¿Querés recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones:

Jueves 30 de abril 2026

¿Quién dijo que todo está perdido?

Redacción 30/04/2026 - 01.16.hs

Suele ser habitual en las personas que no sintonizan fino con lo que sucede en las profundidades de la sociedad, la queja sobre la presunta apatía de los jóvenes a quienes “estereotipan” mirando sus pantallas ajenos al mundo real. No es una queja nueva. Todas las generaciones que se hacen adultas o definitivamente “viejas” lo han hecho desde el fondo de los tiempos. Una de estas famosas quejas de una generación en retirada hacia las nuevas se le adjudica nada menos que a Sócrates. El filósofo griego que vivió hace 2.500 años tenía las mismas quejas que hoy se escuchan contra los más jóvenes: que son maleducados con los mayores, que no les gusta trabajar, que están embobados por poseer cosas lujosas, y una cantidad de reproches que, al parecer, han atravesado generaciones tras generaciones en el devenir histórico de la humanidad.

 

Pero la realidad ha desmentido ese prejuicio que atraviesa culturalmente a los más grandes, porque está comprobado que cada generación aportó con mayor o menor solvencia sus respuestas a los desafíos que se le presentaban y, al contrario, la mayoría de las veces, los errores humanos que arrastraron a las sociedades no lo fueron por parte de los jóvenes, sino de los que estaban en retirada o debían estarlo por su edad.

 

En estos días, esa idea de que los más chicos en edad no se percatan de lo que pasa tuvo una contundente desmentida en una insospechada ocasión.

 

El escenario: el Movistar Arena, lugar de fastos musicales de moda la mayoría de las veces con afanes recreativos y pasatistas sin mayores pretensiones de ser esclarecedores de lo que pasa en la calle. Los espectadores: alumnos de los últimos años de los colegios secundarios de todo el país. El disertante: un joven y conspicuo representante del establishment, creador de una supuestamente exitosa plataforma para hacer plata sin trabajar, como es la moda hoy en la clase alta argentina, moviendo sus “inversiones” de un lado a otro buscando ocasión de aumentar su capital sin la molestia de tener que sudar para hacerlo.

 

Pero los jóvenes presentes no se dejaron encandilar ni por las supuestas medallas del disertante ni por la “seriedad” del evento y lo chiflaron y calificaron de “vendepatria”.

 

No muchos grandes, adultos, en la Argentina lo hubieran hecho. Pero esos jóvenes secundarios, dignos herederos de los que la dictadura persiguió, torturó y desapareció en “La Noche de los Lápices”, le recordaron al disertante, tuiteador compulsivo, el formar parte de la runfla que elogió y promocionó la aun impune estafa de la criptomoneda $Libra del presidente Milei.

 

Esos jóvenes no se olvidaron que el que les iba a hablar como un exitoso modelo llegó a la complicidad de calificar como “patriótica” la criptomoneda del presidente y luego intentó hacerse el distraído cuando el escándalo estalló.

 

Encima, antes de retirarse en medio de los abucheos, usó, para confirmar su pertenencia a la verdadera casta que esquilma a nuestro país, una acusación a los que lo abucheaban de ser promotores de la “grieta”, típico recurso de los vendepatrias que con el apoyo de los medios instalaron esa palabra como origen de los males. Los jóvenes le replicaron con cánticos que el problema no es la grieta, sino la brecha económica que han abierto entre los de arriba y los de abajo. Fin.

 

'
'