el hemisferio occidental acompañada por ambiciones expansionistas sobre Canadá y Groenlandia, su intervención militar en Venezuela y amenazas a Cuba. Finalmente, arrastrado por el premier israelí, su improvisada embestida militar contra Irán, de la que no sabe cómo salir.
El presidente dio su apoyo explícito a la intervención de Venezuela a las amenazas contra Cuba y a al ataque de EEUU e Israel sobre Irán y el Líbano. Esa alianza internacional le permitió beneficiarse con varios salvatajes financieros promovidos por la administración Trump cuando el modelo hacía agua. No es extraño entonces que ahora observen con detenimiento y expectativas las elecciones de medio término en EEUU. Allí se juega buena parte del destino político de Trump, y el resultado tendrá repercusiones en nuestro país.
No es un tema menor. Este año todo indica que el ministro Caputo, con la obtención de garantías internacionales, la emisión de bonos en dólares y la venta de activos, logrará resolver, no sin sobresaltos, los vencimientos de la deuda pero el año que viene pinta complicado. Los vencimientos con el FMI y otros organismos internacionales, mas los bonos con privados, más los Bopreales suman cerca de 20.000 millones de dólares. El “mercado” ya empezó a preguntarse quién será el prestamista de última instancia. De ahí que el gobierno está atado al superávit fiscal para pagar los intereses y también está atado a las elecciones de noviembre en el país del norte, previendo un nuevo salvataje pata sortear los vencimientos de capital.
¿Qué futuro?
Las encuestas lo dicen: el índice de confianza en el gobierno está en caída libre (-12.1% respecto al mes anterior) mientras que la aprobación de su gestión está en su nivel más bajo del ciclo (34%) y crece la desaprobación (63%)
Todo causa incertidumbre en el Círculo Rojo. Ven inconsistencias en el programa monetario, dificultades en la gestión del gobierno y ausencia de medidas para reactivar mínimamente la economía. Están molestos por las agresiones presidenciales. Ya estarían pensando en candidaturas alternativas para las elecciones del 2027.
El malestar social, del que ya diéramos cuenta en nota anterior, continúa en ascenso. Lo alimentan los bajos salarios, el temor a la desocupación, el endeudamiento de las familias y la corruptela generalizada que día a día sale a la luz pública.
Pero lo principal es la percepción creciente de que con el modelo en curso no hay perspectivas de futuro.
* Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).
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