Jueves 20 de junio 2024

Pipo Mariani: “Soy un pibe todavía”

Redacción 11/02/2024 - 00.09.hs

Llegar a la centuria no es para muchos. Y hacerlo en buenas condiciones de salud menos todavía. Pipo Mariani tuvo una vida cargada de responsabilidades, y ha sido muy buen funcionario y mejor persona.

 

MARIO VEGA

 

Marcelo Torcuato de Alvear gobernaba como presidente de la Nación; La Pampa era todavía y –lo sería por muchos años más- Territorio Nacional; y Santa Rosa apenas un caserío surgido 32 años antes. Corría 1924, y en Quemú Quemú, el 16 de febrero, nacía Félix Daniel Mariani.

 

Las personas que conocen un poco de la historia de esta ciudad saben que Pipo, que así lo nombraban desde que era un pibe, ha sido un hombre de una larga, destacadísima y límpida trayectoria pública. En pocos días arribará a sus 100 años de vida. Nada menos.

 

Poco se ha sabido de él en los últimos tiempos, desde que ya alejado de la cosa pública se refugió en su domicilio de Cervantes 645, para salir sólo esporádicamente a la casa de gente que considera de su familia. Y que no es otra que ese grupo de personas que –todo el día- se encargan de cuidarlo.

 

Ahora ya camina lento...

 

Lo conozco a Pipo desde hace muchos años, por su desempeño en la Municipalidad de Santa Rosa, sobre todo, pero también de otros círculos sociales y deportivos. Porque cabe recordar que en algún momento supo ser presidente de una de las instituciones más antiguas de la ciudad. “Sí, soy hincha de Belgrano y fui presidente; y también soy de River…”, acota con una sonrisa.

 

Mientras Sandra –una de las señoras que lo cuida amorosamente, y que sabe todo sobre él- nos atiende en la cocina de la casa, Pipo aparece caminando apoyado en su bastón. Obviamente lo hace lentamente, un poco encorvado, pero decidido. Como fue siempre.

 

Al principio me mira –creo que con un poco de incredulidad-, como no recordándome bien, pero al final se suelta y charlamos como viejos conocidos que somos.

 

Enamorado del trabajo.

 

Como quedó dicho nació en Quemú Quemú, y supo de una adolescencia vinculada con el deporte, aunque también tuvo dedicación al teatro en sus años juveniles. Aunque es un hombre muy formado –lector consecuente y obsesionado de diversos temas-, lo cierto es que no terminó sus estudios secundarios dado que, vaya a saberse por qué, le quedó pendiente la materia Física de quinto año. Pipo confiesa que cuando comenzó a trabajar “muy joven se me abrió un mundo nuevo del que me enamoré”.

 

Tal vez hay una explicación a esa etapa inconclusa del secundario: “Al iniciarme como empleado se me abrió un mundo nuevo del que me enamoré. Me enamoré de trabajar”, sostiene sin dudar.

 

La familia.

 

Zenón y Elisa fueron sus padres, fueron cinco hermanos y Pipo el cuarto hijo de la familia.

 

Casado a sus 23 años con Aura Elsa Varela, tuvieron a Darío Daniel, que se recibió en Bioquímica y es Doctor en Química, y que desde hace años es docente universitario; y además se mantiene como activo dirigente del Colegio de Bioquímicos y asesor de la Subsecretaría de Ecología. La hija menor es Graciela, profesora universitaria en Lengua y Literatura, que supo ser subsecretaria de Educación en la provincia y actualmente directora de Recursos Humanos de la Secretaría General de la Presidencia de la Nación, cargo al que accedió por concurso.

 

Entre ambos le han dado a Pipo siete nietos.

 

Una vida pública.

 

Aunque al principio con un poco de dificultad para entablar la conversación -quizás porque, eso sí, no escucha del todo bien-, Pipo cuenta sobre su vida: “En lo personal todos saben que he sido presidente del Club Belgrano; practiqué deportes e hice atletismo y fútbol… Pero también me tocó representar al club en la Liga Cultural. Además estuve como dirigente de otras instituciones de bien público como la Asociación Mutual Pampeana…”.

 

Cuando aquel lejano 1º de septiembre de 1945 fue designado por el Ministerio del Interior como agente de la Gobernación de La Pampa –entonces Territorio Nacional-, Mariani iniciaba una muy extensa carrera administrativa que recién culminaría cuando el 1º de noviembre de 2002 se le aceptó la renuncia al cargo de vocal del Directorio de Vialidad Provincial.

 

Con 57 años de trabajo.

 

En ese periplo en la Administración Pública transcurrieron nada menos que 57 años de su vida.

