Sobre “América profunda”
JORGE GAGGERO*
“La historia de la especie aún no ha resuelto sus problemas más profundos, porque solo se han beneficiado determinadas capas sociales”, afirma el recordado filósofo y antropólogo argentino Rodolfo Kusch.
El libro más importante de Kusch fue publicado por primera vez en 1962, hace 64 años, aunque debe destacarse que sus ideas centrales fueron expuestas por el autor en 1960 -en la Universidad de San Marcos, Lima, Perú- y que su génesis se extendió durante buena parte de los años ‘50, entre la publicación de su primer libro (1953) y la referida exposición oral de “América profunda”.
Kusch divide el curso de los acontecimientos humanos entre la “gran historia que palpita detrás de los primeros utensilios hasta ahora y que dura lo que dura la especie” -y “simplemente está ahí”- y la “pequeña historia, que relata solo el acontecer puramente humano ocurrido en los últimos 400 años europeos”, que “es la de los que quieren ser alguien”. Los “últimos 400 años europeos”, desde la perspectiva de Kusch son los transcurridos desde la expansión global del capitalismo comercial -el de “los mercaderes venecianos”, en su figura preferida-, la suscripción del Tratado de Westfalia, y el dominio global del imperialismo occidental y sus derivados “neo”.
La “gran historia”, para Kusch, “supone la simple sobrevivencia de la especie”. La “pequeña”, en cambio, “surge de la complicación adquirida por el hombre del utensilio grande, que es -ante todo- la ciudad y que data de las primeras ciudades griegas hasta ahora, claro está, salteando la “oscura edad media”. Más precisamente, la “gran historia comprende el episodio total de ser hombre, como especie biológica, que se debate en la tierra sin encontrar mayor significado en su quehacer diario que la simple sobrevivencia, en el plano elemental del “estar aquí”. Y persiste, aun hoy en día, tanto “en las tribus del Amazonas” como en “las masas de las grandes ciudades”.
La “pequeña”, en cambio, “es la de la elite que supone estar moviendo a la masa de la gran historia”, a la vez que “finge la ira divina y sustituye a los dioses, fomenta a la industria y el comercio y se radica en las capitales”.
El mundo de la técnica, la cultura, la economía, tomados como especialidades, son para Kusch “sucedáneos que reemplazan hechos profundos e inconfesables de la simple vida (...). Se ha perdido de vista al hombre” -concluye- y “la historia de la especie aún no ha resuelto sus problemas más profundos, porque solo se han beneficiado determinadas capas sociales que hicieron la pequeña historia (...). El hombre ha quedado como residuo, llamémoslo proletario, indio, oriental o polinesio”.
¿Qué cabe esperar entonces? Quizás “encontrar una ley para esa masa humana que no irá en los cohetes interplanetarios y que deberá quedarse y seguir en la brecha comprometida con su mísero ‘estar’ aquí (...). Esa masa en la que –desde el punto de vista de la elite europea o norteamericana- también se incluye a nuestra clase media, quizás tendrá que buscar un camino sin sucedáneos, en el plano de la mera humildad de conformarse con los mendrugos que deberá llevar a su boca”.
El arribo de los primeros homo sapiens desde Africa a Asia se estima ocurrió hace unos 50/60 mil años.
Desde Africa a Europa, a través de Oriente Medio, esta migración se habría producido hace alrededor de 40/45 mil años. Los primeros homo sapiens que cruzaron Beringia desde el noreste de Asia hacia Alaska y tardaron unos 10 mil años en poblar toda América, hasta el extremo sur de Tierra del Fuego, lo hicieron hace 20/30 mil años. (*Economista).
Nota: El ensayo completo “América profunda” puede verse en Revista Movimiento, Nº 43, diciembre de 2022, pág. 71 a 81.
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