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Miércoles 25 de febrero 2026

La Pampa también sabe a vino

Redacción 25/02/2026 - 00.04.hs

Cuando el verano comienza a despedirse y las uvas alcanzan su punto justo de maduración, la llanura pampeana entra en uno de los momentos más esperados del año: la vendimia. En La Pampa, la cosecha ya no es solo una tarea agrícola; es celebración, es cultura, es movimiento económico y es turismo en crecimiento.

 

Durante décadas, el imaginario colectivo asoció a la provincia únicamente con la ganadería y el paisaje del caldén. Sin embargo, en los últimos años, la vitivinicultura fue ganando terreno y consolidándose como una actividad estratégica que diversifica la matriz productiva y proyecta una nueva imagen hacia el país.

 

Hoy, hablar de vino pampeano es hablar de trabajo, de innovación en territorios no tradicionales y de una red de bodegas y viñedos que se extiende desde el sur, a la vera del Río Colorado, hasta el centro y norte provincial.

 

Río y producción.

 

Uno de los polos más fuertes se encuentra en 25 de Mayo, donde funciona Bodega del Desierto, considerada una de las más importantes de la provincia. Con viñedos implantados en el valle del Río Colorado, esta bodega logró posicionarse dentro y fuera de La Pampa, demostrando que el suelo pampeano puede producir vinos de calidad reconocida.

 

Muy cerca, en Casa de Piedra, el desarrollo vitivinícola también se convirtió en una apuesta estratégica. Allí se encuentra la Bodega Villa Turística Casa de Piedra, un proyecto que integra producción con infraestructura pensada para el visitante. En este enclave turístico, el vino dialoga con el paisaje del lago, el dique y la aridez patagónica, generando una experiencia que combina naturaleza, gastronomía y enoturismo.

 

Más al este, en Gobernador Duval, el crecimiento también es palpable. Allí trabajan Bodega Arumco y Bodega Lejanía, emprendimientos que muestran cómo pequeñas comunidades pueden encontrar en el vino una herramienta de desarrollo local. La cercanía al río, el trabajo cooperativo y la identidad regional se combinan en etiquetas que expresan territorio.

 

En esta región, la vendimia tiene un clima particular: el calor del final del verano, el movimiento de cosechadores y la expectativa por una nueva producción generan un ambiente que atrae tanto a quienes forman parte del proceso como a quienes llegan para conocerlo.

 

Identidad boutique.

 

En el corazón pampeano, la actividad vitivinícola también pisa fuerte. En General Acha se encuentra Bodega Estilo 152, una propuesta que combina identidad territorial con perfil boutique. Su nombre remite a una de las rutas emblemáticas de la provincia, reforzando el vínculo entre paisaje y marca.

 

En Caleufú, Bodega El Rastro representa el espíritu artesanal y familiar de muchos emprendimientos pampeanos. Producciones más pequeñas, pero con fuerte compromiso local, que consolidan un entramado productivo diverso.

 

La zona de Toay también suma propuestas como Vides del Caldenal, donde el vino se integra al paisaje del bosque de caldenes y se proyecta como experiencia enoturística cercana a Santa Rosa.

 

Un actor fundamental en esta escena es Bodega Quietud, ubicada en Santa Rosa, la capital provincial. Formada en 2009 y con raíces familiares profundas, esta bodega es un emblema de que el vino pampeano puede competir en calidad con las regiones más emblemáticas del país. Su producción artesanal ha sido premiada internacionalmente y ha cosechado múltiples distinciones en concursos prestigiosos, destacándose por su calidad y carácter singular.

 

La bodega cuenta con instalaciones habilitadas para visitas guiadas, degustaciones y experiencias turísticas que incorporan información sobre la historia del emprendimiento, el proceso de elaboración y la degustación de cada etiqueta.

 

A esto se agregan emprendimientos como Finca Gratitud y Finca Haberkom, que amplían el mapa productivo y aportan diversidad en estilos y escalas de producción.

 

Historia y proyección.