 

En los primeros años fue asignado a la Secretaría Privada del Gobernador; fue Jefe de la Oficina de Informaciones; actuó en el Consejo Federal de Planes de Gobierno; luego en uso de licencia sin goce de haberes se desempeñó un tiempo en el Hotel Pampa para regresar más tarde a la Administración Pública. Muchas veces acompañando a Eduardo Feliz Molteni, y por muchos años como Secretario de Gobierno y Hacienda de la Municipalidad de Santa Rosa. Siendo que Molteni –de quien fue su leal colaborador- estuvo al frente en cuatro gestiones, es fácil deducir que debe haber sido el lugar donde más años se desempeñó.

 

En Canal 3.

 

Pero además en un tiempo, durante el gobierno de Néstor Ahuad, estuvo al frente de Canal 3, etapa en la que -lo dice sin tapujos-, no la pasó bien: “Fue un desastre… estaban todos peleados con todos. Me quería ir de ahí, y un día que me preguntaron qué quería hacer, mirando por la ventana, le dije que no tenía problemas de ir de jardinero. Por suerte después nombraron a (Carlos) Ochoa y me pude ir del Canal”, evoca.

 

“Razones de estómago”.

 

Ante la realidad de estos días, Pipo se muestra azorado. “Eso que se trató en la Cámara de Diputados (la megaley de Milei) me pareció la cosa más asquerosa que se podía haber presentado… La verdad es que este presidente no me convence para nada y por suerte le mandaron todo para atrás”, afirma.

 

Se reivindica como militante: “Por supuesto, ni hablar que soy bien peronista… Desde el 4 de junio de 1943”, señala y muestra con orgullo un certificado que le entregaron en 1995, en el que se acreditan sus años de lealtad al Justicialismo. “Hoy no actúo en política por razones ‘de estómago’ (sonríe al usar ese término). Y la verdad es que nunca me postulé a ningún cargo ni fui candidato a nada, pero sí me tocó colaborar en distintos lugares…”, indica.

 

Las ausencias queridas.

 

Cuando se llega a una etapa determinada sobreviene, naturalmente, también un tiempo de ausencias… “Y, sí… de mis viejos amigos no queda ninguno. Mis hermanos tampoco están”, admite mientras me muestra una foto del grupito de los viernes que se juntaba cada semana a cenar: Y allí se ven al propio Pipo, al ingeniero Gómez Luna, el contador Capello, y el profesor Héctor Mario Vega.

 

Y por eso de a poco se fue quedando cada vez más en su casa de siempre, en la calle Cervantes.

 

Los que lo cuidan.

 

Desde hace algunos años todo un grupo familiar está a cargo del cuidado de Pipo Mariani. Lo integran Sandra Ávalo -que está desde 2018-, y luego se unieron sus hijas Camila y Paulina Gette. Y también aporta Damián Rojas (esposo de Camila).

 

En los últimos días –como muestra del afecto que le tiene esa familia- estuvo de invitado en el cumpleaños de Gilda Ávalo, que “es compañera, como yo”, indica Mariani.

 

Pero hay una personita especial que alegra la vida del hombre casi centenario. Es Mateo Rojas, el pequeño que en breve cumplirá dos años. El niño morenito va por aquí y por allá en la casa, y mantiene embobado a Pipo que en un momento lo recibe en su regazo con el mismo amor que se le dispensa a un nieto. “Es precioso… no hay otro igual”, lo elogia Pipo.

 

“Es que ellos son mi familia…”, sonríe al explicar la relación que mantiene con ellos.

 

“Y es un poco así… porque participa de nuestras cenas o almuerzos familiares, y muchas veces salimos a andar por allí en el auto… Sí, manejo yo”, señala Sandra. “Pipo suele preguntar cómo tiene que hacer en el Registro Civil para anotarnos como familiares”, sonríe indulgente para dar cuenta de que el cariño es mutuo.

 

¿Qué hacer a los 100 años?

 

Cabe señalar que si bien cumplirá los 100 la semana venidera, Pipo ya transitó un siglo de vida. “Hace un tiempo dijo que quería verlo cumplir un año a Mateo, después que lo quería ver caminar; y ahora que quiere escucharlo hablar... Sí, se va poniendo metas”, se ríe Sandra.

 

Y explica que “Pipo está muy bien. Bien del corazón, no tiene diabetes, y apenas si toma algo para la presión, pero nada más. ¿Comer? De todo… sin ningún problema. Y fuma, dos o a lo sumo tres cigarrillos por día”.

 

Le pregunto a Pipo si es verdad que toma cerveza y me mira con picardía: “¡Por supuesto…! claro que sí”, afirma. Y la mujer si bien lo confirma aclara que una latita le dura dos o tres días”.

 

La mente activa.

