"No hi ha somnis impossibles"
Dicen que el sueño de los arquitectos es precisamente cumplir sus sueños. En Buenos Aires, en un edificio construido en 1907, en su cúpula se puede leer en catalán esa frase en homenaje a Antoni Gaudí.
MARIO VEGA
Me gusta caminar Santa Rosa, andar las calles y su gente. Y mirar sus contornos diferentes… advertir como ha ido cambiando con el transcurrir del tiempo. Me suelo detener ante antiguas casonas y preguntarme ante algunas que parecen deshabitadas qué habrá sido de sus dueños, de quienes las ocupaban en el pasado. Y también a veces me voy asombrando con las nuevas construcciones. Esas que le van dando una fisonomía de ciudad moderna con algunos hermosos y modernos edificios.
Y ah que decir que algunos son verdaderas obras de arte. Ergo: pienso que un arquitecto es un artífice de las formas, de la funcionalidad y el confort… pero al cabo es también un artista. Claro que sí.
Prestigioso arquitecto.
Hay muchos y muy buenos profesionales por aquí, pero sin dudas uno de los más prestigiosos es Pablo Tueros (65), que estuvo presente en la construcción de edificios emblemáticos de la ciudad.
Pablo no quiere pecar de adjudicarse en soledad ese mérito, y aclara y enfatiza que todo lo hicieron con Daniel Morán, su socio y amigo del alma.
Cuando llegamos a su estudio de Ameghino 444, al abrirse la puerta se escucha bajito la música de Phil Collins en la enorme radio que tiene detrás de su mesa de trabajo. Pablo se ha quedado solo trabajando, y se hace un momento para charlar. “Pero sólo un rato, porque tengo turno para ir a jugar a la pelota a paleta”, avisa y sonríe amable.
Es que es un deportista, aunque él no pretenda ser campeón de nada. Andar en moto —y en algún tiempo competir-- , y hacer ciclismo han sido algunas de sus pasiones. Y tanto es así que cruzó varias veces la cordillera de Los Andes: “Siete en bicicleta, tres en moto y varias en auto”, precisa.
Sí, un artista.
Se dice profundamente santarroseño, y obviamente siente orgullo porque desde su profesión hace aportes que le van dando fisonomía a la ciudad que tanto quiere. Son cientos de edificios y casas particulares en los que volcó su impronta, alguna idea que había planificado en un papel, o en su computadora, y que pudo hacer realidad.
Por eso,supongo que al finalizar una obra, al contemplarla, debe experimentar la misma sensación que puede tener quien logró una escultura formidable, una pintura, o la puesta de una obra teatral. Entonces es él, al cabo, a su manera, un artista. Aunque Pablo pueda no considerarlo así.
Su historia.
Nacido en esta Santa Rosa que ama, con su familia paterna supo vivir en la calle 25 de Mayo, “a metros de la antigua sede del Diario La Arena, por lo que siempre tuvimos una relación muy cercana, de vecindad, en tiempos en que andábamos en bicicleta por la vereda y jugábamos a los autitos en los cordones”, evoca.
Su padre es el muy conocido “Coco” Tueros, que la mayor parte de su vida tuvo una agencia de turismo; y la mamá es Hilda Martínez, integrante de una familia de 12 hermanos, de los que sobreviven tres.
Pablo está casado con Alicia Deluca, y tienen dos hijos: Ezequiel también arquitecto, y Paula que es psicóloga. Completan la familia sus tres sus hermanos: Adriana, Claudia y José Antonio.
Sus estudios.
Hizo la escuela primaria “parte en el colegio Don Bosco y parte en la escuela nº 2; el secundario en el Normal y la Facultad de Arquitectura en la Universidad Nacional de La Plata.
¿Por qué Arquitectura? “No sé, pero me recuerdo de muy chico, 8 ó 9 años sentado en la vereda, en la cuadra de lo que hasta hace poco fue el domicilio de Antonio Nemesio y su familia, sobre la Avenida San Martín, dibujando la casa que era de los Álvarez en la vereda de enfrente (hoy el restorán El Chaltén). La dibujaba desde todos los ángulos y desde esos momentos decía que iba a ser arquitecto. Nunca tuve dudas. Y verdaderamente creo que es una pasión innata que hasta hoy me acompaña”.
