Obispo Marín: “Una sociedad sin Dios, se deshumaniza”
El obispo de La Pampa, Luis Martín, sostuvo que cuando una sociedad se aparta de Dios se deshumaniza y que, en ese camino, las personas dejan de ser hermanos para convertirse en socios utilitarios. Lo hizo durante una entrevista en “La parte y el todo”, el programa de la Televisión Pública Pampeana, donde analizó la multitudinaria procesión a Luján, la venida del Papa León XIV y el lugar de la Iglesia en un tiempo marcado por la crisis social, económica y espiritual.
Martín afirmó que la religiosidad popular siempre estuvo presente, aunque rara vez se visibiliza en los medios. Sostuvo que las manifestaciones multitudinarias de fe son habituales, tanto en las procesiones a Luján como en las fiestas católicas de provincias como Salta. Por ese motivo, afirmó que no lo sorprendió la masiva convocatoria a la última caminata hacia la Basílica de Nuestra Señora de Luján. “Creo que la venida del Papa León XIV habilitó lo que la gente tenía en su corazón y que no se animaba a dar tanto ese paso”, afirmó.
-¿El momento difícil en lo social, lo económico y lo espiritual tiene que ver? Hoy la primera causa de muerte entre los jóvenes no son los siniestros viales sino el suicidio.
-En el fondo, cuando se quiere hacer una sociedad sin Dios, se deshumaniza. Y hubo muchas corrientes laicistas -que no es laico, porque laico es quien no es sacerdote pero tiene un compromiso de vivir su fe en el mundo- que quieren es quitar todo lo religioso. Muchas veces venden más las protestas frente a una iglesia que los actos de caridad que se realizan desde la Iglesia. Las expresiones religiosas muchas veces no se muestran como fenómenos sociales y sí se muestran las partes negativas. Entonces quién quiere estar en una institución que está desprestigiada, pero en el fondo, todos los hombres somos espirituales y cuando tenemos un canal válido, como lo es la venida del Papa lo es, ahí explotó, pero no es que no estaba antes, sino que no se visibilizaba en la prensa. Por ejemplo: la fiesta del Señor del Milagro en Salta junta 800 mil personas y uno ve un artículo chiquito en los medios, pero cuando hay un escándalo eso tiene mucha más repercusión.
-¿No es también que la Iglesia a partir de Francisco y León XIV se convirtió en una de las pocas instituciones opositoras a un sistema bastante inhumano de relaciones internacionales?
-Creo que tiene mucho que ver, pero no es tan así. Porque Benedicto era un Papa que, según un compañero mío lo definió muy bien, no era para escuchar sino para leer. Todo lo que está pasando, él lo había marcado en sus textos desde su sabiduría. El planteaba, por ejemplo, luchó mucho con lo que llamaba la dictadura del relativismo, esto de que todo era relativo y nada era absoluto, entonces todo valía igual y nada valía nada. El sostenía que eso nos iba a llevar a este mundo que tenemos hoy, pero el lo escribió hace 20 años. Francisco, en cambio, fue un Papa más de gestos y de cercanía en otros aspectos. Uno lee las cosas de Francisco y no tenía la claridad de exposición y lógica de Benedicto, pero tenía lo gestual, con lo cual llegaba emocionalmente más a la gente.
-Hace poco dijiste que hemos dejado de ser hermanos para ser una suerte de socios utilitarios. Me pareció una definición muy precisa para lo que se vive en estos tiempos de capitalismo o de relaciones económicas tan duras.
-Exacto. Para mí en el fondo el hombre se define en el vínculo con Dios, aunque no lo crea, y nuestra fe tiene algo muy particular que tiene que ver con que Dios nos elije como hijos. Nos adopta como hijos en el bautismo. Entonces el hombre es distinto a cualquier otro ser. Cuando Dios nos crea, él es el creador, está por encima y en toda la creación hizo algo intermedio, que es el hombre, que lo hizo a su imagen y semejanza. Entonces tenemos a Dios arriba, al hombre en el medio, y luego a todas las cosas, que Dios las hizo para el hombre. Ahora, cuando yo corto con Dios, quiere decir que ya no es mi padre.
-¿Y cuándo se corta con Dios?
-En toda la historia. Los primeros fueron Adán y Eva. Más acá en el tiempo tenemos el Iluminismo, que quitó la centralidad en Dios para ponerla en el hombre, en la razón. Y nos dijo que la razón iba a explicar todo y que Dios no era necesario.
-Y la cuestión religiosa quedó corrida de la escena.
-Exacto. Eso culturalmente va impactando, y aquellos líderes que la van poniendo de relieve en distintos momentos de la historia, luego nos van dejando resabios. En un momento afloran de una manera y luego de otra. Fijate que hay muchos que dicen por qué la Iglesia se mete en política. Quieren que esté afuera de la política. Pero después quieren que esté en la política. Y se preguntan, qué va a decir ahora el Papa. Entonces quieren que esté y luego que no esté.
-¿Qué debe hacer Argentina para salir de este laberinto social, económico y político en la que parece estar paralizada?
-Esos laberintos desde que tengo uso de razón, siempre están. Los desequilibrios mundiales siempre estuvieron. El avance de una potencia y la caída de otra. El imperio romano, el egipcio, el babilónico, Francia, España, Inglaterra… Cuando uno ve la película ve que hay una cuestión que es transversal… Hoy estamos en una época muy compleja porque estamos ante una nueva revolución industrial, una revolución tecnológica, que tiene que ver con la Inteligencia Artificial que los cambios que antes se producían en muchos años ahora se producen mucho más rápido y eso lleva a muchos desequilibrios. ¿Cómo se va a equilibrar eso? No lo sabemos. La Iglesia no tiene una guía práctica para eso, pero sí tiene que decir desde dónde debemos orientarnos.
-En tus propias palabras ser hermanos y no socios utilitarios.
-Si cortamos con Dios podemos ser socios, con suerte, o súbditos, o esclavos. Cuántas veces uno escuchó a alguien comentar para qué te sirve estar con ese. Como si en lugar de un ser humano fuera una cosa. Entonces, cuando uno piensa las cosas desde Dios, se ordena, y ve a las personas como lo que son, como hermanos, y no como cosas que pueden descartarse.
-La venida del Papa contribuirá en esa premisa.
-Nosotros muchas veces le queremos poner al Papa cuestiones políticas que son nuestras y en las que le pedimos que traiga una solución, y no viene a eso. Viene por una cuestión pastoral. Entonces lo más importante es el encuentro del pastor con su pueblo, que vuelve a unir ese eje con el Señor, lo demás se va ordenando, sin ese eje no hay orden.
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