 

En el noroeste, localidades como Pichi Huinca, Telén y Trenel recuperan y fortalecen una tradición que tuvo antecedentes históricos en la provincia. Los viñedos en estas zonas representan una apuesta a largo plazo, donde el vino se convierte en alternativa económica y atractivo turístico.

 

Aquí, la vendimia adquiere un tono comunitario. No se trata solo de cosechar uvas, sino de reafirmar identidad y pertenencia. Cada nueva plantación es una señal de confianza en el futuro productivo de la región.

 

Nidia Sánchez, una de las emprendedoras que en diciembre de 2026 le dio vida a los vinos “PH”, de Pichi Huinca, dijo que la cosecha que se viene “va a superar la cantidad del año pasado”. Una característica esencial del emprendimiento vitivinícola es que está integrado exclusivamente por mujeres. “Nos está yendo muy bien, cada vez incorporamos más variedades y el viñedo no para de crecer. En esta etapa del año hacemos controles y mediciones de azúcar y graduación de alcohol. A simple vista nos damos cuenta que la producción supera a la que tuvimos el año pasado”, indicó.

 

“Arrancamos en 2016 con 200 plantas y actualmente desarrollamos la actividad en unas cuatro hectáreas y media en las que tenemos unas 12 mil plantas”, afirmó Nidia, que tiene como socia a Angélica Verónica Sánchez. Para las diversas etapas de producción se suman otras mujeres.

 

“Tuvimos la primera cosecha de la variedad malbec en 2020 y la llevamos para envasar a la bodega Quietud, de Santa Rosa. Ahora ya hemos implantado más varietales y tenemos pinot noir, petit verdot, aspiran bouschest y algunos más”, relató Nidia a la agencia APN.

 

“Para nosotras cada cosecha es un logro inmenso. Y ya vamos por la sexta. En los próximos meses va a estar envasada”, indicó. “Es una tarea muy demandante, que exige estar todos los días. Por suerte tenemos un enorme apoyo del Gobierno de La Pampa”, agregó.

 

Turismo.

 

La gran novedad del vino pampeano no es solo su crecimiento productivo, sino su articulación con el turismo. Las bodegas comenzaron a abrir sus puertas, ofrecer degustaciones, recorridos guiados y eventos culturales. El visitante puede caminar entre hileras de vid, conocer el proceso de elaboración, dialogar con productores y entender cómo el clima semiárido y el manejo del riego definen el carácter del vino.

 

La vendimia, en este contexto, se convierte en un evento atractivo para el turismo interno y también para quienes llegan desde otras provincias. La experiencia no se limita a la copa: incluye gastronomía regional, paisajes abiertos, hospitalidad y la posibilidad de descubrir una faceta poco conocida de La Pampa.

 

El desarrollo vitivinícola moviliza empleo directo e indirecto, dinamiza economías locales y fortalece cadenas de valor que incluyen transporte, gastronomía, comercio y servicios turísticos. Además, aporta a la construcción de una nueva narrativa provincial: la de un territorio que diversifica su producción y que transforma desafíos climáticos en oportunidades.

 

En términos culturales, el vino se integra a festivales, encuentros y celebraciones que refuerzan el sentido de comunidad. La vendimia no es solo una etapa productiva, es un ritual que marca el calendario y convoca a celebrar el trabajo colectivo.

 

Innovación.

 

La Pampa supo enfrentar durante años el desafío de posicionarse turísticamente. Hoy, el vino aparece como un elemento diferencial. Cada bodega, cada finca y cada viñedo representan una apuesta al futuro. En tiempos de vendimia, la provincia muestra que la producción también puede ser experiencia, que el trabajo rural puede transformarse en atractivo turístico y que la llanura tiene mucho más para contar.

 

En definitiva, la vendimia pampeana no es solo la cosecha de la uva: es la confirmación de que en el corazón del país crece una industria joven, dinámica y con enorme potencial. Y que, entre caldenes y horizontes infinitos, La Pampa también sabe a vino.

 

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