Recibido, a España.
A principios de los ‘80 empezó la carrera: “En la Facultad aprendí a entender la profesión desde un rol social; porque hasta ahí nos mostraban como referencia una Arquitectura extranjera que no tenía nada que ver con nuestra realidad ni con nuestra idiosincrasia”.
Rememora que el último año de estudio lo vivíó “con mucha inestabilidad emocional, porque no sabía muy bien como seguía la historia por venir. Me debatía entre dos opciones:irme un tiempo a vivir a España y conocer en vivo y en directo lo que había estudiado respecto a la Historia de la Arquitectura, o volver a Santa Rosa. Y tuve la oportunidad de ir a España… allá me puse en contacto con muchos argentinos y la enorme mayoría añoraba volver”, acota.
Profundamente santarroseño.
“Yo estaba convencido que mi destino era Santa Rosa. Quiero mi ciudad y su gente, la disfruto… la vivo en plenitud y me enorgullece haber puesto un granito de arena en su construcción y crecimiento. Me preguntás quién soy… y la verdad, no creo tener nada que me distinga de un tipo normal. Diría que me considero una persona sobria --como le gustaba decir a Pepe Mujica--, que soy arquitecto por pasión, y familiero y amiguero de varios rubros. Tengo amistades de la adolescencia, cenadores (sí, de cenar juntos), motoqueros, ciclistas, pescadores y mucha gente vinculada a la profesión. ¿Alguna rareza? Bueno, que voy a los asados, ¡pero no como carne…! Soy vegetariano desde 30 años, y si bien ahora no parece raro a fines de los ‘90 me miraban casi como a un extraterrestre”, se ríe con ganas.
De regreso.
Los primeros trabajos particulares, fueron vinculados a familiares, amigos o conocidos. También, en esos primeros años estuvo en la Secretaria de Planeamiento Urbano de la Municipalidad. “Por esas cosas difíciles de entender fue bajada de rango y pasó a ser Dirección de Planeamiento Urbano y Obras Particulares. Para mí un retroceso importante. Estuve 4 años y compartimos algún tiempo con Daniel Moran... haciendo proyectos de algunos espacios urbanos nos toco diseñar los monumentos a Perón, al inicio de la Avenida; y el de Evita,también al inicio de la avenida que lleva su nombre”.
El amigo del alma.
Allí tuvieron con Morán --”mi socio, hermano de la vida y amigo del alma”, afirma-- un primer intento de trabajo juntos, interrumpidos por un viaje a Italia de Daniel que se fue a capacitar en Urbanismo.
Al regreso de su amigo se asociaron para algunos concursos de Arquitectura. “El primero, la sede del Diario La Arena, donde tuvimos el premio al mejor 2º trabajo. Enseguida salió el concurso para el Club de campo ‘La Cuesta del Sur’… había cuatro premios en juego. Conseguimos tres Primeros Premios y del cuarto obtuvimos el 2º y el 4º premio, asociados con la arquitecta Liliana Biasotti”.
El Centenario, edificio icónico.
Enseguida “nos invitaron a un concurso privado de anteproyecto para un edificio en la Avenida San Martín y asociados con el arquitecto Carlos Pizzorno. Obtuvimos el Primer Premio, de lo que finalmente fue el Edificio Centenario. ¿Sabés que en las bases había que proponer un nombre y nosotros sugerimos justamente ese: ‘Edificio Centenario’, porque su construcción iba a suceder durante la conmemoración de los 100 años de la ciudad”.
El estudio con su amigo.
Allí quedaría sellado lo que es hoy Tueros-Morán Arquitectos Asociados. “Fue el inicio de un nuevo tiempo a partir de un reconocimiento del medio, que por suerte tenemos la sensación de que perdura”.