 

Lo que tiene bien claro el hombre es que tiene que mantener las neuronas activas. Por eso cuenta con esos libracos de sopa de letras en cuyas páginas se ocupa de ir ordenándolas un rato todos los días, y va poniendo puntillosamente las fechas en que lo hace. “Pero además lee todas las noches, y maneja con su celular el televisor para ver youtube y estar informado… y por si fuera poco todas las noches se levanta a eso de las 2 cuando llega el diario y lo lee antes de volver a acostarse”, resume.

 

También para mantener la mente viva le gusta copiar letras de tango, las que vuelca en un cuaderno prolijamente. “Ahora estoy leyendo un libro sobre ‘Las mujeres peronistas’. Me entretiene mucho…”, aporta Pipo.

 

Bicicleta fija.

 

Pero no se queda sólo en eso, sino que además tiene en el living de su vivienda una bicicleta fija. “Estoy entusiasmado con eso… hago un poquito todos los días, porque quiero volver a andar por la calle, caminar un poco, ver gente...”, dice.

 

“¿Cómo vivo? Como varios años atrás… Por suerte tengo muy pocos dolores. Pero es verdad que ahora de algunas cosas no me acuerdo bien”, dice como si eso no le pasara a muchos que están bien lejos de su edad.

 

“Soy un pibe todavía…”, dice ahora sí con una sonrisa que le ilumina el rostro.

 

Una vida austera.

 

Tuvo una existencia de realizaciones, de actuar en la cosa pública con absoluta honestidad, y que vale la pena valorar. “Lo cierto es que nunca cobré nada que no tuviera que cobrar. Y hoy vivo con lo justo, de una jubilación que ni siquiera sé de cuánto es…”, expresa.

 

Y la verdad es que vive con la austeridad que caracterizó su existencia… en su casa de siempre, contando sólo con un automóvil que no es para nada de los más modernos –un C3 2009-, y no tiene quinta en las afueras de Santa Rosa ni ningún otro tipo de propiedades.

 

Va por su primer siglo de vida, y se puede decir que no le faltó hacer absolutamente nada. Sí, es Pipo Mariani… Genio y figura.

 

“Era mi amigo del alma”.

 

En algunas oportunidades, con algunas de las personas que lo cuidan, Pipo sale a recorrer la ciudad en auto y, si bien ama Santa Rosa, tiene reproches para hacer. “Con Molteni salíamos e íbamos viendo cómo estaba todo… Él pasaba por mi oficina y decía: ‘¡Vamos!, ¡Vamos!’, y no le importaba que yo le argumentaba que tenía mucho trabajo y expedientes para revisar”, rememora.

 

Es que si algo tenía la “gestión Molteni—Mariani”, y se podría agregar a Adolfo Molas, es que andaban mucho en la calle, hablando con los vecinos en los barrios, y viendo las dificultades que se presentaban.

 

Y así –sin nombrarlo- reprueba: “Si el intendente (Di Nápoli) saliera más vería la cantidad de pozos que tiene el pavimento”, indica, aunque admite que “algo” se está haciendo en su reconstrucción.

 

Y vuelve a quien fue un referente ineludible de su vida: “Era mi amigo del alma… de esas personas únicas e irrepetibles”, sostiene sobre el ex intendente al que hasta le dedicó un libro que se publicó y se llamó “Molteni, sólo un hombre”.

 

Gestión Molteni—Mariani.

 

Sandra, una de las mujeres que todo el día lo atienden en su domicilio señala que cuando salen a pasear en auto –obviamente maneja ella-, Pipo señala lugares y afirma: “Gestión Molteni—Mariani”. Así cuando van para la zona del Parque Recreativo y miran el natatorio, o cuando pasan por el Monumento al Mate, o tantos otros lugares de Santa Rosa. Y le gusta recordar que mucho tuvo que ver (junto al profesor Oscar Di Benedetto y Raúl Carassay) con la organización de la Maratón “A Pampa Traviesa” que se viene disputando desde hace décadas y se tornó una prueba tradicional.

 

Placita.

 

En recorridas que los funcionarios municipales –Molteni, Mariani y Adolfo Molas (otro personaje)- solían hacer por la ciudad, a veces acompañado por Saúl Santesteban (entonces director de LA ARENA), iban apuntando problemas y propiciando soluciones. A veces se sumaban otros como los contadores José E. J. Capello, y el más joven Jorge Dlouky, y también el ingeniero Jorge Martín. Y no puede dejar de mencionarse a Esteban Pérez, “Perecito”, fiel asistente de Eduardo Feliz Molteni.

 

Cuentan que en una de aquellas recorridas, al pasar por Avenida Uruguay, el grupo se dio cuenta que corrían peligro algunos hermosos ejemplares del árbol propio de esta región, y los “vecinos-funcionarios” junto al periodista coincidieron en que había que salvarlos: allí surgió la idea de “La placita de los caldenes”, tal como hoy se la conoce.

 

Otros tiempos. Buenos viejos tiempos.

 

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