La unión se fue consolidando ,transcurriendo distintas etapas de la producción arquitectónica, siempre ligada a los momentos políticos y económicos. “La década del ‘90 estuvo marcada por los proyectos y construcción de muchas viviendas individuales, asociadas a lo que fue el 1 a 1 (paridad peso, dólar) y el acceso a los créditos hipotecarios a tasas razonables, hasta la salida de la convertibilidad y otra vez una crisis”.
Buscando su identidad.
Pablo se adentra en cuestiones un poco más técnicas y cuenta que empezaron a buscar “algún patrón que identificara nuestra arquitectura. Tratando de encontrar alguna identificación local unimos lo poco que encontramos: el rancho pampeano con sus formas simples y siempre bien orientado, con las galerías de protección climática y de transición entre el exterior y el interior, que proponía una vida al exterior protegida; el techo de chapa como solución de bajo mantenimiento y adecuada para soportar las grandes amplitudes térmicas, diarias y estacionales; y de la arquitectura ferrocarrilera tomamos la simplicidad de las formas, el uso de techos livianos y la nobleza del ladrillo, producido en los alrededores”.
Aplicaron esos conceptos en muchas de las viviendas, “incorporando ideas de simpleza funcional, buena orientación, control solar pasivo, bajo mantenimiento y la puesta en valor del patio como lugar de uso exterior fomentando la relación interior-exterior”, puntualiza.
Desarrollos al pozo.
Tueros-Morán, después de la salida de la convertibilidad, con el aumento del poder adquisitivo, la posibilidad de ahorro de muchos vecinos y la concepción del ladrillo, como preservación de valor, se orientó “a la construcción de edificios de vivienda en altura, convocando a usuarios e inversores en desarrollos al pozo. Para eso nos capacitamos en herramientas nuevas que den seguridad a los emprendimientos y así llegamos a la figura del fideicomiso como esquema legal y de protección del capital”.
La capacitación.
Pablo y Daniel coincidieron en que era necesario seguir capacitándose. “Por eso hicimos post grados en Desarrollos Inmobiliarios, que nos dieron un montón de herramientas para trasparentar los procesos con los inversores. Consideramos que esos edificios generan un impacto urbano mucho mayor, con lo cual la responsabilidad era muy grande… Así tratamos de llevar la mayor cantidad de elecciones arquitectónicas que habíamos decidido, a los edificios en altura. Enfatizamos el concepto de perdurabilidad, y también quisimos que los edificios no respondan a modas pasajeras, evitando estridencias, y además con la pretensión que envejezcan dignamente”.
Obras por todos lados.
El emprendimiento de los dos amigos ha sido un estudio en movimiento. “Adecuándonos a los tiempos, del país y de nuestras propias vidas, tratando de interpretar los ciclos vitales con capacidad de resiliencia”, explica Pablo.
Así surgieron los edificios Altos de Moreno; el de Credil; Estudio Lorda; Balcones del Boulevard (mutual del Banco de La Pampa ganado por concurso); Sky Tower en calle Rivadavia; la etapa de los Caraman (Caraman I, II, y III); el edificio Don Bosco y últimamente la Torre del Dante.
Y hay más.
“Y nuestros primeros emprendimientos: Kisu, Palhuén; y en espera de mejores vientos, Palhuén II en calle Urquiza, Torre del Parque, pegado al Parque Lineal y emprendimientos de clientes como la torre Plaza Alem y Torre San Martín. También incursionamos en emprendimientos comerciales como los locales en la esquina de la ex casa Torroba (en Lagos y Avellaneda); y en San Martín y Rivadavia (ex estación de servicio de García Gomez Rouco)”.
En cuanto a Arquitectura Institucional menciona el Edificio de Vialidad Nacional (primer premio Concurso Provincial de Anteproyecto, primer premio Premios ARC Clarín más Sociedad Central de Arquitectos de edificios construidos en el país de mediana escala, asociados con el arquitecto Sebastián Martínez.
“Me cuesta creer”.
Pablo es un lúcido analista de la realidad, y no tiene ambages para decir lo que siente en este momento especial de la historia de nuestro país: “Veo que hay desfasajes que hacen difíciles nuevos emprendimientos. El dólar estable y la inflación, con el consecuente aumento del costo de la construcción, dificulta. Y lo cierto es que hay pocos sectores favorecidos por esta economía, y no es fácil garantizar rentabilidades esperables para este tipo de inversiones”.
Y siguió: “Al país lo veo inmerso en cierto desconcierto, y me cuesta creer las cosas que están pasando. Con la aplicación de viejas recetas fracasadas, apoyadas por un número importante de ciudadanos. De los cuales me imagino un buen porcentaje estará defraudado por promesas incumplibles”.
Casta pura.
Reprochó “el destrato a amplios sectores de la población por parte del gobierno central… y eso duele. Desde la desconsideración con los discapacitados, el atropello a los jubilados, a los periodistas… pasando por la conversión en casta pura de quienes vinieron prometiendo hacerles pagar el ajuste”.
El caso Adorni no quedó fuera de su consideración: “Es increíble la exposición de la investidura presidencial protegiendo a un ministro, cuando debería ser al revés: los ministros deberían ser los fusibles… parece el mundo del revés que describía Maria Elena Walsh”, definió.
La obra pública.
Pablo Tueros sabe bien de qué se trata, y por eso tiene palabras de reproche para la decisión del gobierno de Javier Milei de disponer la paralización de la obra pública. “Por supuesto tiene un impacto negativo en la construcción, reconocida como industria de industrias, por la capacidad de consumo tanto de material como mano de obra, y además movilizadora de otros emprendimientos afines”.
Se quejó por “el deterioro que significa eso en la vida cotidiana. La falta de mantenimiento de la infraestructura existente debería ser lo mínimo; porque no hace falta más que salir a las rutas y ver su estado de deterioro, por citar algún ejemplo palpable fácilmente”.
Buenas noticias todos los días.
Se extendió para referirse a la actualidad de la provincia. “No puede ser ajena a la realidad de que el Gobierno nacional no se hace cargo de los compromisos que debe asumir y le quita posibilidades”.
Reclamó por políticas de Estado “que favorezcan el crecimiento poblacional y evite el éxodo de jóvenes, generando posibilidades de inserción y crecimiento”.
Le pregunto si es peronista y contesta: “Alguna vez me vinieron a buscar para que hiciera política, pero venía de un sector de derecha y honestamente no estoy ahí. En mi mente tengo un modelo de país que el peronismo materializó, con aciertos y errores es verdad. Pero igual extraño los tiempos en que había buenas noticias todos los días”, argumenta.
Los viajes.
Pablo cuenta que su hijo Ezequiel –en su momento radicado en Europa--, propuso hace un tiempo que con la familia (Paula se había recibido hacía poco) podían hacer un viaje. “”Entre otras cosas yo quería conocer Singapur; también ir a Kuala Lampur (Malasia) a ver las Torres Petronas (entonces los edificios más altos del mundo). “¡Querés creer que cuando quisimos entrar llegamos dos minutos tarde! Y ya no teníamos tiempo porque teníamos el vuelo de regreso”, se lamenta. “Nos conformamos con verlas de afuera”, agrega.
Ha hecho otros viajes, “a Cuba un par de veces; a Europa, y Tailandia…”.
El motorhome ya está...
Pero en realidad Pablo es “amante de viajar en libertad y en contacto con la naturaleza, ya en carpa, en casas rodantes y ahora el motorhome. Este era un de mis sueños… en tiempos de menor carga laboral tener el motorhome, subir a mis nietos y salir a compartir con ellos ese estilo de viajes que me hace feliz. El
motorhome lo tengo, lo que no veo fácil es lo de los nietos…”, y larga la carcajada.
Y finaliza: “Por lo pronto yo estoy preparado… pero si los pibes tardan mucho en venir llegará el momento que me tendrán que llevar ellos a mi…”, sonríe comprensivo.
Pero todavía falta… porque aún tiene mucho para aportar a su ciudad y su gente… y seguir experimentando ese sano orgullo de concretar sus proyectos arquitectónicos.
"No hi ha somnis impossibles" (Sí, porque “no hay sueños imposibles”).
La Santa Rosa de los 15 minutos.
Se entusiasma Pablo Tueros cuando habla de Santa Rosa. “Es mi lugar en el mundo... Acá nací, me crié, formé mi familia, me desarrollé profesionalmente y por sobre todas las cosas, tengo la mayoría de mis afectos: padres, hermanos y sus familias, amigos, colaboradores… Sí, mi historia se escribe y revive aca, con cada encuentro con mis afectos”.
Después evalúa que la ciudad propone “una calidad de vida acorde con mis expectativas, tiene una escala muy amigable, muy cercana al concepto de la ciudad de los 15 minutos a la que refiere Carlos Moreno”. Es una idea de planeamiento urbanístico que propone que la mayoría de las necesidades y servicios de los ciudadanos deberían estar a distancias, caminables o en bicicleta, menores a 15 minutos desde cualquier punto de la ciudad.
Observa que “sigue siendo una ciudad donde la prioridad la tiene el auto. Yo la imagino con alguna propuesta de circulación que contemple los nuevos modelos de movilidad urbana sustentables, más amigable para quienes andan a pie, en bicicleta, en monopatín o en moto; y que además colabore con la protección del medio ambiente”.
Más actividad urbana.
Más adelante razonó que ve un centro con toda la infraestructura y servicios, pero “con baja densidad poblacional, lo que resulta un cierto desperdicio ya que podría albergar mucha más gente y generar más actividad urbana, aumentando la oferta de servicios y entretenimientos, prolongando las horas de uso”.
Y agrega: “De las 10 de la noche en adelante la actividad es muy escasa... recorrés la ciudad casi solo. Poniéndome en crítico creo que le podría caber, mirando ejemplos de otros lados, un toque de modernidad que además colabore con la protección del medio ambiente”.
El arbolado urbano.
Y sigue: “Quienes pensamos que tenemos alguna propuesta para debatir no encontramos donde hacerla. Desde mi paso por el municipio como empleado estoy esperando una política de estado sobre el arbolado urbano… estoy cansado de ver sacar ejemplares que llevan décadas creciendo, dando sombra y calidad urbana y ninguna política de plantación ni mantenimiento. Y en cambio vamos a Mendoza y volvemos fascinados… Tienen acequias, los árboles están censados y poseen trazabilidad de estado de salud. Los proyectos urbanos están condicionados por el arbolado urbano. Aquí no se debiera sacar un árbol para hacer la entrada de un auto… hay que resolverlo desde el diseño contemplando el árbol·. Y completó: “Acá se sacan para poner terrazas urbanas como si no pudiesen convivir ambas cosas”.
El arquitecto propuso “la generación de más espacio verde urbano y extraurbano. El éxito del Parque Lineal deja sin sentido cualquier discusión… la aceptación y uso por parte de los vecinos, no solo dictamina su aprobación, sino que habla de las carencias de espacios verdes y de recreación”.
Laguna del Bajo Giuliani.
Tueros se extendió en manifestar que “cuesta entender cómo se desperdicia una enorme laguna que tiene un entorno de gran calidad paisajista. Con la ayuda de Google Earth, (a disposición de casi todos) detecté hace unos años que la del Bajo Giuliani era alrededor de 8 veces mas grande que la Don Tomas en superficie de espejo de agua, y es inaccesible. Solo recordar la convocatoria que tuvo la laguna Ojo de Agua en Uriburu me hace pensar que es algo sobre lo que se tiene que trabajar”, propuso.
Una vida en imágenes.
Familia.
Los Tueros en Kuala Lumpur, posando frente a Las Petronas. Pablo y su esposa Alicia, junto a sus hijos Ezequiel y Paula.
Deportista.
Fabián Tueros, Pablo y Daniel Morán en el Parque Recreativo Don Tomás. Participaron en un triatlón que consiguieron ganar.
Celebración.
Los hermanos Tueros en el festejo de los 90 años de su mamá Hilda Martínez. Aparecen con ella Adriana, José Antonio, Claudia y Pablo.
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